L3: rehén del conflicto Alfaro-AMLO

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La Línea 3 del Tren Ligero es la obra civil más grande de la historia reciente del estado y probablemente la más ambiciosa y cara que se haya construido en el estado de Jalisco. Es una obra que cruza, como una cicatriz, la zona metropolitana de Guadalajara.

Cuando arrancaron las obras en agosto de 2014, se prometió que concluirían en cuatro años y al iniciarla se anunció un costo de más de 17,000 millones de pesos (mdp); hasta ahora se han invertido más de 30,000 mdp.

El proyecto ha alterado radicalmente el ritmo cotidiano de la ciudad pues la construcción de la Línea 3 ha significado el más drástico reordenamiento de rutas de movilidad, cierre de calles, excavación y manejo de desechos, frentes de obra abiertos al mismo tiempo y duración de la misma.

Todo eso ha producido consecuencias no anunciadas o no planeadas. La construcción de este megaproyecto de movilidad urbana ha afectado a millones de personas: directamente ha afectado a decenas de miles de vecinos aledaños al trazo de la obra con repercusiones directas desde impedimento de entrar por la forma habitual a sus colonias hasta las afectaciones que han generado inundaciones en la colonia Alcalde Barranquitas y hundimientos en la Unidad Modelo.

A lo largo del trazo de la construcción de la Línea 3, cientos de comerciantes han visto mermadas sus ventas o de plano afectados sus negocios al puntos de cerrarlos.

La drástica alteración de la vida urbana en los entornos de la construcción de la Línea 3 ha generado un fenómeno que seguramente no escapó a la previsión de sus diseñadores: un reordenamiento del suelo urbano de enormes proporciones. Decenas de barrios y colonias han visto deprimirse sus plusvalías al arranque de la obra, las mismas que luego podrían ver alzas en el costo de sus propiedades al término de la obra. Esta fluctuación del mercado inmobiliario ha sido aprovechada por empresarios del ramo para comprar barato y especular con el suelo urbano con más alta plusvalía luego del término de la obra;  seguramente en colaboración de políticos y funcionarios enterados de los trazos y de los planes de reurbanización de los gobiernos.

La apuesta de los gobiernos de Enrique Peña Nieto (federal) y de Aristóteles Sandoval Díaz (estatal) era que la obra pudiera estar terminada antes de las elecciones presidenciales y por la gubernatura del 1º de julio de 2018. Si así hubiera sido, la habrían presumido como un gran logro de sus administraciones para una lucrativa rentabilidad electoral.

No fue así, como sabemos, y entonces echaron a andar el plan B: tener lista la obra antes de terminar sus respectivas gestiones: el 30 de noviembre en el caso de Peña Nieto y el 5 de diciembre (2018) en el caso de Aristóteles Sandoval.

En un intento desesperado por cerrar su administración “entregando” estas obra a los tapatíos, Peña Nieto y Aristóteles Sandoval citaron a un evento poco común en la historia de las obras públicas: un evento formal para “poner en marcha las pruebas de la Línea 3”. Fue un evento patético y fallido.

EL PRESIDENTE Y EL GOBERNADOR FORZARON A LOS TÉCNICOS Y RESPONSABLES A MONTAR UN SHOW PARA SIMULAR QUE LA OBRA YA ESTABA CASI A PUNTO DE FUNCIONAR, PERO SIN FUNCIONAR DEL TODO, COMO AHORA SABEMOS.

La administración del presidente Peña Nieto terminó el 30 de noviembre del año pasado y la de Aristóteles Sandoval el 5 de diciembre del mismo año y al día siguiente asumieron Andrés Manuel López Obrador y Enrique Alfaro Ramírez.

Y de pronto en el relevo de administración, lo que era una de las grandes obras de infraestructura para los gobiernos federal y estatal quedó como un huérfano: sin un padre o madre que lo reclamara. El gobierno de López Obrador le asignó para este año mil millones de pesos que no se han ejercido porque antes se está revisando cómo se gastaron casi 30,000 mdp, según declaró el delegado del gobierno federal en Jalisco, Carlos Lomelí.

En tanto que el gobernador Enrique Alfaro denunció diversas irregularidades y defectos en la obra como el desgaste prematuro de los neoprenos (especie de amortiguadores en los trabes y pivotes que sostienen el trazo aéreo de la Línea 3) y dijo que se necesitan al menos 4,000 mdp para terminar este proyecto de transporte vital para la zona metropolitana de Guadalajara.

Tres meses después de que Peña Nieto y Aristóteles Sandoval encabezaran el evento de la falsa inauguración de la Línea 3, la suerte de este obra es incierta. Y la incertidumbre se agrava por las evidentes diferencias políticas entre el nuevo gobierno federal y el nuevo gobierno estatal.

De manera irresponsable el gobierno de López Obrador deja a un lado de sus prioridades una obra pública vital para la zona metropolitana de Guadalajara cuya inversión supera los 30,000 mdp.

En tanto el gobernador Enrique Alfaro exige en declaraciones a medios al gobierno federal que resuelva esta obra pendiente, pero no parece asumirla como un problema suyo con el que tenga qué lidiar.

Todo indica que la terminación de la Línea 3 quedó como un rehén del conflicto político que mantienen (cada vez más abierto) López Obrador y Enrique Alfaro. Sus pleitos políticos por rentabilidad electoral nos cuestan a toda la sociedad.

Si los anteriores gobiernos hubieran hecho bien su trabajo ahora y si los actuales no retrasaran la solución por sus diferencias, en este momento estaría funcionando una línea de transporte masivo que transportaría más de 233 mil pasajeros diariamente.

Pero no ocurre así, lo que muestra que las formas de cómo la clase política resuelve sus diferencias es ajena y hasta nociva para la sociedad que paga las obras y la reproducción de la misma clase política.

Los asuntos que para una sociedad deberían ser esenciales, como terminar una obra vial que brindaría servicio a cientos de miles de pasajeros, queda como rehén o en el abandono por la pelea de los grupos políticos. Debemos poner un alto al descarado usufructo de las necesidades y recursos de toda la sociedad manejado por las camarillas políticas.

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