Zapatos Azules

2457
0
Compartir

En estos días tanto la prensa local como las redes sociales le dieron amplia difusión a una nota sobre el costo de los zapatos usados por las diputadas y los diputados del Congreso de Jalisco.

La nota, como toda nota superficial y sin contenido, fue comentada por una gran cantidad de personas y, como se dice en el “argot” de las redes sociales, pronto se “viralizó”. Saber cuánto gastan los representantes populares en zapatos de marca se convirtió en un tema de conversación en círculos políticos y sociales. En los primeros para minimizar el impacto y la importancia de la nota, en los segundos, para reforzar la irritación que existe en contra de los altos dispendios de la clase política, vista como una clase social alta, ajena a las necesidades de las mayorías.

Y ahí reside la importancia de la nota, en principio vista como superficial y sin relación alguna con la política: un par de zapatos puede mostrar el divorcio que existe entre el mundo de los políticos y las políticas y el valor de las necesidades primordiales de sus representados. Para la clase política la pobreza es solo una abstracción cargada de imágenes de dónde elaborar una buena campaña electoral, ajena por completo al sofisticado y frívolo espacio de la política.

Para una diputada acostumbrada a costosas invitaciones al extranjero de parte de empresarios para hacer negocios, a minimizar la lucha de las feministas y de los grupos más vulnerables y a su cercanía con el gobernador del Estado, influyente centro de negocios, corrupción y poder, sería muy difícil entender el por qué usar unos zapatos de marca cuyo costo oscila en los quince mil pesos, puede constituir un motivo de ofensa para una parte de sus representados.

Para un diputado acostumbrado a ser servil ante el poder, a buscar por cualquier medio la cercanía de un dirigente poderoso, ajeno a toda moral y dispuesto a cambiar de partido político cuando se le requiera para agradar a su jefe político en turno, responsable de “operar” como dicen en el mundo de la política, un congreso acorde a la megalomanía del gobernador y venderle la ilusión de una nueva constitución para el Estado, le es imposible establecer una relación entre el costo de sus zapatos y el salario mínimo que ganan sus representados.

Para las mujeres y los hombres encargados de hacer política y leyes en el congreso del Estado, no existe ninguna relación, ni siquiera en el campo de lo simbólico, entre ellas y ellos, representantes del poder, y la mayoría de sus votantes.

Si se dedicaron a hacer política, no fue con el ánimo de servir a sus semejantes.

Hicieron política para alejarse de la sombra de la pobreza, para alcanzar niveles de bienestar ajenos y muy lejanos a los de sus representados. Convierten su actividad cotidiana en una desrepresentación de sus representados: entre menos se parezcan a ellos, mas se evidencia su superioridad social y política.

Convierten el miedo a la pobreza en actos de soberbia, insensibilidad y de gobierno. Unos zapatos costosos conjuran la pobreza y le muestran al otro, a la otra, a los diferentes al político, la inalcanzable distancia que se establece entre necesidad y poder.

Lo superfluo y lo frívolo transformados en acciones de gobierno, llevan a respuestas igual de superfluas y frívolas para resolver las necesidades mas apremiantes de la sociedad. Se crea una distancia insalvable entre la visión de una sociedad que apenas subsiste y una clase política arribista que convierte a sus curules en oficinas para hacer negocios particulares con dinero ajeno.

Mientras más corrupción exista en un estado, habrá más políticos y políticas que ostenten su riqueza en los pies.

Compartir

Dejar un comentario