LUNA Y LUNÁTICOS

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Este fin de semana  se cumple medio siglo desde de que el 20 de julio de 1969 el modulo lunar Eagle 3 alunizaba y el ser humano caminase por la superficie de la Luna, convirtiéndose en una de las mayores gestas que se han conseguido en la Historia.

Cincuenta años atrás el hombre llegaba a la luna por primera vez. La misión Apolo 11 de la NASA cambió el mundo.

Un equipo de unas 400 mil personas de todo el planeta trabajó en el Proyecto Apolo, en su mayoría eran trabajadores de fábricas, científicos e ingenieros que nunca abandonaron el proyecto. Dentro de esas personas estaban los astronautas de la misión: Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins. Su viaje histórico comenzó cuando un cohete Saturn V despegó desde el Centro Espacial Kennedy en Florida el 16 de julio de 1969. Luego de alcanzar su órbita alrededor de la luna, el módulo lunar, se separó para un viaje de 13 minutos a la superficie. Mientras tanto, el astronauta Michael Collins se quedó atrás en el módulo de comando, que eventualmente llevaría a los tres astronautas de regreso a la Tierra.

Hace medio siglo, el hombre ponía por primera vez sus pies en la Luna. Eran épocas de la Guerra Fría, que enfrentaba a Estados Unidos con la Unión Soviética, potencias que se dirimían la supremacía del mundo y también del espacio. Fue entonces cuando Neil Armstrong, Edwin Aldrich y Michael Collins, tripulantes del Apolo 11, se convirtieron ese domingo en los héroes de esa gesta espacial, en particular los dos primeros que caminaron por la superficie selenita.

En julio de 1960, Estados Unidos había iniciado el programa Apolo. Ante el Congreso, el entonces presidente del vecino país del norte, John Fitzgerald Kennedy, anunció el 25 de mayo de 1961 que enviarían un hombre a la Luna en esa década -si aprobaban su pedido de fondos extras- y apeló a cuestiones como el liderazgo mundial de su país y la “guerra fría”, para justificar la empresa. La Unión Soviética llevaba entonces ventaja en la carrera espacial, con sus primeros vuelos tripulados al espacio, razón por la cual dijo ante los congresistas que la batalla se estaba dando en el mundo entre libertad y tiranía. El presidente admitió: “no podemos garantizar que algún día seremos primeros, pero podemos garantizar que cualquier falla en este esfuerzo nos hará los últimos”, y agregó: “nos metemos en el espacio porque lo que sea que la humanidad deba emprender, el hombre libre debe compartirlo enteramente”.

En plena Guerra Fría, la Unión Soviética ya había puesto en órbita en 1957 el primer satélite, Sputnik, logro seguido en 1961 por la llegada del primer hombre al espacio, Yuri Gagarin. Gracias a su prosperidad económica y su capacidad tecnológica, Estados Unidos puso en marcha rápidamente el programa Apolo.

Finalmente, ese domingo de julio del 69, tras pisar la superficie selenita, Armstrong dijo una frase que quedó en la posteridad: “Es un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad”. “El espacio, esa inmensa y misteriosa nada que nos circunda, ha caído también vencido por la inteligencia del ser pensante, lanzada con el Apolo 11 hasta un terreno donde solo habían llegado los más increíbles delirios de la imaginación. Como en un torbellino, la humanidad ha asistido a los pasos del hombre por un mundo diferente, que vendrá a incorporarse desde hoy a lo cognoscible, esa realidad no puede menos que estremecer”, expresaban varias editoriales periodísticas alrededor del mundo días después de la hazaña.

Al conmemorar esta fecha, vale recordar que ante la incertidumbre de si la misión llegaría a buen término y si se hubiese dado el caso de algún lamentable catástrofe a la hora de alunizar Armstrong y Aldrin y no hubiesen podido regresar al módulo de mando, el 18 de julio, dos días después del despegue desde la Tierra y dos antes de la llegada a la Luna, en la Casa Blanca se preparó un discurso que sería ofrecido, en caso de necesidad, a través de la televisión y radio a toda la nación por el presidente Richard Nixon anunciando el fatal desenlace.

El texto había sido redactado por el periodista y escritor William Safire, quien en aquellos momentos estaba trabajando en el gabinete del presidente Nixon creándole los discursos que debía pronunciar.

