El sindicalismo en la 4T

1177
0
Compartir

Millones de mexicanos se levantan, muy temprano, todos los días para encaminarse a cumplir con su trabajo en una fábrica donde manufacturan buena parte de los productos que consumimos. De la realización de este circuito de producción, distribución y venta de mercancías se realiza la valorización y acumulación de ganancias en el capitalismo mexicano.

Son la clase obrera mexicana. Estos millones de mexicanos, que día a día deben cumplir con un régimen de trabajo extenuante y explotador y por lo regular mal pagado, no tienen los mismos derechos políticos que el resto de la población.

Por las necesidades de reproducción de un sistema de explotación de la fuerza de trabajo, la clase obrera mexicana no ha tenido algo semejante a una transición a la democracia, como llamó el sistema al triunfo electoral de Vicente Fox en el año 2000, ni tampoco algo semejante a una Cuarta Transformación de la vida pública, que promete el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

A pesar de los supuestos cambios en el sistema político, las relaciones políticas dentro del mundo laboral siguen dominadas por caciques del sindicalismo charro.

El PRI dio vida y se sirvió de un sistema sindical cuya función principal consistió en evitar que los trabajadores fueran capaces de gobernarse a sí mismos. Se les impuso una organización sindical carente de democracia y en donde las decisiones las tomaban “dirigentes” al servicio de los patrones y gobernantes. Así nació el sindicalismo charro que puso a la clase obrera bajo la dominación de los empresarios y políticos en México.

No es que los trabajadores mexicanos fueran pasivos y dejados: éste régimen de control sindical se impuso a sangre y fuego, mediante la represión policial y militar de los contingentes obreros que buscaron y desearon organizaciones sindicales democráticas e independientes, como constan las represiones contra maestros, ferrocarrileros, mineros, médicos, electricistas, telefonistas, textileros, y todos los contingentes que desearon tener un sindicato sólo de ellos y no de los enviados del PRI o de los patrones.

El gobierno del PAN, al triunfo de Vicente Fox, pudo hacer que las cosas cambiaran, pero en lugar de ello utilizó las viajas y corruptas estructuras sindicales para asentarse e incluso para hacer fraude electoral en la elección del segundo gobierno panista en 2006, con Felipe Calderón. 

Como cabría esperar, el régimen sindical corrupto colaboró para la llegada del corrupto priista Enrique Peña Nieto a cambio de impunidad. Es cierto que la entonces dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo, fue encarcelada pero no para terminar con la impunidad y la corrupción imperante entre los dirigentes sindicales, sino como una venganza de las cúpulas del poder.

Según la promesa de cambio del gobierno de la 4T, todo esto sería cosa del pasado neoliberal.

Pero no ha sido así. Lo que hemos visto hasta ahora son intentos de algunas corporaciones charras de adecuarse y acomodarse a los nuevos vientos del poder y se corre el riesgo que el gobierno de López Obrador y su partido, Morena, confraternice con los viejos dirigentes charros. En este contexto debe leerse el anuncio de Elba Esther Gordillo de buscar nuevamente la dirigencia del SNTE.

Pero en este marco hay vientos renovadores. El movimiento 20/32 nacido de los obreros de la maquila en Matamoros, Tamaulipas, ha demostrado que puede organizarse a pesar y en contra de los dirigentes charros de las organizaciones sindicales priistas y corruptas y aún así conseguir sus demandas.

Es pronto para saber si en el gobierno de la Cuarta Transformación imperará el gatopardismo de los viejos dirigentes sindicales charros o si se consolidará un nuevo movimiento de trabajadores, auténticamente obrero y sin ataduras con el viejo sindicalismo charro.

Compartir

Dejar un comentario