EXTENSIÓN Y SUCESIÓN

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El vocabulario del Brexit ya tiene un nuevo término: flextension. Así se empezó a denominar en Londres a la potencial prórroga al divorcio británico que la Unión Europea (UE) podría conceder a Reino Unido la próxima semana. 

Se trataría de una larga extensión, de hasta un año de duración, pero flexible porque podría acortarse si el Parlamento británico llega antes a un acuerdo para implementar la salida.

Según varios medios, Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo, habría planteado esta fórmula a algunos jefes de Gobierno, en conversaciones preparatorias para la cumbre que tendrá lugar el próximo 10 de abril, y cuyo objetivo principal será evitar un Brexit caótico dos días después. Ese mecanismo dejaría abiertas las dos opciones que la UE quiere dar a Reino Unido: la de repensar totalmente el proceso del Brexit (incluso con un nuevo referéndum), o bien aceptar el tratado de salida que ya está sobre la mesa.

La flextensión no es bien vista por ahora en Downing Street. En una carta enviada ayer por Theresa May al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, la primera ministra pide que el nuevo aplazamiento  lleve el día del Brexit del 12 de abril al 30 de junio, para ganar tiempo para que el Parlamento británico apruebe el tratado de salida negociado con Bruselas y evitar así una salida caótica.

La salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE) debió haber ocurrido el pasado 29 de marzo, unos 33 meses después de que los electores británicos apoyaran esa medida en un reñido referéndum en 2016.

Pero el fracaso de la primera ministra Theresa May en lograr que el Parlamento británico aprobara el acuerdo que su gobierno había negociado con Bruselas para ejecutar de forma ordenada el Brexit, como se conoce popularmente este proceso, obligó a extender el calendario hasta el próximo 12 de abril.

Aunque sigue habiendo negociaciones en marcha para intentar cumplir con ese nuevo plazo, su postergación ya asoma formalmente en el horizonte luego de que este viernes May envió una carta a Donald Tusk, para solicitar una nueva prórroga hasta el 30 de junio.

Esta solicitud es polémica por varias razones, incluyendo el hecho de que esa fecha ya había sido propuesta por Londres en marzo pasado, cuando fue rechazada por sus socios europeos.

Adicionalmente, esa extensión obligaría a Reino Unido a hacer todos los preparativos para participar en las próximas elecciones al Parlamento Europeo -a realizarse entre el 23 y el 26 de mayo-, aunque May contempla la posibilidad de cancelar estas votaciones en caso de que el Parlamento británico logre aprobar antes un acuerdo para el Brexit.

La idea de postergar el proceso hasta el 30 de junio no es vista con buenos ojos en muchas capitales europeas, en algunas de las cuales -como París- el gobierno exige que Londres ofrezca una buena justificación para seguir alargando la situación.Otra preocupación que causa la propuesta de May es que podría terminar colocando a la UE en la misma coyuntura que está ahora pero en un momento más inoportuno: al inicio del verano, justo cuando el bloque comunitario se encontrará en una etapa de transición debido a que estarán llegando a su fin los mandatos de Tusk y del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.Ante este panorama, Tusk tiene previsto proponer a los líderes europeos una “flextensión”.

Lo que como ya se apuntaba, es básicamente acordar una prórroga del Brexit flexible, que extienda el calendario para su ejecución por otros 12 meses pero que, al mismo tiempo, contemple la posibilidad de que la salida de Reino Unido pueda ejecutarse antes, en caso de que el Parlamento británico de su aprobación a algún acuerdo negociado.

Tusk tiene previsto presentar su propuesta a los mandatarios europeos durante la cumbre sobre el Brexit prevista para la siguiente semana.

Tusk se ha mostrado en varias ocasiones partidario de darle a Londres toda la flexibilidad posible, con el objetivo de evitar las acusaciones de que Bruselas quiere mantener atrapado a Reino Unido dentro de la UE, un argumento que ya está siendo esgrimido por algunos partidarios del Brexit.Jacob Rees-Mogg, un parlamentario euroescéptico perteneciente al Partido Conservador británico, abogó por que Reino Unido asumiera una posición obstruccionista en la UE en caso de tener que quedarse.

