ALFARO Y SUS NÚMEROS DE TERROR

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Nadie que viva en esta entidad podría llamarse sorprendido de que los ciudadanos hayan dado al gobernador Enrique Alfaro Ramírez números reprobatorios en rubros como combate a la corrupción, salud, economía y empleo, obra publica, confianza, desempeño, apoyo a gente de escasos recursos, confianza en inversión empresarios, turismo y hasta en su relación con el presidente de la República. Pero es en seguridad donde el mandatario se lleva las peores calificaciones; 92.7 por ciento opina que no ha mejorado la seguridad en el estado bajo su administración y 83.9 por ciento declara sentirse inseguro viviendo en Jalisco, de acuerdo a la última encuesta nacional de la casa Arias Consultores, “Así van los 32 gobernadores”, donde Alfaro se ubica entre los últimos lugares en todas las tablas. 

Y es que la criminalidad y la violencia han escalado a niveles de auténtico terror que nunca pensamos se podría vivir en nuestra querida metrópoli; si bien la historia de los muertos apilados en tráilers nos dejó pasmados, hoy por hoy, es perturbador y alarmante lo que se vive en las calles; las narcofosas, embolsados, mutilados, o saber de personas desaparecidas, “levantadas”, y el grado de brutalidad con que se llevan los cobros de plaza, robos de automóviles a mano armada, de autopartes, a negocios y casas habitación. Cuando observamos que un joven puede ser asesinado por resistirse al robo de su celular o un hombre ultimado a tiros por robarle un reloj. 

La falta de seguridad, el no gozar de tranquilidad en ningún sitio y en ningún momento, cala hondo entre los jaliscienses que se han visto limitados por no decir imposibilitados a disfrutar de una tarde en un parque o siquiera salir a comprar un helado porque los delincuentes están al acecho, como lo vimos en la colonia Providencia donde un joven fue despojado de sus pertenencias por un par de criminales mientras se encontraba en una nevería.    

Tan solo en los últimos días un comando armado asesinó a una niña de tres años  mientras  “levantaba” a su padre del interior de su vivienda. 

Policías encontraron personas deambulando sin ropa por la calle, cual “zombies”, tras escapar de una casa de seguridad. Ese mismo día otros plagiados también pudieron ser rescatados de su cautiverio; en total fueron 17 personas rescatadas -todos con huellas de haber sido golpeados y uno mutilado- de dos fincas, en una de las cuales encontraron cuatro cuerpos.   

El domingo, familias enteras presenciaban una carrera de autos cuando otro comando interrumpió el espectáculo al detonar decenas de disparos mientras ejecutaban otro “levantamiento” con saldo de un muerto, al menos un herido grave y también habría ya aparecido muerto el hombre “levantado”, quien se dijo era piloto de autos, aunque oficialmente no hubo declaración alguna por parte de más autoridades. Los “levantones” en Jalisco han incrementado en 110 por ciento, tan solo en el primer trimestre del año se registraron 253 privaciones ilegales de la libertad. 

Pareciera que la criminalidad se está normalizando, pero no nos podemos acostumbrar ni dejar de exigir a los cuerpos de seguridad bajo el mando del titular del Ejecutivo que entreguen resultados de inmediato. Sus reiteradas respuestas en el sentido de que el problema lo heredó de otras administraciones, que resultó más grave de lo que pensaba, o que son ajustes entre grupos delincuenciales, ya son inadmisibles desde cualquier punto de vista. 

Como ex alcalde de Guadalajara, Alfaro debió tener perfectamente analizado y bosquejado el panorama en todo lo relacionado a la inseguridad; quiénes son los delincuentes, dónde están, qué quieren, cómo actúan, en dónde actúan, y debió principalmente tener una estrategia definida para dar la batalla. 

A la fecha suma más de cinco meses de administración sin que se vea su mano en este doloroso tema, si bien habrá que decir que tampoco debimos esperar mucho de él cuando en su paso por Tlajomulco y Guadalajara nunca pudo contener a los malhechores.

Como alcalde de Tlajomulco fue rebasado por el narcotráfico, el lavado de dinero, las fosas clandestinas, los robos de combustible, la inseguridad y las desapariciones forzadas. 

Mientras que más recientemente en Guadalajara, igualmente entregó una ciudad sumida en la inseguridad y presa de la delincuencia. 

Las autoridades de la entidad y de los municipios del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) no solo se encuentran rebasados, sino pasmados ante la abrumadora delincuencia. No hace mucho llegaron refuerzos militares de la Federación para apoyar en el tema pero sin coordinación y sin estrategia será difícil combatir a la delincuencia que sí está organizada. 

El asunto es que urge hacer ajustes en seguridad sin importar nombres, amiguísimos, trayectorias, recomendados; es menester ponderar las necesidades y reclamos de la gente que exige primordialmente que le devuelvan la tranquilidad de vivir en Jalisco, porque los ciudadanos no pueden seguir siendo presa de la delincuencia. 

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