¿Qué le pasó a Falcón?

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Hace apenas unos meses el caricaturista político Falcón fue merecidamente homenajeado con el premio La Catrina, que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara entrega anualmente a cartonistas y moneros destacados a nivel internacional.

“Siento gusto y efusividad porque de alguna manera lo que se reconoce no es tanto mi persona, sino al periodista local, al de la historia regional, al de la historia de provincia. Lo que quiero es que quede como reconocimiento al periodismo local”, dijo tras conocer la feliz noticia y entrar con toga al exclusivo Parnaso de los moneros.

Pero Falcón recibió ese premio en las postrimerías de la fama que lo hizo acreedor al mismo, justo cuando el cochi empezó a torcer marcadamente el rabo en su trabajo que, de periodístico, dio paso a lo propagandístico sin pudor alguno.

Se olvidó de lo local, de la historia regional, de la historia de “provincia”, como presumía. Ahí está su obra reciente de muestra, sólo falta que cualquiera le eche un ojo y verá la tirria evidente bajo consigna que trae un día sí y otro también en contra de AMLO y todo lo que huela al nuevo régimen que gobierna el país.

Director editorial de la versión jalisciense del diario Crónica, locutor consentido en Radio Universidad de Guadalajara, para el monero con aires de filósofo la comodidad de los cacicazgos que le pagan muy bien y la llegada a su sexta década de vida, le hizo virar el ojo crítico, cáustico y preciso que le valió la fama, para enfocar la retina en el billelle. Pop-eye, pues.

La Crónica, como ocurre en muchos diarios por desgracia, es un monigote propagandístico de sus dueños, con una bandera dizque informativa que ondea dependiendo del viento que impere. Recordemos que pertenece a los Kahwagi, esa millonaria familia libanesa tan ligada al poder y al SNTE de Elba Esther Gordillo.

En la FIL de 2018, Falcón recibió el reconocimiento La Catrina.

Ahí Falcón cayó en blandito, respondiendo directamente al bicéfalo Jorge Kahwagi padre e hijo, dando bandazos a favor del PVEM o del Panal, dependiendo la temporada política por la que atraviesen los patrones libaneses, maltratando y malpagando a reporteros y personal de redacción, haciendo más precaria la ya de por sí escasa estabilidad laboral de los periodistas.

Y no lo digo yo, lo dicen quienes han trabajado para él ahí, varios de ellos amigos personales y profesionales sin mella.

No se diga en su programa de radio Universidad, donde a partir de temas de reflexión Falcón ensaya sus mejores poses de librepensador pero no toca ni con el pétalo de una rosa al Licenciado (cuyas siglas son Raúl Padilla López) o al status quo de la burguesía dorada, con compensaciones a su silencio como el mentado homenaje de La Catrina, muy merecido pero por lo mismo lleno de conflictos de interés, al venir de una de las parcelas en las que cosecha el factótum universitario.

Pero punto y aparte de su labor como director editorial de La Crónica Jalisco o de locutor en radio UdeG, su trabajo como monero que es lo que lo llevó al lugar que ocupa dio lugar en años recientes a un Falcón parodia de lo que fue, una caricatura de sí mismo.

Para Falcón y sus monos no existen temas locales como el astronómico endeudamiento aprobado por el alfarismo, la inseguridad y los multihomicidios que rompen todos los récords, la totalmente fracasada gestión de Macedonio Tamez como encargado del gabinete de seguridad en el estado, el nombramiento del torturador Gerardo Octavio Solís como fiscal carnal, la desaparición de miles de habitantes del estado o del Instituto Jalisciense de las Mujeres por obra y designio de Enrique Alfaro, luz mayor y omnímoda del Club de Tobi que gobierna Jalisco.

Es decir, el dibujante ya no toca lo local como ostentaba cuando recibió La Catrina apenas el fin de año pasado. Para el monero no hay gobernador en Jalisco o ex rector que mangonea la UdeG que le merezca una crítica, un señalamiento, al menos un esbozo no sólo en los titulares del periódico que dirige sino en sus caricaturas monotemáticas contra el Peje.

Falcón, como me ocurrió a lo largo de mi vida en el periodismo que inició cuando a los 15 años (¡uhhh!) comencé a leer Proceso, cayó de mi gracia como cayeron Carlos Marín a quien tanto admiré como autor junto a Vicente Leñero del hoy anquilosado Manual de Periodismo, o como pasó con Jorge G. Castañeda, que se convirtió cuando llegó a viejo en la antítesis de sí mismo.

Ojalá Falcón regrese a la senda independiente, hace falta, ha sido un héroe periodístico de muchos incluido mío. No quiero que deje de criticar a AMLO, no importa que le haga cuanto mono en contra quiera, pero lo digo de verdad yo sí estaría encantado de disfrutar también su ingenio contra las muchas dagas locales que hoy le son invisibles.

PARTIDIARIO

Tirando a matar.- Los “protocolos” que el fiscal carnal Gerardo Octavio pone como justificante contra los balazos que le tiraron al regidor de Tlaquepaque por Morena, Alberto Alfaro García, muestran que la Fiscalía de la refundación es el mismo teatro para la misma función. Una camioneta sin logotipos, policías vestidos de civil y armados, le dan miedo a cualquiera. Yo habría reaccionado igual y habría huido, la verdad, con la inseguridad e impunidad campeante y lo jurado que me traen algunos, no me la pensaría dos veces. Máxime si recordamos que el 20 de julio del año pasado fue asesinado Zenón Cocula Fierros, regidor recién electo en Tlaquepaque también del partido Morena, en una agresión cuando, oh casualidad, circulaba en su vehículo y fue baleado desde una camioneta sin logotipos y con civiles armados de quienes lo único que se sabe es que lograron huir y no se ha dado con ellos…

Y ya con esta.- Un abrazo y muchos signos de admiración para Alfredo López Casanova, el escultor de la efigie de Fray Antonio Alcalde que en diciembre pasado inauguró como último acto de su gobierno el ex Aristóteles Sandoval en la rotonda de los jaliscienses ilustres. Sus mensajes cifrados y ocultos en el libro y pedestal de la estatua, que aparecieron justo en el primer aniversario de la desaparición de los tres estudiantes de cine “levantados” en Tonalá, son una muestra de que el arte ligado al activismo adquiere una trascendencia y significado mayor….

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