Ni Bruselas, ni May ni gran parte de los parlamentarios británicos desean que se produzca un Brexit duro -sin que exista previamente un acuerdo que defina la futura relación entre Reino Unido y la UE-, pues se teme que derive en un escenario caótico que afecte negativamente los negocios y la economía a ambos lados del Canal de la Mancha.

El gobierno conservador se ha sumido durante los últimos días en una ronda de negociaciones con el Partido Laborista, principal fuerza de oposición, para buscar un consenso que permita aprobar el acuerdo que May negoció con Bruselas y que ha sido rechazado varias veces por la Cámara de los Comunes.

Hasta ahora, esos esfuerzos han sido infructuosos y algunos analistas consideran que en el mejor de los casos -y con el actual calendario- solo alcanzarán para mandar una señal favorable a Bruselas que sirva como promesa de que puede haber un pacto entre ambas fuerzas políticas en el medio plazo.

Sin embargo, tal como están las cosas desde el punto de vista legal, el Brexit se producirá de manera automática cuando se venza el plazo establecido sea este el próximo 12 de abril o el 30 de junio, en caso de que se acuerde la prórroga solicitada por May.

Desde ese punto de vista, la “flextensión” podría tener la virtud añadida de eliminar los riesgos de la actual situación para permitir una negociación más reposada, impulsada no por las urgencias del calendario sino por la definición por parte del Parlamento británico del tipo de relación que quieren tener con la UE.

Paradójicamente, para hacerse efectiva, la propuesta de Tusk tiene que recibir el apoyo unánime de los 27 miembros restantes de la UE (son 28 con Reino Unido), algo que aún no está garantizado.

La primera ministra británica, Theresa May, ha escrito al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, para solicitarle una prórroga del “brexit” hasta el 30 de junio.

En la misiva, hecha pública a través de filtraciones de prensa, la “premier” pide una extensión del plazo de validez del Artículo 50 del Tratado de Lisboa -que establece un periodo de negociación de dos años sobre la retirada de un país comunitario- del 12 de abril al 30 de junio.

May señala que el Reino Unido debería salir del bloque europeo antes de las elecciones parlamentarias del próximo mes de mayo si consigue para entonces aprobar un acuerdo de retirada.

No obstante, la política conservadora puntualiza que el Reino Unido estaría preparado para presentar candidatos a esos comicios europeos en caso de que el país no pueda para entonces alcanzar un pacto que permita superar el trámite parlamentario en Londres.

En su carta, la primera ministra le explica a Tusk sus contactos con la oposición laborista para intentar alcanzar un acuerdo de salida que cuente con consenso y que, de prosperar estas conversaciones, cualquier pacto necesitará “tiempo” para que pueda ser tramitado en el Parlamento de Westmister (Londres).

May hace hincapié en la carta, que su Gobierno sigue “determinado” a cumplir con el proceso de retirada, después de que los británicos votasen en un referéndum en 2016 a favor del “brexit”.

Al mismo tiempo, la líder manifiesta su frustración por no haber concluido ya este proceso, puesto que el Reino Unido tenía como fecha original de salida el pasado 29 de marzo.

La petición de la primera ministra tendrá que ser evaluada y aprobada por unanimidad por los 27 en su cumbre del día 10.

Ha trascendido que Tusk se muestra a favor de conceder al Reino Unido una prórroga flexible del “brexit” de doce meses.

El plan permitiría al Reino Unido marcharse de la UE antes del final de ese período si el Parlamento británico consigue ratificar un acuerdo de salida del bloque, aunque esta propuesta deberá ser aceptada por unanimidad por los otros 27.

El Reino Unido tiene actualmente plazo hasta el próximo día 12 para presentar una nueva hoja de ruta del “brexit”, después de que el pacto negociado entre Londres y Bruselas fuera rechazado tres veces por el Parlamento, o marcharse sin acuerdo alguno.

