La puerta cerrada

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No, no se trata de tener reuniones con café. Tampoco de crear comisiones, hacer foros o nuevas áreas de atención. Hace tiempo que las familias se lo dicen a autoridades, a medios de comunicación y a ciudadanos: el problema de los desaparecidos es que no los están buscando.

Hace algunos días platiqué con el papá de una joven desaparecida. Ni siquiera sabría describir la tristeza que puede leerse en sus ojos. Pero lo que más me impresionó es la historia que me contó. Se había entrevistado con integrantes del grupo criminal que opera en la zona en donde su hija desapareció. No quise preguntarle cómo los contactó ni qué tuvo que hacer para llegar a este punto, porque me quedó claro que un padre es capaz de hacer cualquier cosa, si eso le dará el mínimo indicio para encontrar a su hijo.

No es el primer caso que conozco. He escuchado de otras madres que entrevistan a delincuentes para preguntarles si saben algo de sus hijos. En algunos casos, cuando se confirma que tienen relación con alguna desaparición, les preguntan si saben a dónde los llevaron o qué pasó con ellos. Es inexplicable que tengan que ser los padres quienes lleven a cabo estas acciones, que incluyen investigaciones forenses. Lo hacen porque la autoridad no está cumpliendo con su trabajo.

Las razones de la omisión de las autoridades son diversas.

Podemos enlistar la falta de capacitación, la falta de recursos y hasta la falta de interés. Muy pocas cosas han cambiado con el nuevo gobierno, aseguran los padres y familiares.

Si, dicen tener interés e incluso se manejan cifras más apegadas a la realidad, pero siguen sin cumplir con su principal responsabilidad de agotar todas las líneas de investigación para encontrarlos.

La prueba de los pocos cambios que se han dado en este tema es que los cadáveres siguen acumulándose en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, las bases de datos de identificación de cuerpos siguen sin actualizarse, las fosas clandestinas siguen encontrándose y quienes  buscan a sus hijos y familiares no son convocados para cruzar datos.

Las últimas liberaciones de personas privadas de la libertad y las fosas clandestinas halladas nos muestran un panorama de lo que está sucediendo actualmente en Jalisco. Hace tiempo que nos dimos cuenta que el problema se escapó de las manos de las autoridades y por ello no basta con seguir cumpliendo con lo mínimo indispensable. Se necesitan cambios radicales y acciones concretas para aclarar cada caso.

Por ello, no debe extrañarnos el enojo mostrado por las familias en la manifestación en Casa Jalisco de cuya puerta, lo único que podemos lamentar, es que sea una puerta cerrada.

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