Alfaro, bajo la sombra de AMLO

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Para la mala suerte política del Gobernador Enrique Alfaro Ramírez, su ambición de ser Gobernador de Jalisco le tocó justo en el mismo periodo que un político heterodoxo como Andrés Manuel López Obrador, ganó la Presidencia de la República.

Ahora que en estos días se cumplen los primeros 100 días de gobierno, uno como Presidente y otro como Gobernador, se alcanza a dimensionar la pesada sombra que el gobierno de López Obrador ejerce en la Gubernatura, y por tanto en el proyecto político futuro, de Enrique Alfaro.

Un breve repaso por su trayectoria en los cargos públicos que ha ocupado, muestra que Enrique Alfaro ha buscado como estrategia política, confrontarse con actores del escenario político de cierto peso. Veamos: como presidente municipal de Tlajomulco, su llegada al cargo estuvo marcada por el rompimiento y confrontación con el jefe del grupo político que controla la Universidad de Guadalajara (UdeG), Raúl Padilla López. Al tiempo que planteó la ruptura con el que llamó cacique de la UdeG, Alfaro mantenía un doble discurso frente el entonces Gobernador panista Emilio González Márquez: de crítica discursiva, pero de apoyo y alianza en los hechos. Este juego de cuestionamiento real a Raúl Padilla y el juego doble con Emilio González, lo catapultó en la política local convirtiéndolo en candidato a Gobernador de un partido prácticamente inexistente (Movimiento Ciudadano) pero que casi vence a su oponente, el priista Aristóteles Sandoval Díaz.

Alfaro perdió la elección de 2012, lo que no le impidió seguir haciendo política en los primeros tres años del anterior sexenio. Como se puede recordar, Alfaro se convirtió en el líder de la oposición al priista de Aristóteles Sandoval y de hecho, uno de los episodios más recordados de ese periodo fue la campaña de férrea oposición a la deuda que el gobierno entrante quería contratar. Paradójicamente ahora Alfaro inaugura su sexenio contratando 5,250 millones de pesos en deuda.

Entre la fecha que perdió la elección y la fecha de las siguientes elecciones para la presidencia municipal de Guadalajara (decidido como su siguiente objetivo político) Alfaro se convirtió en el más firme opositor al gobierno estatal.

Y le dio un gran rédito político, de modo que ganó cómodamente la Alcaldía.

Como Alcalde tapatío, el poder de Alfaro creció y prácticamente se convirtió en un co-poder estatal, siempre como adversario del PRI y del Gobernador Aristóteles Sandoval. La elección para Gobernador del Estado el año pasado no fue tan cómoda como la elección de presidente de Guadalajara en 2015, pero la ganó con ventaja.

Todo este recuento es pertinente para poner en contexto cómo, de modo equivocado, Alfaro, su círculo interno y sus asesores creyeron que podían repetir la estrategia, pero potenciada: colocarse como el principal adversario del recién electo presidente López Obrador, de modo de empezar a colocarse en los medios informativos y en la opinión pública nacional como el principal crítico del nuevo Presidente. Creyeron que esto lo catapultaría como líder opositor y empezaría su carrera por la candidatura presidencial de 2024.

Pero esta estrategia ha sido un fracaso, al menos por ahora. Probablemente ni Alfaro, ni su círculo, ni sus asesores esperaron que López Obrador ganara con tal contundencia, y que el arranque de su gestión mantuviera niveles de popularidad que rozan el 80 por ciento (los de Alfaro son menores a 40 por ciento).

No contaron con el acelerado arranque de gobierno de López Obrador que en realidad empezó a tres días de las elecciones, y que se aceleró apenas tomar posesión de Palacio Nacional el pasado 1º de diciembre.

La estrategia política, sus planes y programas sociales y su forma personal de gobernar han convertido a López Obrador en un hoyo negro de la cobertura política: atrae toda la atención mediática. Con sus conferencias de prensa mañaneras, combinadas con las giras pie a tierra en los Estados de la República, el Presidente no sólo acapara titulares, al mismo tiempo acapara agenda e iniciativa política.

El resto de actores de la clase política profesional viven bajo estos ritmos de producción política que los opaca y los mantiene bajo su sombra. Alfaro no es la excepción.

El mejor ejemplo son los extraordinarios días de desabasto de gasolina provocado por las acciones del Gobierno Federal de combatir el huachicol. De modo erróneo, Alfaro creyó que la crítica por la molestia a las largas filas para cargar gasolina en la zona metropolitana de Guadalajara y otras ciudades de Jalisco, podría convertirse en un desafío exitoso contra López Obrador, y resultó todo lo contrario. A pesar de los inconvenientes del desabasto, combatir el huachicol es una de las acciones más populares del gobierno de la autonombrada Cuarta Transformación.

De modo que en sus primeros 100 días de gobierno, Alfaro se ha visto obligado a permanecer bajo la sombra de la popularidad y alta legitimidad que mantiene López Obrador. Y este escenario, totalmente distinto a los que tuvo como Alcalde de Tlajomulco, líder de Movimiento Ciudadano y Presidente de Guadalajara, le modifican la estrategia planteada como Gobernador en su objetivo de buscar la candidatura presidencial de 2024. Alfaro tiene todavía 2090 días para desentrañar este escenario político, pero lo más probable es que siga actuando bajo la sombra de López Obrador y proyecto político que pretende convertirse en el partido hegemónico en México, por un largo periodo de tiempo.

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