Las conversaciones “técnicas” entre representantes del Gobierno y del Laborismo volverán a reanudarse.

En las negociaciones con el Gobierno, el Laborismo se muestra a favor de mantener una unión aduanera con la UE pero para May esa es de momento una de sus líneas rojas ya que impediría al Reino Unido negociar acuerdos comerciales con otros países fuera de la UE. 

Theresa May ha vivido con la amenaza de la dimisión desde que entró en Downing Street, tras el referéndum del Brexit en 2016. La primera ministra ha aguantado traiciones, humillaciones, críticas dentro y fuera de su partido e incluso dimisiones en cascada de sus ministros. Muchos en Reino Unido consideran que está a punto de alcanzar a David Cameron como el peor primer ministro de la historia de Reino Unido.

Hasta ahora nada ha podido con ella. Sin embargo, el pasado 27 de marzo May reconoció que su mandato puede estar a punto de acabar. La primera ministra prometió al grupo de diputados conservadores “rebeldes” que dimitiría de su puesto si el Parlamento aprueba el pacto del Brexit negociado por ella con Bruselas. Una especie de sacrificio que permitiría buscar a un nuevo líder e iniciar la siguiente fase en las relaciones con la Unión Europea.

Desde entonces, la carrera por liderar el Partido Conservador se ha hecho evidente. El principal candidato al puesto es Boris Johnson, exalcalde de Londres y exministro de Asuntos Exteriores. En Reino Unido goza de una gran popularidad. Ni sus salidas de tono como ministro, ni sus artículos incendiarios le han hecho perder popularidad entre las bases euroescépticas.

Tampoco sus cambios de opinión sobre el Brexit han mermado sus posibilidades de llegar alto. Aunque durante la campaña del referéndum mostró sus dudas sobre si era mejor o no seguir en la UE, acabó siendo el cabecilla de los Brexiteers e intentó ser candidato a primer ministro, junto a Theresa May y Andrea Leadsom. Sin embargo, la falta de apoyo en el último momento de su amigo Michael Gove, por entonces ministro de Educación, le hizo caerse de la lista final.

El sistema de elección del líder conservador tiene pros y contras para Johnson. Primero, los más de 300 diputados del Partido Conservador deben elegir dos candidatos. En este sentido, Boris puede pasarlo mal, ya que todos los pro-europeos y moderados del grupo parlamentario (y algunos euroescépticos) harán lo posible por alejarle de Downing Street al considerarle un ambicioso sin escrúpulos.

Pero si llega a la final frente a cualquier rival, el ex alcalde de Londres tendrá muchas opciones de ganar, ya que la decisión la toman los poco más de cien mil militantes que le quedan al Partido conservador, en su mayoría partidarios acérrimos del Brexit duro que ahora defiende Johnson.

A estas alturas del combate, el único que puede toparle a Johnson es el actual ministro de Exteriores, Jeremy Hunt. Conocido por ser el exministro de Salud más longevo de la historia, vivió la primera huelga de médicos en 40 años, pero también logró convencer a May de inyectar 20,000 millones de libras (25,000 millones de euros) en el sistema británico de salud (conocido como NHS). Aunque hizo campaña para permanecer en la UE, tras el referéndum se convirtió en un férreo defensor del Brexit, algo que muchos no le perdonan. Aún así, su estilo y su fama de ministro eficaz le pueden valer muchos votos en unas elecciones.

Sea cual sea el vencedor de la contienda, el premio de liderar el partido está envenenado. El ganador tendrá que seguir negociando con la UE la segunda fase del Brexit (si llega a producirse), que consistirá en fijar la relación comercial futura, algo que se promete duro y muy complejo. A la vez, tendrá que enfrentarse, muy posiblemente, a unas elecciones generales sin apenas tiempo de darse a conocer entre el gran público. Y por último deberá intentar mantener la unidad del partido, algo que hoy por hoy parece casi imposible.

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