PRD: la derrota original

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El Partido de la Revolución Democrática (PRD) es una empresa en quiebra, literalmente. No es una metáfora: tiene un adeudo de más de 998 millones de pesos, un posible embargo por evasión de impuestos y la demanda laboral de 193 trabajadores despedidos.

Pero el principal de los problemas del Sol Azteca, no es de índole económica, sino política. El PRD es un partido en bancarrota política de la que no saldrá nunca, por más discursos y promesas de sus actuales dirigentes.

La suerte política del PRD terminó de ser echada en la erronea apuesta de aliarse con el partido de la derecha, Acción Nacional (PAN) en las pasadas elecciones presidenciales. Esa apuesta equivocada provocó la peor derrota electoral del PRD de todos los tiempos. Ahora apenas le queda una gubernatura en Michoacán (y es un decir, pues hay que recordar que Silvano Aureoles apoyó al candidato del PRI, José Antonio Meade), diez diputados federales, cinco senadores, la pérdida del registro en diez estados. El descalabro fue tal que el 1º de julio de 2018, el PRD no alcanzó ni siquiera 1o mil votos en cinco estados de la república, según el recuento de José Gil Olmos (Proceso, 10 mayo 2019).

Pero la derrota política no llegó con la derrota electoral.

El retroceso electoral es resultado de un conjunto de decisiones y estrategias políticas equivocadas y erróneas para los fines originales del partido fundado en mayo de 1989 en el Palacio de los Deportes de la Magdalena Mixhuca, en la Ciudad de México.

Como se sabe, el PRD nace como una apuesta política del amplio movimiento social conjuntando en torno a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de uno de los presidentes mexicanos más populares: Lázaro Cárdenas.

La historia es conocida. Cuauhtémoc Cárdenas y otros militantes del PRI, como Porfirio Muñoz Ledo, fundaron a fines de 1986 la Corriente Democrática para oponerse a la política y decisiones de la dirigencia de ese partido que estaba dando un giro hacia las políticas neoliberales y alejándose de la ideología del nacionalismo revolucionario, que antes proclamaban.

La ruptura del PRI propició la postulación de Cuauhtémoc Cárdenas a fines de 1987 acompañado de diversos partidos que antes servían de comparsa al PRI. De hecho, Cárdenas fue postulado inicialmente por el partido de la casita, como se conocía al Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).

Pero lo importante no fue la suma de esos partidos paleros del régimen, sino que pronto se empezó a aglutinar en torno a la candidatura de Cárdenas un amplio movimiento popular de base. Movimientos urbanos, estudiantiles, técnicos y profesionistas, campesinos, ejidatarios, sindicalistas, y distintas organizaciones de la izquierda independiente que hasta entonces no participaban en elecciones.

Ese amplio movimiento popular de base fue el que la dio la fuerza política a Cuauhtémoc Cárdenas a grado tal que se ganaron las elecciones presidenciales del 6 de julio de 1988. Pero, como también se sabe, el Estado mexicano se robó las elecciones y violentó la voluntad popular imponiendo a Carlos Salinas de Gortari en la presidencia.

Ante el fraude electoral de 1988 se presentaron dos estrategias al movimiento que encabezaba Cárdenas: una confrontación política inmediata para impedir la toma de posesión de Salinas mediante movilizaciones y la apuesta por la paralización de las actividades de gobierno; o la segunda apuesta, institucionalizar el movimiento convirtiéndolo en un partido. Cárdenas y la mayoría de los dirigentes de ese movimiento optaron por la segunda opción y así que nace el PRD en mayo de1989.

Todavía en su origen, mantenía una buena parte de las organizaciones populares de base en torno suyo, y su principal virtud era esa: un partido de movimientos y que contaba con la membresía de miles de activistas y líderes populares de todo el país.

Pero esa fuerza, y principal mérito político de ser un partido de movimientos y dirigentes populares, se fue perdiendo casi de inmediato por prácticas políticas impuestas por burocracias y grupos de poder que convirtieron al PRD en otra cosa a la que era originalmente.

El PRD dejó de ser un partido de movimientos y dirigentes populares, para convertirse en un partido de corrientes internas y burócratas. De ese modo, al poco tiempo el PRD dejó de ser un partido popular para convertirse en un partido de burócratas que se peleaban el poder interno, las prerrogativas dadas por el Estado y los puestos públicos conseguidos en las elecciones.

Muchos antiguos militantes de organizaciones populares y de izquierda dejaron, así, la lucha social para convertirse en burócratas y miembros de la clase política profesional. En esa transformación sociológica, el PRD perdió el rumbo y la política de este país perdió la oportunidad de contar con un partido de izquierda de base. Y en esta transformación ganó el Estado mexicano y las camarillas que enfilaron a México por las políticas radicales de libre mercado.

De algún modo, el PRD fue cómplice de esta transformación.

El culmen de todo esto fue la firma del Pacto por México: la alianza explícita del PRD con sus antiguos adversarios del PAN y del PRI.

Y no solo adversarios: con esas alianzas, las dirigencias del PRD de manera indigna, olvidaron a los militantes perredistas asesinados en gobiernos priistas, y olvidaron a miles que lucharon contra los fraudes electorales y las políticas neoliberales.

De modo que la derrota del PRD no llegó en las elecciones de 2018. Se fraguó mucho tiempo antes: cuando se dejó de luchar por principios, y se empezó luchar por corrientes, puestos y prebendas.

 

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