La reculación

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Apenas el 3 de julio del año pasado los resultados electorales en la entidad llenaban de explosiones de confeti y fanfarrias los corazones pintados de naranja. El grupo político encabezado por Enrique Alfaro había logrado ganar la elección a Gobernador de Jalisco con 39% de los votos. 39 de cada 100 votantes habían dicho Alfaro.

Esto equivale a un millón 354 mil sufragios, un aumento de 193 mil en comparación a su contienda con Aristóteles Sandoval.

Creció en Jalisco pero, ¿cómo le fue el municipio donde gobernó?

Su paso como candidato a Guadalajara en 2015 fue aplastante, ¿se acuerdan? Obtuvo cerca de 50% del conteo. Su sucesor, Ismael Del Toro, llegó a la Alcaldía con 285 mil 663 votos, 36% de los sufragios emitidos, 14% menos. Los naranjas perdieron el apoyo de 51 mil 634 tapatíos bajo la dirección de Enrique Alfaro. Algo está podrido en la Calzada.

Es comprensible, el munícipe Alfaro estaba en campaña estatal, tal como hoy el Gobernador está en campaña nacional.

Hace unos días, Publimetro publicó una encuesta que señala que actualmente Enrique Alfaro tiene una aprobación de 34.3% entre sus gobernados. Entonces, ¿estamos hablando de una caída de 4.7 puntos en comparación con el 39 con el que ganó la elección? No, porque una cosa son los gobernados y otra los que votaron en un proceso, son dos cosas distintas.

Además dos detalles: la encuesta fue realizada a nueve mil personas vía Facebook y es nacional, lo que nos habla de una muestra muy chiquita y también, Arias Consultores señalaba el 24 de Junio del año pasado que Enrique Alfaro (de la coalición, no coalición, sí coalición, medio casi coalición PAN, PRD, MC) lideraba con 32%, seguido por un Miguel Castro del PRI con 30% seguido por Carlos Lomelí de Morena con 29.6 %. El sondeo anunciaba un final de fotografía que sólo existía en la imaginación de los encuestadores.

Entonces, la encuesta, como todas, (unas más, otras menos) genera dudas y algo de brújula, nos indica algo a pesar de detalles de confiabilidad. ¿Qué?

A Alfaro no le ha ido bien en su plan. Reducir un poco su votación en Guadalajara a cambio de crecerla en Jalisco no era una mala apuesta, como descuidar un poco Jalisco para crecer a nivel nacional pudo haberle parecido lógico cuando salió como todo un Prisciliano Sánchez a anunciar que defendería a Jalisco de los abusos de la Federación, que aquí sí castigarían a los corruptos y luego creo que pidió otros ocho tacos de lengua con todo.

Pero, ni todos los días son domingo, ni todas las estrategias políticas pueden durar para siempre.

Más allá de la encuesta y su credibilidad, es cierto que se pueden leer los signos, las nubes de la tormenta que se anuncia en esa medición. Un gobernador enojado que “no contesta estupideces”, que nos dice que tiene la buena noticia que la ola criminal de la ciudad está siendo contenida porque se robaron cinco pesos menos que hace un año (no dijo eso, pero fue casi igualito de ridículo) y que si la gente se siente insegura es porque los obcecados y malvados medios, a los que tan cómodamente llegó a llamar basura, se niegan a aplaudir, a señalar que todo va viento en popa y por que la prensa es un ave que canta tormenta es que no avanza su gobierno en credibilidad.

Pero, ¿no será que desaparecer el Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM) con bravatas tuvo un costo, que gritar no tenemos gasolina, no tenemos dinero, AMLO nos trata mal, no nos vamos a agachar y no hacer nada, tuvo un costo y un desgaste?

¿Será que la estrategia de confrontación directa con el Presidente no le generó el aplauso nacional que esperaba y que quería?

¿A qué fue a conocer los muebles de Palacio Nacional?

¿Porqué tanto gusto cuando le mostraron las finas cortinas de la sala?

Si vemos cambios en las formas, en la estrategia, y se desdicen de deshacer el IJM o se inventan una maroma para medio desdecirse, si la política recaudatoria de llevar a los autos a talleres para cobrarles en 500 pesos una calca se va retrasando, si la nueva constitución nomás no llega es que refundación inicia el proceso de reculación (del verbo intransitivo que indica andar hacia atrás).

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