Los negocios van bien

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Pobladores de la comunidad indígena de San Juan Bautista de la Laguna en el municipio de Lagos de Moreno protestan por las excavaciones que la compañía Gas del Noreste hace en sus tierras, un entorno de frágil equilibrio ecológico, para instalar un gasoducto. Tres jóvenes opositores son detenidos con violencia por la policía estatal.

El secretario de seguridad de la empresa, de nombre Macedonio Támez busca procesarlos bajo cargos de “daño a las cosas” y “resistencia a la autoridad”. A falta de pruebas y por la oportuna movilización de la población y de estudiantes universitarios, los jóvenes fueron liberados al día siguiente de su arbitraria detención.

En entrevista a una estación de radio, el secretario de seguridad se refirió a los pobladores de San Juan Bautista de la Laguna como “cobardes”, porque llevaron a la protesta a niñas, niños y señoras, exponiéndolas como carne de cañón.

En su poca capacidad para entender los problemas sociales que enfrentan las comunidades, el fiel secretario ignora que en ellas viven niñas, niños, señoras, señores y jóvenes que se organizan y asisten a los actos de información y protesta para defender su patrimonio, el cual depende del frágil equilibrio de su entorno natural. Nadie lleva a nadie. La organización y la protesta son decisiones comunitarias. Y voluntarias. 

Varias madres de familia se reúnen a la entrada de Casa Jalisco para exigir información sobre sus familiares desaparecidos. Después de más de una hora de insistir, nadie abre la puerta. Las madres tocan con puños primero, zapatos después. Una parte de la puerta cede, se rompe, se abre una rendija. Por ahí se asoman hacia el centro del “poder” madres y niñas para preguntar, para gritar en su desesperación por una respuesta.

Luego, alguien escribe en una de las paredes de la casa: “¿Y si fueran tus hijas, Alfaro?”. Los hombres detrás de las gruesas paredes de Casa Jalisco, tienen oídos sordos y vista nublada para entender el sentido de la protesta.

Adentro de esas paredes hay hombres importantes, encabezados por el gobernador, planeando estrategias importantes. El grupo que gobierna Jalisco se prepara para intervenir en el proceso electoral de Nuevo León. Como ya lo hace en Puebla.

Para ellos, las mujeres que golpean las puertas son “vándalos” y deciden que “no hay condiciones para el diálogo” con ellas. Habría que “resguardar la seguridad” de los ocupantes de la casa. Mandan traer antimotines, por si las dudas. Es necesario proceder legalmente. El jefe de gabinete, anuncia, con voz enérgica, que será la fiscalía quien “deslinde responsabilidades” por los actos de barbarie cometidos en el sagrado recinto gubernamental. 

En Jalisco no hay taxistas asesinados. Ni narcofosas con incontables cadáveres. Tampoco hay infanticidios. Los feminicidios no existen.

Las casas de retención y exterminio en donde son amontonados los secuestrados para después ser asesinados o desaparecidos, son un mito urbano. Todo eso es “entre ellos”. “Al que actúa mal, le va mal”. En Jalisco estamos bien.

Si no fuera por esos que se oponen al progreso y esas señoras que buscan a sus hijos con reclamos y gritos en lugar de estar en sus casas esperando noticias de ellos, enturbian la paz social que vive el Estado de Jalisco.

De no ser por ellos, los negocios irían bien, mejor de como van hasta ahora. Debemos recuperar la paz para que Jalisco siga siendo un gran nicho de oportunidades para los empresarios amigos del gobernador y su grupo.

Los negocios deben ser protegidos. La protesta social, el llanto de las madres que buscan a sus hijos, deben ser acallados.

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