LA POLARIZACIÓN DE LOS SEXOS

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AMLO lo ha repetido desde hace muchos años: “No somos iguales”. 

En su anecdotario de frases, esa tal vez es la más concurrida, pero también la más cierta y lo ha demostrado tanto él como algunos -no todos por supuesto- que tienen el compromiso de encabezar un gobierno que busque un cambio de régimen y que llegaron a sus cargos luego del tsunami electoral de julio de 2018, decisión que sigue ardiendo al prianismo y seguidores a lo ancho del país para su mala leche.

No es retórica pejista. Es evidente por ejemplo que Claudia Sheinbaum, la gobernadora de la Ciudad de México, no es igual que Enrique Alfaro, el gobernador de Jalisco, pues mientras éste mandó reprimir, golpear y detener jóvenes que se manifestaban contra el tarifazo de 35.71 por ciento al transporte público por el terrible delito de permitir el paso libre a los andenes en la estación Universidad de la línea dos del tren ligero, Sheinbaum ante un escenario mucho más violento, caótico e infiltrado por provocadores, no cedió al influjo de mandar policías a reprimir como muchos ansiosos incitaron bajo el absurdo argumento de la obligación de “mantener el orden”.

A nivel nacional la inflación está contenida al evitar sobre todo aumentos en los precios de combustible -el gas disminuyó un 25 por ciento en el mes reciente, la gasolina tiende a bajar de los 18 pesos aunque claro sólo donde hay empresarios conscientes y no es aquí en Jalisco-, hay apoyos sociales para mujeres, adultos mayores, jóvenes, como nunca, los cuales son indispensables y reparten mejor la riqueza nacional, aunque también para los que diario tienen carne para comer en sus mesas eso sea populismo y “mantener a los flojos”.

No deseo convencer a nadie de que el gobierno de AMLO es mejor, cada quien tiene su opinión muy respetable. Pero es diferente, al menos, lo que ya es ganancia luego de casi 40 años de un neoliberalismo brutal, cuna de la gran mayoría de los males que padecemos en México, en especial la violencia ante la enorme desigualdad que ha provocado dicho sistema.

Pero quiero referirme al primer ejemplo, el de las marchas feministas en la Ciudad de México, que de nuevo han servido para confrontar y dividir opiniones.

Hace unos días escribí un post en mi cuenta de FaceBook (Juan Carlos G. Partida) expresando mi indignación por la violencia contra reporteros que cubrían la marcha en la capital del país y que, es evidente, en sus muestras más grotescas y violentas nacieron de provocadores que se infiltraron y no de las mujeres hastiadas que salieron a sacudir la opinión pública para hacer un fuerte llamado de atención, con el objetivo de que por fin ocurran cambios de fondo.

Me llovió. De todo. A lo mejor pensaron que descalificaba las razones de la marcha, que me ponía el traje de las buenas conciencias y despotricaba contra el movimiento. Hubo también mensajes inbox de compañeros reporteros y reporteras que coincidieron con mi opinión pero que no se animaban a expresarlo públicamente ante la mucha leña verde inquisidora y lo “políticamente correcto”.

Las razones de la marcha, sobra decirlo, son más que legítimas.

La violencia de género afecta a las mujeres históricamente y es necesario que termine, que las instituciones realicen cambios de fondo orientados a brindarles una protección real y no sólo montar parafernalias para los medios. Incluso si la menor cuya denuncia de violación por policías fue falsa, eso es lo de menos, porque se trató sólo de la gota que derramó un vaso lleno desde hace mucho. 

Coincido también que sólo realizando las pintas, los destrozos al mobiliario urbano y a una estación de policía, podrían llamar la atención, opinión que también me valió algunos señalamientos en contra. Ups.

Pero no voy a coincidir nunca en que se agreda a gente inocente, que nada tiene o quiere tener que ver con una marcha o que simplemente está trabajando como en el caso de los reporteros. Y estoy seguro que ninguna verdadera feminista tampoco estaría de acuerdo.

Sí, en el vídeo que circula de la cobarde agresión al reportero de TV Azteca, el agresor fue un hombre, lo más probable un infiltrado, pero antes el comunicador fue violentado como al menos otros seis reporteros por mujeres, muchas de ellas encapuchadas que les arrojaban diamantina y aerosol a la cara. Eso también es cobardía, de hordas exacerbadas hasta el delirio desvirtuando y quitando lo legítimo a sus exigencias. 

Tal vez también eran provocadoras, pero igual muchas de ellas enardecidas por el contexto y por un odio generalizado contra los hombres, sin tomar en cuenta que, como las mujeres, como los políticos, en fin como todos los seres humanos, no todos somos iguales.

PARTIDIARIO

Seguridad web.- La pobreza en la seguridad de las cuentas que en redes sociales han mostrado entidades públicas incluida la Fiscalía de Jalisco, debería servir para que exista una sacudida formal de quienes tienen a cargo las áreas web -especialmente la policía cibernética- para que estos casos no vuelvan a ocurrir, porque más allá de lo anecdótico dejan el sabor de que si los que deben proporcionar seguridad no la tienen ellos mismos y es tan fácil de vulnerar, entonces qué podemos esperar los ciudadanos…

Y ya con esta.- El arranque de la policía metropolitana lleva años pero por fin parece que se concreta con la puesta en marcha del martes en Casa Jalisco teniendo por invitados a las autoridades federales. Son al menos 7 mil policías coordinados bajo un mando único, tendrán salarios decorosos según el discurso oficial afirma, serán el primer medio de contención ante la inseguridad desatada. Deseo todo el éxito del mundo a esta polémica iniciativa que de entrada no convenció ni siquiera a algunos de los que a fin de cuentas se adhirieron -léase Tlaquepaque-, pero creo que se debe dar paso al beneficio de la duda y esperar los mejores resultados… 

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