Imágenes y realidad en el Estado de Jalisco

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Primera imagen

Un hombre regordete y calvo sale del Palacio Nacional y camina hacia una cámara de video. Se detiene frente a ella, intenta sonreír pero solo obtiene una mueca. Quiere verse seguro, relajado y contento.

La sonrisa forzada en su rostro, el movimiento de sus manos, su cuerpo amplio y torpe, pero sobre todo la imagen del Palacio Nacional a sus espaldas, son captados por la cámara con la intención de transmitir a su posible auditorio una sensación de seguridad y confianza emanada por el hombre a cuadro, quien parece tener en sus manos la solución a todos los problemas.

El hombre regordete de sonrisa transmutada en mueca, le cuenta a la cámara que acaba de salir de una importante reunión en Palacio Nacional -lo señala- y explica el motivo de su aparente alegría: el comité de seguridad nacional le dió el visto bueno a sus proyectos en la materia: vamos bien, vamos por buen camino.

Lo que ignora el hombre calvo y contento, es todo, pero no adivino, es que casi al mismo momento de subir a sus redes sociales el video donde presume su alegría, en Jalisco, el  estado que gobierna, están en marcha varios ataques a policías, uno de los cuales segó la vida de su fiscal regional.

La mueca se quedó ahí, congelada. Los planes del gobernador en materia de seguridad, avalados con toda la pompa y circunstancia propias de un Palacio Nacional, estaban a punto de naufragar frente a una realidad necia, obsesiva y repetitiva en todos los rincones del Estado de Jalisco.

Garantizar la seguridad de los habitantes del Estado, no es el fuerte, y al parecer ni lo será, del hombre regordete y calvo a cuadro en la cámara, que intenta transmitir optimismo a los escépticos jaliscienses.

Segunda imagen

La cámara se mantiene fija. A cuadro, sin mayor escenografía, la imagen presenta a veintisiete hombres encapuchados y armados con armas de grueso calibre. Al centro, uno de ellos lee un “comunicado”. Presenta al grupo que lo rodea como integrantes del Cartel Jalisco Nueva Generación y él dice ser Nemesio Oseguera , el Mencho, dirigente de esa organización delictiva.

El motivo principal de su presentación, también subida a redes sociales, es denunciar al gobernador del Estado de Jalisco, por incumplir acuerdos hechos con la “empresa” que él representa y de pactar con otro grupo rival para entregarle el control de las actividades ilícitas en el Estado.

Además, aprovecha su presentación para señalar algunos hechos u omisiones del mismo gobernador que lo evidencian como un mal gobernante.

La imagen de hombres armados inmóviles, el tono de voz de quien lee el mensaje y los actos que señalan, se convierten en serias amenazas en contra de quien dice lo traicionó. Una declaración de ruptura y de guerra al mismo tiempo. La tranquilidad del Estado de Jalisco, según la imagen y su contenido, dependerá de que el gobernador cumpla los acuerdos que contrajo.

Ambas imágenes contrastan entre sí: el optimismo y la alegría por un lado y la amenaza, el terror por el otro.

La esperanza de un futuro de paz y armonía en el Estado y la pesadilla del recrudecimiento de la violencia, del dolor y las víctimas por el otro. Promesa e incapacidad. Amenaza y contundencia. Dos escenarios diferentes que muestran las dos caras del mismo rostro, que se viven en Jalisco.

Quién no quisiera creen en la esperanza de paz. Quién no desearía acabar con tantos asesinatos y dolor de una vez por todas. Pero la duda, la incredulidad cimentadas por tanto tiempo de engaños y promesas incumplidas, obligan a desechar, como la frase del frontispicio del Teatro Degollado, la posibilidad de toda esperanza.

Las dos imágenes transmitidas por video en redes sociales, son complementos de la fatalidad  con la que enfrentan su cotidianidad los jaliscienses. Gobiernos ineficaces, incapaces de traer la paz al Estado y criminales en crecimiento, seguros de su control sobre las que consideran sus “plazas”. Mientras los ciudadanos viven aterrados y sin respuestas. No hay salida frente a la amenaza. La vulnerabilidad del ciudadano del Estado de Jalisco, es la divisa con la que sale todos los días a la calle.

Las dos imágenes también proyectan una realidad de las redes sociales y su influencia sobre los ciudadanos: el mensaje del grupo criminal tiene mayor impacto que el mensaje del gobernador. Las redes se llenaron de dudas y miedos. En ningún momento transmitieron confianza u optimismo.

La realidad se impone frente a cualquier estrategia de medios basada en la difusión de imágenes por medio de videos de quien ostenta la mas alta representación política del Estado. La realidad carece de una estética cuidada. Siempre causará mayor impacto la imagen de hombres armados y encapuchados, hay que recordar el efecto de la máscara en la construcción de nuestra civilización, que la de un hombre regordete pretendidamente simpático intentando transmitir optimismo y seguridad.

Ambas imágenes también reforzaron, y esto tal vez sea lo más grave, la pérdida de credibilidad hacia el gobernador y las instituciones del Estado.

Ningún medio realizó encuestas para confirmar lo dicho. De haberse hecho, sin duda una gran cantidad de ciudadanos manifestaría creerle al grupo criminal cuando acusa de traición al gobernador del Estado. Otros lo pondrían en duda y unos más rechazarían las aseveraciones del cártel. Lo interesante sería conocer los porcentajes de las diferentes posturas.

Una de las bases de la democracia es la credibilidad que los ciudadanos tengan hacia sus gobernantes. No se puede gobernar sin confianza hacia quien toma las principales decisiones en el Estado. Y cuando un grupo criminal, por medio de un simple “comunicado” merma esta confianza y los ciudadanos dudan de quien los gobierna, seguro es porque algo está podrido.

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