Feminicidio en Casa Jalisco

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El feminicidio de Vanessa Gaytán Ochoa en Casa Jalisco se presenta como una premonición de la forma en que las mujeres vivirán todo este  sexenio: amenazadas, vulnerables, asesinadas aun bajo la bóveda protectora de la casa de gobierno, frente a la mirada y la actitud insuficiente, incapaz de quienes deberían protegerlas.

El feminicidio de Vanessa Gaytán fue la horrible, violenta respuesta de la realidad a las vacías palabras del gobernador dichas apenas unos días antes: “No creo que las mujeres representen un grupo vulnerable”. En su propia casa desde donde gobierna, sus creencias fueron desmentidas. Él, desde su escritorio, frente a los micrófonos, puede decir cualquier cosa. Solo le basta abrir la puerta, constatar la escena que lo desmiente y que deja al descubierto la incapacidad del estado para garantizar la seguridad de las mujeres.

La violencia en contra de las mujeres en Jalisco no es un asunto de creencias. Nadie la inventó para descalificar gobiernos o para comprobar ineficiencias gubernamentales. Existe porque le hemos permitido existir y punto. Porque nos hemos vuelto sus cómplices. Es producto de la forma en como los jaliscienses entienden sus relaciones con sus semejantes. Un asunto de educación y cultura. Negarla, minimizarla, convertirla en un asunto de creencia desde el gobierno, solo contribuye a que esta siga creciendo, formando parte como hasta ahora de una normalidad perversa que trata de regular, determinar, las relaciones entre hombres y mujeres.

Desde el gobierno del estado no existe un proyecto político para terminar con la violencia en contra de las mujeres.

No parece estar dentro de sus prioridades. La propuesta “reingeniería gubernamental” convirtió el grave problema de la violencia en contra de las mujeres, en un problema de estructura burocrática de gobierno.

Eliminar el Instituto jalisciense de las Mujeres para dar paso en su lugar a una secretaría de “igualdad sustantiva”, evidenció la poca importancia que para el gobierno tiene la vulnerabilidad de las mujeres. La lenta respuesta para modificar las funciones de su estructura burocrática, es más parte de una estrategia política encaminada a desmovilizar a sus adversarios que un mecanismo de adelanto para las mujeres en Jalisco.

La única política gubernamental que existe hasta ahora es la de minimizar, desaparecer el problema, rezagar el término “feminicidio”, volverlo inexistente, como en las absurdas cifras presentadas por la Fiscalía del Estado, muy por debajo del número de feminicidios reales, para intentar hacer ver que en Jalisco las mujeres no son asesinadas, acosadas, maltratadas, gracias a una eficaz estrategia del gobierno para protegerlas.

Sin embargo la realidad es necia, cruel, horrenda y no se presta a maquillajes de la mano bondadosa del gobierno: los feminicidios existen, las mujeres en Jalisco sí pertenecen a uno de los grupos mas vulnerables, viven amenazadas todos los días, las agresiones a las que están expuestas no son casuales ni provocadas por alteraciones de conducta de “un loco”, o de unos cuantos desadaptados sociales.

A las jaliscienses les urgen políticas serias convertidas en proyectos de gobierno adecuados, convincentes, sólidos, destinados a combatir la violencia en contra de las mujeres, esa realidad cotidiana a la que le tienen sin cuidado las creencias del gobernador.

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