Refundar es copiar y pegar

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Está bien que quieran trascender en la historia y que busquen que se les recuerde como Enrique Prisciliano Sánchez Defensor del Federalismo, primero, y ahora como Enrique Venustiano Alfaro Carranza quien llamó al constituyente y reformó el Estado pero ¿está el horno para esos bollos retóricos? Veamos:

Ahorita está claro que no podemos acabar con la inseguridad y ante una ola de violencia brutal preferimos decir que se trata justamente de ajustes entre grupos criminales, como si eso justificara y resolviera de un modo definitivo el problema, como si “se están matando entre ellos” fuera una suerte de amparo, de escudo y de justicia. Los muertos no valen porque son “sus muertos”, son los de ese estado paralelo que está en el estado de Jalisco pero quién sabe bajo qué conjuro lingüístico los hacemos desaparecer en la oscuridad de las estadísticas llamándolos los malos. Los malos cuando mueren no cuentan como muertos, cuentan como malos. ¿Y qué los hace malos? La saliva de los poderes en turno.

¿Qué necesitamos para arreglar esto? ¿Una fiscalía autónoma? Nooombre… ¿Cómo? Necesitamos una nueva constitución. Seguro el libro será tan gordo, tan grueso, que va a parar las balas.

No podemos acabar la Línea Tres del Tren Ligero porque no hay dinero. Podemos sin embargo ya instalados en el franco disparate, prometer una línea cuatro que tampoco se va a hacer porque no hay dinero, decir que vamos a pedir prestado para eso aunque no hemos terminado de pagar la línea dos que en realidad es la línea uno y medio porque es súper pequeñita y le faltan vagones, pero lo que necesitamos no es resolver en lo absoluto el estercolero de la movilidad. No. Lo que hace falta es entrar a la Historia con mayúscula convocando a un nuevo constituyente porque eso sí está sencillísimo de hacer y claro es más urgente.

No podemos resolver la crisis de desabasto de gasolina porque no nos toca pero si podemos hacer un mitote de padre y señor mío que busque por todos los medios sacar raja política del problemón y decir que el presidente que sale todos los días a dar la cara en la madrugada no da la cara y luego, cuando se regularice mediante un esfuerzo transversal, podemos salir a decir que fue porque nosotros gritamos que hacer fila era inaceptable, que se perdieron miles de millones de pesos de acuerdo a un cálculo inexistente e incomprobable, a una cuenta china pues. Sabemos hacer cuentas chinas.

Hacer fila es inaceptable, lo peor de la miseria y el fin del Estado pero no podemos resolver las filas que se generan diariamente en López Mateos (por mencionar una avenida) y que hacen que vivir en ciertas zonas de la ciudad sea un infierno de ida y de regreso a casa todos los días. Esos embotellamientos eternos y cotidianos sí le corresponde resolverlos al Gobernador y al Gobierno del Estado y yo creo que por eso esas filas no ofenden a nadie, es más hasta han de ser prueba de que hay progreso. De la fila del camión ni hablamos, esa todavía no existe en los ojos de la Refundación porque en las gasolineras nadie carga pasaje.

Claramente esto demuestra que necesitamos un constituyente y una constitución, que diga en sus primeros artículos que la gasolina tiene terminantemente prohibido dejar de llegar al estado de Jalisco con la puntualidad que merece la entidad federativa en cuestión y que estar atrapado en un embotellamiento y esperar el camión con estoicismo son deberes cívicos.

Ni siquiera podemos intentar dialogar con los colectivos feministas para llegar a un acuerdo en torno a la forma en que se desaparece el Instituto Jalisciense de las Mujeres, (suponiendo que tuviera que desaparecerse), hubo que darles madruguete en el más puro estilo de la imposición, con el uso de la fuerza, con la aplanadora de la que se quejan en lo federal pero usan con singular alegría en lo estatal y así, con esas formas ¿Vamos a convocar, es en serio, a un grupo de notables que abroguen la constitución y hagan otra?

¿Para qué?

¿Porqué hacer una constitución de Jalisco nueva es más importante que ordenar el transporte, por ejemplo o que resolver la seguridad o que atender a los grupos vulnerables?

Ah es que si no hacemos una constitución nueva no se puede.

Por cierto, y discúlpenme por la extensión del anexo que aquí comparto, pero, según explica Humberto Nogueira Alcalá[1], en un artículo para la Revista Mexicana de Derecho Constitucional (Núm. 36, enero-junio 2017), hay una serie muy formal de asegunes, pasos, exigencias y formas para hacer reformas constitucionales, ya no se diga formar un constituyente y hacer una nueva constitución, porque no es como que el poder de reinventar el estado de Jalisco pueda ser convocado por el guantelete de Thanos o desde el territorio de la básica ocurrencia.

El señor explica que “Lo decisivo continúa siendo aclarar la transición del acto político a la norma jurídica. La voluntad, el mandato sólo puede convertirse en derecho, si  es seguido, si es reconocido, si es aceptado (“consentido”) como algo que debe tener vigencia. Esta aceptación es algo que tiene que producirse. La Constitución es, pues, lo normado por la voluntad constituyente y lo reconocido como vinculante por los sometidos a la norma”.

EL texto señala que tendríamos que estar de acuerdo en que el momento histórico requiere este nudo gordiano neoconstitucional, luego ponernos de acuerdo nosotros, el pueblo, en quienes reconstitucionarían la constitución, luego ponernos de acuerdo en las urgencias y luego en las normas, para finalmente escribirlas y aplicarlas (estoy turbo simplificando).

Esto sin contar un laberinto de complejidades jurídicas que me obligan a preguntarme:

¿no será más fácil ponerse a trabajar bajo el marco jurídico establecido?

Les dejo el link al artículo completo. Dios nos agarre refundados.

https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/cuestiones-constitucionales/article/viewFile/10868/12955

POSTDATA: Una nota en el Universal señala que buena parte de lo redactado en la fundamentación de la refundación de la constitución (el trabalenguas es adrede) es plagio de una tesis doctoral de Gerardo Ballesteros de León. Tesis que por cierto, de fondo, contradice la peregrina idea de que sea posible refundar la constitución.

Ni Varguitas, en La Ley de Herodes, se atrevió a tanto.

[1] (Doctor en derecho por la Universidad Católica de Lovaina La Nueva, Bélgica. Profesor titular de Derecho constitucional de la Universidad de Talca y director del Centro de Estudios Constitucionales de Chile de la Universidad de Talca. Director del Doctorado en Derecho de la Universidad de Talca. Presidente de la Asociación Chilena de Derecho Constitucional. Vicepresidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal Constitucional y miembro del Consejo Directivo de la Academia Judicial de Chile).

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1 comment

  1. Arturo Lozano 6 febrero, 2019 at 18:52 Reply

    El gobernador Alfaro, cada vez se asemeja más en su delirios mesiánicos a Adolf Hitler !!
    O será que cualquier parecido con el es pura coincidencia ?

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