“Es entre ellos”

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Al principio fue el verbo. La palabra todo lo transforma. Las palabras convertidas en frases pueden modificar la realidad. La realidad es maleable, suele ajustarse a la modulación de la voz de quien detenta el poder.

Porque la función transformadora de las palabras también tiene que ver con el poder, por supuesto. Para ello se inventó el púlpito, el estrado, el nivel mas alto del suelo, para que el poder de la voz resalte sobre los demás.

El sacerdote, el político, el profesor y el capataz de la empresa lo entienden bien. Unos mejor que otros. Pero todos saben que quienes los escuchan, esperan oír de la boca de quien les habla, palabras, verdades, destinadas a transformar su vida.

La gente escucha por medio del sacerdote a la divinidad; de la voz del maestro surge el conocimiento, en los gritos del capataz está el patrón y su dinero, y con la voz del político se expresa…

¿Quién se expresa por medio de la voz del político? ¿Quién está detrás de sus palabras, sus gestos, sus modulaciones? ¿De dónde vienen sus verdades? Porque nadie va a negar que los políticos solo hablan con la verdad. Ninguno miente. Son incapaces de hacerlo. Si lo hicieran, la gente ya no votaría por ellos.

La verdad surgida de la voz de un político expresa una voluntad. Claro, para quienes vivimos en una democracia, el político es nuestro representante, el vocero de nuestra voluntad, la correa de transmisión de nuestras decisiones. Por medio de ellos, de su voz convertida en la nuestra, es posible transformar la realidad.

Cuando un estado como Jalisco se llena de muertos, de muertos asesinados, personas que encuentran el fin de sus vidas por medio de una acción violenta, entonces decimos que en el Estado de Jalisco se vive una realidad impregnada por la violencia, por la prevalencia del mal, por la inseguridad y el miedo. Una tragedia.

Bueno, depende. Stalin y Camus, dos hombres en las antípodas el uno del otro, coinciden al decir, palabras más, palabras menos, que un hombre asesinado es una tragedia; tiene un rostro. Cien mil hombres asesinados se convierten en una estadística. Pierden el rostro de lo humano.

LOS MUERTOS EN JALISCO NO TIENEN UN ROSTRO PARA NOSOTROS. SON LOS MUERTOS DE SUS FAMILIAS, DE SUS AMIGOS, DE SUS NOVIAS O NOVIOS, DE SUS VECINOS.

A ellos les duele y están en su memoria. Nosotros los ignoramos, nos da miedo reconocerlos como nuestros.  Los muertos de Jalisco no son una tragedia, los hemos convertido en una estadística. Por eso los políticos buscan darle a sus cifras, a sus estadísticas, la fuerza de la verdad.

“Es entre ellos” es una frase empleada desde el poder, y  por nosotros en consecuencia, como la llave mágica para acceder a la irresponsabilidad sin aceptarlo. Con ella el gobernador limpia su ineptitud para resolver el grave problema de la violencia en nuestro estado y nosotros limpiamos nuestra conciencia.

“Ellos” no son ciudadanos, según el gobernador, ni son ninguno de nosotros, según nosotros.

Son muertos que no pertenecen ni al estado ni a la sociedad.

Dejémoslo así. Ya podemos comenzar a Refundar el Estado.

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