LOS VACÍOS DE ALFARO QUE NADIE LLENA

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Se dice que en política no existen los espacios vacíos: el lugar que deja uno lo ocupa otro. Sin embargo, parece que en Jalisco sí hay un vacío que nadie ha llenado.  Los bajos niveles de aprobación de la gestión de Enrique Alfaro como Gobernador y como marca política, han dejado un hueco en el espacio político que ningún otro actor o partido ha ocupado.  

La más reciente encuesta nacional de Arias Consultores coloca a Enrique Alfaro Ramírez en el lugar 20 de entre los 32 Gobernadores del país respecto a la calificación de su desempeño.

El mandatario estatal registra un 60.3% de opiniones negativas frente a un 26.4% de opiniones positivas, es decir, las dos terceras partes de los ciudadanos reprueban su labor como jefe del ejecutivo estatal. Un descontento muy alto si se considera el tiempo que tiene en funciones la actual administración.

Sin embargo, el desencanto que se refleja en los estudios de opinión no ha sido capitalizado por ningún partido político en lo local. Ninguno de ellos ha tenido el talento para mostrarse ante los ciudadanos como una opción viable y como una alternativa atractiva. El letargo, la desorganización, las “grillas” internas y la complacencia acordada parecen ser los síntomas más evidentes de esta aparente inmovilidad o inexistencia de la oposición. 

El Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) es el caso más emblemático.  Aún y cuando la marca obtuvo resultados inéditos para una opción de “izquierda” en la más reciente elección federal, MORENA Jalisco no es un referente en el imaginario político local, no existe en el espacio de la deliberación, no existe en el plano de las propuestas y por supuesto, tampoco como estructura electoral. 

Carlos Lomelí, el ex candidato de este partido a la Gubernatura y su figura más visible, se ha extraviado entre funciones y gestiones que no están claramente determinadas; fungir como súper delegado federal y como vocero del Presidente de la República podrían ser una gran ventaja, siempre y cuando su agenda, sus acciones y su comunicación respondieran a una estrategia. No es así.  

Los ciudadanos de Jalisco no encuentran eco a sus preocupaciones más visibles, como la seguridad y la economía familiar, en el discurso del delegado, pues pareciera que Lomelí tiene una encomienda única: replicar la voz del Presidente en la entidad. Esto le ha impedido tener una agenda propia y un discurso común con las familias del estado. Una ruta errónea, a todas luces, para alguien que aspira a ser candidato en alguna Alcaldía metropolitana en el 2021. 

La encomienda es clara y urgente. MORENA Jalisco es un hueco que deberá llenarse con visión, liderazgo, inteligencia, disciplina, propuestas y por supuesto, estrategia; de otra forma, no tendrá la posibilidad de arrebatarle espacios importantes a MC y a otras fuerzas políticas que podrían ganar presencia y fortalecerse ante el debilitamiento de la maquinaria naranja.

El PRI en Jalisco es un fantasma que deambula en el escenario local sin saber qué hacer. Perplejo, entre los fierros retorcidos de la catástrofe electoral del 2 de julio, no sabe dónde colocarse, no sabe qué decir. En pocas palabras, no encuentra su lugar en el nuevo escenario.

La actual composición del sistema de partidos a nivel local (y nacional) ha puesto una prueba muy difícil de sortear a un instituto político que aún sin el poder y sin la capacidad electoral que algún día ostentó se muestra torpe, lento y ajeno a los nuevos tiempos y formas de la política.

Por momentos, pareciera que el PRI Jalisco actúa para seguir teniendo el poder en el estado, a juzgar por el sigilo, el miedo y la cerrazón de su actual dirigencia estatal.

El PRI parece estar en el ocaso de su vida institucional actual, oficialmente extinto el mundo de las ideologías, hoy la política se edifica sobre otros cimientos: la eficacia estratégica, el vértigo de la comunicación digital, el discurso práctico y emocional, los resultados inmediatos y la capacidad de adaptarse a ambientes que se modifican de forma permanente; terrenos donde el PRI no se siente cómodo, porque es evidente que no los entiende. De esta forma, el PRI de Ramiro Hernández y compañía, parece destinado a la muerte silenciosa, a la extinción lenta y sigilosa.

El PAN tiene ante sí una disyuntiva determinante, sin embargo, su actual dirigencia, encabezada por la imperceptible Pilar Pérez Chavira y la mayoría de sus diputados locales, viven supeditados a los designios del Gobernador Enrique Alfaro y a los intereses de la bancada de MC en el congreso local. El patético desempeño de lo que queda de la clase política panista en Jalisco contrasta con las posibilidades que tendrían de recuperar espacios políticos, gobiernos y sobre todo legitimidad.

El PAN podría aspirar a reconquistar algunas plazas en la elección intermedia si sus dirigentes tuvieran la capacidad de reconstruir los puentes de comunicación y empatía que tuvieron, en su momento, con un importante segmento urbano y conservador de la zona metropolitana de Guadalajara y de algunas ciudades medias del estado. Ese electorado que le fue arrebatado por Movimiento Ciudadano y que hoy se muestra insatisfecho, mayoritariamente, con la gestión del Gobierno del Estado.

En Jalisco, el desencanto de la “Refundación” y la “Cuarta transformación” podría tener como principal beneficiario al PAN, sin embargo, hoy los panistas se niegan a ser una opción, prefieren recibir dádivas y “línea” que construir un proyecto propio, con sus propios recursos e ideas.   

Del PRD y sus 30 años mejor ni hablamos…

Así, en estas circunstancias y aún y cuando el Gobernador Alfaro y su partido estén “cuestionados” por una buena parte del electorado, bien podría darse un escenario en el que MC gane, de nueva cuenta, la mayoría de los municipios y diputaciones en la elección intermedia del 2021. El tono de la elección lo pondrá la oposición. Veamos qué papel quieren jugar…

EtiquetaJuan Luis
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