Afortunadamente la misión del Apolo 11 fue todo un éxito y los astronautas regresaron a la Tierra sanos y salvos pocos minutos antes de la cinco de la tarde del 24 de julio. El discurso quedó guardado en un cajón y no se supo de su existencia hasta tres décadas después, cuando en 1999 el diario The New York Times publicó un artículo titulado ‘Ensayo; el desastre nunca llegó’ en el que dio a conocer la existencia del discurso escrito por William Safire y que hubiese sido pronunciado por Nixon en caso de necesidad.

Si bien el ser humano no ha vuelto a pisar nuestro satélite terrestre, ha profundizado a través de las sondas espaciales el conocimiento del universo, llegando a obtener una información increíble, mostrando además que su hambre de saber está más allá de las religiones y las ideologías. Por esa razón, este hecho histórico trascendió el enfrentamiento de las dos potencias, y se constituyó en una victoria del ser humano sobre sus propias limitaciones.

Las regulaciones jurídicas internacionales, las actividades económicas y financieras, y por supuesto los negocios, cambiaron significativamente después de la llegada del hombre a la Luna.

Buena parte de la tecnología que se utilizó en la misión del Apolo 11, que llegó a la superficie lunar un 20 de julio de 1969, ha sido incorporada a nuestra vida cotidiana, además de que -previamente- los gobiernos del mundo tuvieron que ponerse de acuerdo sobre el régimen jurídico que debía regular al espacio y los cuerpos celestes.

Actualmente existen 16 normas internacionales relativas a las actividades que se llevan a cabo en el espacio, entre estas la más importante es el Tratado del Espacio Exterior (Outer Space Treaty), que es obligatorio para todos los Estados del orbe desde 1967. También se destacan el Convenio para rescatar y retornar astronautas y objetos que hayan sido enviados fuera de la Tierra (Rescue Agreement); la Convención sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales (Liability Convention); y el Acuerdo sobre las actividades de los Estados en la Luna y en otros Cuerpos Celestes (Moon Agreement).

México ha ratificado 10 de esos tratados, de acuerdo con un reciente reporte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Ha transcurrido medio siglo de esta hazaña espacial; la curiosidad, la ambición y el espíritu aventurero hicieron posible este hito en la conquista del universo. Sería positivo si esa creatividad también se aplicara en poner fin a la desigualdad, a la miseria y a la injusticia que oprime a millones de personas en nuestro planeta.

En contraste, a pesar de toda la evidencia científica, después de cumplirse los 50 años de que el hombre pisó por primera vez la Luna, hay millones de personas que dudan del pequeño paso para el hombre y el gran salto para la humanidad.

El 20 de julio de 1969, la nave Apolo 11 (o Apollo 11) aterrizó en suelo lunar. El astronauta Neil Armstrong descendió, marcó una huella y soltó su famosa frase que aún hoy se repite. Sin embargo, el ser humano es dado al sospechosismo. 

La ultima encuesta realizada sobre el tema data de 1999 en nuestro vecino país del norte, y en ella cerca del 6 por ciento de la población de Estados Unidos tiene dudas sobre la veracidad de la llegada a la Luna. Puede parecer poco, pero estamos hablando de 15 millones de personas. 

En 2018, un diario español sin citar fuentes, en el artículo “¿De verdad llegaron a la luna?”, afirmó que entre el 10 por ciento y  el 20 por ciento de la población está convencida de que los vuelos a la Luna fueron un engaño. Ese mismo año, la agencia de noticias de Rusia Sputnik informó que más del 50 por ciento de la población rusa duda de la llegada del hombre al satélite natural de la Tierra.

¿Por qué sucede esto? Pues porque hay miles de libros, blogs, documentales y películas que han explotado esta vertiente y es realmente rentable. Basta solo agarrarse de una fuente medio fiable para desarrollar el tema y generar credibilidad. Vale revisar entonces algunas teorías y afirmaciones de los llamados “negacionistas”: 

Una de las teorías más populares en Internet afirma que todo lo que hemos visto sobre el Apollo 11 y el Apollo 12 no es más que la imaginación del director de cine Stanley Kubrick, bajo las órdenes del presidente Richard Nixon. Todo porque en 1968, un año antes del primer alunizaje, se estrenó 2001 Odisea en el Espacio.

Posteriormente salió una supuesta entrevista con un hombre que se hace pasar por Kubrick, refrendando esta teoría. Sin embargo la propia esposa aclaró que no se trata del cineasta.

