El Gobernador en su laberinto

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Enrique Alfaro vive un momento de inflexión en su carrera política. El Gobernador de Jalisco está frente a un laberinto que tiene infinidad de posibles salidas, algunas de ellas falsas y peligrosas, como siempre sucede en estos lugares de trampas y encrucijadas.

Alfaro y un reducido equipo de colaboradores han sido muy eficaces en el terreno electoral, hasta el día de hoy. Diputado local, Presidente Municipal de Tlajomulco de Zúñiga, Presidente Municipal de Guadalajara y Gobernador de Jalisco, todo, en un lapso de 11 años. Estos resultados reflejan habilidad, destreza y una enorme capacidad para leer y entender escenarios políticos.

La estrategia electoral del “alfarismo” ha tenido sustento en un modelo de comunicación muy simple y, por lo tanto, efectivo: 1) Elegir un enemigo al que se le pueda combatir y ganar en términos simbólicos; 2) Generar una historia (storytelling) que enaltezca su liderazgo frente al del enemigo en turno; y 3) Justificar sus propios errores y omisiones al amparo de esta narrativa amigo-enemigo: categoría dicotómica que el pensador ultraconservador y nacionalsocialista alemán, Carl Schmitt, utilizaba para explicar “la política”.

“El enemigo es simplemente el otro que está en contra de mi posición”, esta frase de Carl Schmitt coincide, en buena medida, con el corazón de la narrativa de Enrique Alfaro en estos últimos años.  Así, la lista de “enemigos” seleccionados de forma minuciosa, ha sumado al PRI, al PAN, al PRD, a Raúl Padilla López y a todo el Grupo Universidad; al ex Gobernador Aristóteles Sandoval, al ex Presidente Enrique Peña Nieto y al actual Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

SIN EMBARGO, UN ERROR FUNDAMENTAL DE TODA ESTRATEGIA ES SUPONER QUE ES INFALIBLE. ALFARO Y SU EQUIPO SE EQUIVOCARON EN DOS TEMAS SUSTANCIALES…

1) Elegir a su más reciente enemigo.  Infirieron, erróneamente, que al enfrentar a Andrés Manuel López Obrador los jaliscienses respaldarían su posición y se pondrían del lado del Gobernador. Esto no sucedió. Ni después de su faraónico pronunciamiento frente a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, ni durante la crisis de abasto de combustible.

2) Mantener un discurso de confrontación cuando ya tienen el Gobierno del Estado.  La gente de Jalisco le está exigiendo al Gobernador que lleve a la práctica las promesas que durante una larguísima campaña esgrimió como banderas; promesas y acusaciones que fustigaban a los gobiernos Federal y Estatal, a los partidos y a los políticos de siempre; a la burguesía dorada de la Universidad de Guadalajara, a los omisos, a los caciques, a los corruptos, a los incapaces. En pocas palabras, la campaña política de 11 años terminó y la ciudadanía de Jalisco espera resultados de inmediato.

Sumado a lo anterior, MC también le ha abonado a la crisis de su líder. Es un partido sin identidad propia, sin mística política. Han vivido en la cómoda indefinición. No son de izquierda, no son de derecha, aunque a veces parece que sí. Arremeten contra la prensa y contra los empresarios cuando no coinciden con su versión de la realidad: se ocultan cuando en el centro del debate están presentes temas como la legalización del aborto y la mariguana y la formalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

A estas alturas queda claro que Enrique Alfaro ya no representa lo mismo: no comunica con la misma fuerza, ha perdido credibilidad y legitimidad, quizá porque él y su partido sólo se han preocupado por demostrar capacidad electoral pero no cualidades para gobernar y para afrontar los principales problemas que padece el Estado y los municipios que han tenido bajo su control durante varios trienios. Las mediciones y estadísticas así lo reflejan.

La más reciente encuesta nacional de Arias Consultores refleja el ánimo que tiene el Gobernador entre los ciudadanos de Jalisco: el 67.7% no aprueba su gestión. Datos muy relevantes y alarmantes, para un Gobierno que acaba de iniciar y que llegó con una gran expectativa.

Hoy Alfaro parece pasmado, petrificado, aislado. Con un Presidente sumamente popular y hábil, no tendrá un adversario a modo que pueda manipular y del que pueda sacar provecho en el juego de escenarios políticos. Aunado a esto, Alfaro tiene una gran presión ciudadana que lo obligará a intentar dar resultados en el corto plazo para no seguir cayendo de la gracia de los ciudadanos.  El Gobernador está inmerso en un laberinto que él mismo construyó. Veamos si logra salir de él…

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