ALFARO: ¿GOBIERNO MEDIOCRE QUE ASPIRA A LA GRANDE?

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Para nadie es un secreto que el gobernador Enrique Alfaro Ramírez tiene la mira puesta en llegar a ser presidente de México. Es un hombre de retos que cada vez coloca la vara más alta y no está dispuesto a perder la oportunidad de dar el salto del gobierno de Jalisco a Palacio Nacional. Su aspiración es válida, el problema es el trayecto tan mediocre que lleva trazado en ya siete meses de administración en que no ha podido ofrecer buenas cuentas a los jaliscienses y ni siquiera satisfacer su mayor demanda, que en estos momentos, se limita a la garantía de su seguridad.   

Nadie duda que el gobernador es un individuo inteligente, que proviene de buena cepa, y que tiene la capacidad para alcanzar objetivos como ya lo ha demostrado al ir escalando posiciones en diferentes cargos públicos hasta el que ahora ostenta. Sin embargo, deberá reencontrar en sí mismo al político que ha sido accesible, concertador y dominador de sus impulsos.

Si quiere preservar esa posibilidad de encumbrarse positivamente en el escenario nacional, está obligado a modificar actitudes negativas como la altanería y prepotencia evitar manejarse con base en berrinches y caprichos que en nada le benefician, procurando mostrar su lado humilde. 

Pero para poder encarrilarse en ese sentido debe reconciliarse con la sociedad que lo único que ha hecho es demandarle cumpla sus promesas y gobierne adecuadamente, con rumbo, con dirección, favoreciendo y procurando su bienestar.  

Y debe también fumar la pipa de la paz con los medios de comunicación a quienes ha culpado de todo lo negativo que le ocurre, debe aceptar que es intolerante.

Y a partir de ello procurar modificar su conducta aceptando la crítica a fin que le sea útil para cambiar estrategias y mejorar los resultados, e incluso aceptar que debe hacer los ajustes y movimientos en su equipo de gobierno para rodearse de colaboradores más capaces dejando de lado filias y fobias extremas que, hasta ahora, lo han dominado impidiéndole efectividad en los resultados de su gestión gubernamental. 

Si logra efectos positivos derivados de su ejercicio de gobierno puede concretar su tan anhelada como quimérica “transformación” de Jalisco, tendrá mayor posibilidad de alcanzar su objetivo personal y además podría favorecer a los candidatos de su partido que aspiran a las gubernaturas de Sonora y Nuevo León, que parecen tener una oportunidad en la próxima elección de 2021, lo que sería también un factor que catapultaría al Partido Movimiento Ciudadano, y al propio Enrique Alfaro lo colocaría, por el estatus que mantiene al interior del partido naranja,  como un serio aspirante, sería pues Alfaro Ramírez el candidato natural a la presidencia de la República. 

Tan fácil como en la medida que el gobernador jalisciense logre enfocar sus esfuerzos en una dirección correcta, modificando lo que se requiera tendiente a buscar con mayor atingencia  resolver problemas como inseguridad, deficiencia en servicios de salud pública y las principales demandas de la población jalisciense, podría concretar su proyecto. 

Como ya lo mencionaba, deberá hacer los ajustes precisos y cambiar las piezas que no funcionan en su gobierno para poder perfilarse con mayor posibilidad como un aspirante sólido hacia esa candidatura que aunque lo niega, es su mayor sueño, de otra forma sólo podrá seguir aspirando a culminar su mandato, aunque con el riesgo de una derrota en las urnas de la elección del año 2021 pudiendo perder él y su partido la mayoría de las alcaldías y el control del poder legislativo del que ahora goza. 

Todavía no es demasiado tarde para que reaccione y haga lo que se requiere a fin de recomponer la mala ruta que hasta ahora lleva y quizá  seguir en la posibilidad de perseguir esa que sin duda es su más fuerte aspiración, el contender por la presidencia de la República en 2024 postulado por el Partido Movimiento Ciudadano. Antes, deberá volver a ser exitoso, ahora como gobernante de Jalisco. 

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