“Todo está oculto por culpa de los extraterrestres”, es lo que cree Richard Hoagland, un hombre que trabajó como “Curador de Astronomía y Ciencia del Espacio” en la NASA. Según él, en las diferentes misiones del Apollo, se acumularon informaciones sobre extraterrestres. Las colonias de vida alienígena le servirían posteriormente a Estados Unidos para mejorar sus proyectos científicos, debido al encuentro con unos seres superiores. De allí que exista tan poquita información oficial sobre los alunizajes y se juegue al despiste.

Hoagland, que tiene una carrera respetable como astrónomo, es un antagonista de un documentalista llamado David Percy, un fotógrafo que en resumen, asegura que todo sobre los viajes a la Luna son montajes de estudio. 

“Estados Unidos nunca pisó la Luna”; esta afirmación se le atribuye a Bill Kaysing, un hombre licenciado en literatura inglesa que, por cosas del destino, trabajó de rebote con la NASA. Al formar parte del Departamento de Publicaciones de Rocketdyne (contratista de la NASA), aseguró que los seis alunizajes del Apollo, entre julio de 1969 y diciembre de 1972 fueron engaños y lo sintetizó en el libro We never went to the Moon. 

Kaysing era el jefe de la compañía de publicaciones técnicas, pero no se formó como ingeniero o científico. A pesar de que no tenía el conocimiento para exponer sus teorías, todas fueron tomadas como ciertas por los que dudan del alunizaje. 

Estas son las principales “pruebas” que expuso en su libro para confirmar su teoría y que de hecho se repiten hasta el día de hoy:

La NASA carecía de los conocimientos técnicos para poner un hombre en la Luna. La ausencia de estrellas en las fotografías de la superficie lunar. La película utilizada por los astronautas en la Luna debía haberse fundido debido a los supuestos niveles altos de radiación. Las inexplicables anomalías ópticas en las fotografías tomadas en la Luna. La ausencia de cráteres de explosión por debajo de los módulos lunares. Debido a los motores, toneladas de polvo lunar debían desprenderse en los segundos finales del descenso. La misteriosa muerte de Thomas Ronald Baron, un inspector que había escrito un informe crítico sobre el programa Apolo, no fue un accidente. Su informe también desapareció después de su muerte. Además Kaysing afirmó que la muerte durante ensayos de algunos astronautas fueron premeditadas, debido a que varios querían exponer la conspiración de la NASA.

Ralph Rene publicó en 1992 el libro NASA Mooned America, un juego de palabras que podría traducirse como “La NASA le enseñó el trasero a EE.UU.”. El punto que hizo más famoso a este trabajo y que consiguió una respuesta oficial se refiere a un video en el que se ve una bandera ondeando, algo que no debía suceder según Rene porque en la Luna no hay viento. LA NASA explicó que no se trata de un ondeamiento sino que la bandera está arrugada, lo que contribuye a esa ilusión visual. 

David Percy, experto en fotografía, filmó el documental ¿Qué sucedió en la Luna?. Este trabajo audiovisual se divide en tres partes. En la primera, analiza detalladamente todo el material fotográfico disponible y concluye que los errores son tan obvios, que fueron hechos a propósito para que cualquiera pudiera confirmar que es un montaje. 

El sustento de este documental es más bien pobre. Por ejemplo, Percy explica que el sistema geológico (montañas, cráteres, etc.) en las diferentes misiones se parecen mucho, por lo cual se trata de una escenografía. Pero esto fue fácilmente desmontado porque existe mucho material donde se ven que los ambientes no son iguales. 

El negacionista también advierte que para simular la gravedad, los saltos de los astronautas se hicieron con cables, como si fuera una película de los Avengers. En la segunda y tercera parte del documental, retoma conceptos de Kaysing, como la imposibilidad de contar con la tecnología para viajar en el espacio o soportar la radiación.

Jack White, un fotógrafo profesional, se tomó el tiempo para revisar todas las fotografías disponibles y aún cuando acepta que es posible el alunizaje, asevera que las gráficas no son de la Luna. Para certificar su teoría saca una cuenta en la que afirma que para registrar el material existente, cada astronauta debía tomar una foto cada 50 segundos, algo imposible dadas las dificultades físicas y técnicas para desplazarse.

Discovery Channel, en su famoso programa “Cazadores de Mitos”, se dio a la tarea de responder una por una a todas las interrogantes que se han planteado desde el primer alunizaje. 

Igualmente, el canal Space estrenó Truth Behind the Moon Landing, un especial que cuenta con el exastronauta Leland Melvin, quien ayuda a desacreditar las teorías de conspiración.

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