Sin seguridad, ni Refundación ni 4T

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Los gobiernos, estatal y federal, mantienen su comunicación institucional anclada a los conceptos de marca que utilizaron durante sus respectivas campañas: “La Refundación de Jalisco” y “La Cuarta Transformación de México”.

A casi cuatro meses de haber iniciado las nuevas administraciones parece que las grandes pretensiones se comienzan a diluir para convertirse en simples membretes que se mantienen para fungir como recipiente de las acciones, proyectos y políticas que se van presentando en el día a día. Como se trata de “transformar” y “refundar”, entonces todo cabe, porque todo tiene un destino y una razón que lo justifique.  

Ambas estrategias de comunicación apelaron al hartazgo de la población y a la idea de desmontar, desde sus cimientos, un “sistema podrido” que requería cirugía mayor para dar resultados y para propiciar mejores condiciones de vida a la gente de Jalisco y del país entero. Entre esas condiciones estaba implícita, por supuesto, la seguridad. La inseguridad movió voces, conciencias, anhelos y por supuesto, votos.

Sin embargo y más allá de apreciaciones teóricas, hay una verdad ontológica alrededor de la concepción moderna de Estado: si no es capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos entonces el estado no tiene argumentos para existir. La seguridad física de las personas es la razón sustancial, lógica e histórica de que existan las instituciones políticas, tal cual las conocemos el día de hoy. 

Si no tenemos seguridad es prácticamente imposible que el Estado pueda cumplir con el resto de sus responsabilidades.

Acá en la realidad, la vida cotidiana de las familias de Jalisco y particularmente las de la zona metropolitana de Guadalajara, transcurre entre el fuego cruzado de la “Cuarta Transformación” y la “Refundación”. Los problemas políticos, la falta de comunicación y la idea de lo público como un bien electoral, ha tenido terribles resultados para Jalisco en materia de violencia e inseguridad.

Las cifras, las “formas”, los métodos y la normalización de las muertes violentas, interpelan de forma directa el discurso y la comunicación gubernamental de los ayuntamientos metropolitanos, del gobierno de Jalisco y del gobierno federal.  En Guadalajara, por ejemplo, los meses de diciembre de 2018 y febrero de 2019 han sido los más violentos desde que existe un sistema de estadísticas en nuestro estado. 198 y 199 homicidios respectivamente.

En estas circunstancias los esfuerzos por arreglar las carreteras del estado, por llevar maquinaria agrícola a los municipios, por terminar la línea 3, por entregar mochilas y útiles se verán diluidos y minimizados ante el monstruo de la inseguridad, ese que acecha todo el tiempo, en la calle, en nuestra propia casa, en cualquier negocio, en un lugar público y en uno privado. 

El mensaje de la gente es claro. Sin seguridad no hay “Cuarta Transformación” y “Refundación” que valgan. La visita del presidente a Jalisco el próximo 5 de abril podría abrir la puerta a nuevos acuerdos que ayuden a mitigar el vértigo de sangre que se vive en la entidad. Esperemos que así sea…

EtiquetaJuan Luis
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