EL ALETEO DEL AVESTRUZ

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Todo comenzó el jueves 2 de mayo. El francés Marc Jacques Benchetrit Vauquelin, de 53 años, fue sacado por un grupo de encapuchados armados de su casa en la que vive con su madre, en la colonia Los Cajetes, en los límites de Zapopan con Tlaquepaque y Tlajomulco. Eran las 5.30 horas.

Al día siguiente, casi 24 horas después de su levantón, Benchetrit -quien se dedica a construir, vender y reparar juegos infantiles- fue soltado por sus raptores, con algunos golpes y bajo el dicho aún extraoficial de que fue confundido con otro.

Apenas apareció el francés, ese mismo viernes 3 de mayo en la colonia Villas de la Hacienda, en Tlajomulco, unos 5 kilómetros al noroeste de Los Cajetes, un grupo también de encapuchados armados ingresó poco después a un domicilio particular y privó de la libertad a un hombre, en una violenta acción en la que la hija de la víctima, de tres años de edad, fue asesinada a disparos.

Fue un viernes negro, pues conforme transcurrieron las horas, en dos casas de seguridad – una ubicada en Guadalajara y la otra en Tlajomulco- fueron localizadas 21 personas que habían sido privadas a la fuerza de su libertad días atrás, aunque cuatro de ellas ya habían muerto asesinadas.

No fue por trabajo de investigación policial, qué va.

Las autoridades dieron con ambas fincas luego que algunos de los cautivos –golpeados, semidesnudos, maniatados- lograron escapar y dieron parte de que había más personas encerradas en ambos domicilios.

El hecho más reciente ocurrió la madrugada dominical, cuando de nueva cuenta un comando armado irrumpió en una fiesta -ahora en Zapopan- y privó a la fuerza de su libertad a tres personas. Además murió un hombre y dos personas resultaron heridas de bala.

El sábado 4 de mayo autoridades de Zapopan localizaron, a partir de un reporte anónimo, una casa de seguridad en la colonia Lomas de Zapopan en la que dos hombres estaban privados de su libertad y fueron hallados atados y con diversas lesiones por golpes en sus cuerpos.

Este domingo en que redacto y tomando el jueves como el inicio de una historia que ni comenzó entonces ni terminará ahora por desgracia, se contabilizaron en el área metropolitana de Guadalajara 28 personas privadas a la fuerza de su libertad, de las cuales cuatro fueron asesinadas, 18 lograron escapar o fueron liberadas y seis más permanecen desaparecidas.

Pero el viernes, el día más álgido en este frenesí de levantones y de historias de terror de cautivos que logran escapar, las autoridades estatales en materia de seguridad -sin contar a Enrique Alfaro que andaba de gira en la costalegre- convocaron a rueda de prensa que “encabezará el fiscal (carnal) del estado de Jalisco”, Octavio Solís, “acompañado por autoridades federales y municipales”, con la aclaratoria pertinente de que “sólo se abordará exclusivamente un asunto de suma relevancia en cuestiones de seguridad”.

El asunto no era asunto, era la puesta en escena de un avestruz clavando en el suelo la cabeza y aleteando para espantarse las moscas de lo que dejó afuera.

Autoridades federales no había. Estaba el coordinador de seguridad en el estado, Macedonio Tamez , el fiscal (carnal) Octavio Solís, el militar que dirige la Secretaría de Seguridad Jalisco, general Daniel Velasco y como garante de lo municipal, el alcalde Ismael del Toro.

Estos días han estado particularmente movidos en materia de seguridad (…) pero para propiciar la seguridad y tranquilidad de nuestra sociedad hemos salido en conjunto para comentar lo que está pasando, los éxitos que hemos tenido y en su caso los rezagos que hay. Así como hay casos no resueltos y casos por resolver, también hay asuntos resueltos exitosamente”, dijo Tamez, voz cálida y mesurada para propiciar confianza. Ajúa.

Y llegaron las cifras alegres entre aleteos del avestruz con la cabeza oculta, mientras entre lo “movido” que había en el exterior del búnker de la calle 14 ese viernes negro ocurría lo que ya líneas atrás describí y esas ¿autoridades? (ex panistas, ex militares, ex perredistas, todos ahora alineados en MC) esos temas apenas existen y si existen forman parte de la cabeza enterrada en la tierra bajo el cliché mental de “es entre ellos”.

PARTIDIARIO

Fifí aventuras: Si las manifestaciones que se dieron este domingo en todo el país contra Andrés Manuel López Obrador hubieran estado al menos recubiertas de pasadita por un estrato social popular, de gente pobre que es la inmensa mayoría en la república mexicana, eso las habría legitimado mucho más allá de su absoluto derecho a la libre manifestación que tienen. Pero no, aquí en Jalisco repleta de fifís, de gente de la vela perpetua que a sus 70 años las cremas que usan la hacen lucir más jóvenes y más blancas de la piel, personas con ropa de marca, el criollismo jalisciense en pleno llegado de colegios particulares, barrios ricos o clasemedieros con pretensiones, de iglesias católicas donde la feligresía es más ultras que San Juandoval Íñiguez, de quienes apoyan la asonada en Venezuela y exigen a AMLO que ya deje de solapar al tira(netas)no Nicolás Maduro con su postura neutral, que aprenda de Trump o Bolsonaro que ellos sí saben lo que es la democracia, chingao. Termina la manifestación y se forma una enorme fila de autos de modelo reciente sobre avenida Juárez para recoger a los patrones que se manifestaron, a las señoras de calzado suave y movimientos lánguidos, a los activistas eufóricos por la gran convocatoria; los únicos que usan el tren son algunos jóvenes calzados de Nike, quienes postean desde sus iPhones XR (resistentes al agua) que estaríamos mejor sin López Obrador…

Y ya con esta: Queda claro que tras la llegada al cargo Ricardo Villanueva, el nuevo rector de raUldeG, el reparto de rectorías en los campus obedeció a la misma lógica gatopardista de batir las fichas de dominó para dejar las mismas en juego. Una red universitaria dominada de fondo por los de siempre. Pero, y cuando hay un pero todo lo dicho anteriormente es invalidado, Villanueva juega su juego con los mandos medios, donde ha ido poniendo esas fichas nuevas que ya se perfilaban desde el CUTonalá. Incluidos hackers que desde antes le han venido haciendo el trabajo underground (¿A forest?) a un Villanueva fanático de The Cure. A eso hay que sumar cómo Enrique Alfaro ha ido también metiendo algunas mulas -sigo en la metáfora del dominó ¿eh?- que con el transcurso de los años próximos podrían también mover desde el interior el cada día más viejo establishment de la Nomenklatura padillista, cuando han pasado hoy 30 años de su arribo…

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