Mal comienza la Refundación de Alfaro

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Por donde quiera que se le mire, la administración del gobernador Enrique Alfaro Ramírez ha arrancado mal. El arranque del primer gobierno del partido Movimiento Ciudadano es una crónica de sucesivos tropiezos políticos. 

Esta sucesión de desencuentros políticos en realidad empezó poco antes de que Enrique Alfaro asumiera formalmente como gobernador con la conferencia de prensa en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres reclamando agriamente al gobierno federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador un renovado centralismo y que no se hubieran aprobado recursos en el presupuesto federal para los cuatro proyectos estratégicos que él propone para el estado: saneamiento del río Santiago, construcción de la línea 4 del Tren Ligero, la presa El Purgatorio y el macrolibramiento de Puerto Vallarta. 

El gobierno de Alfaro arrancó con una errática estrategia de seguridad en el momento más alto de la guerra que se vive en Jalisco. Se presentó de manera incompleta un plan contra la inseguridad debido a que querían conocer la estrategia federal. Y luego Alfaro cometió la pifia de criminalizar a los asesinados en esta guerra al sostener que se mataban entre ellos (los supuestos criminales). 

En el tema central de armar una estrategia para detener la desapariciones y encontrar la verdad sobre los ausentes, el gobierno de la Refundación ha recibido críticas de organizaciones de familiares por los montos presupuestales asignados a esta tarea y por el proceso para la elección del titular de la Fiscalía Especial para Búsqueda de Desaparecidos. 

Mal arranque también del gobierno de la Refundación en las resistencias de pueblos y comunidades ante megaproyectos con la segunda recomendación que la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco emitió sobre la presa de El Zapotillo. La recomendación fue un recordatorio de que los pobladores no quieren la presa y Alfaro lo que quiere es terminarla y que el agua se quede para el estado, y no se vaya a Guanajuato. En otras palabras, los pobladores de Temacapulín mantendrán la resistencia ante el gobierno de la Refundación. 

Si todo lo anterior no fuera suficiente, llegó el desabasto de gasolina a la zona metropolitana de Guadalajara y Jalisco antes de que Alfaro tuviera un mes en el cargo. La decisión del gobierno de López Obrador de combatir el robo de combustible (huachicoleo) afectó masivamente a los automovilistas de Jalisco durante las primeras tres semanas de enero de 2019. La postura de Alfaro de exigir cuentas al gobierno federal por este desabasto le ha generado críticas de quienes apoyan el plan contra el huachicoleo y ha obligado al gobernador a involucrarse y dedicar tiempo a un tema que ni siquiera tenía en su agenda de arranque de gobierno. 

Esta crónica de desencuentros políticos se abulta ahora con la pésima señal que el gobierno que propone la Refundación de Jalisco manda para colectivos y sectores feministas y de la sociedad civil con la desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM). Hay también crítica en los colectivos de la diversidad sexual sobre las políticas que se plantean para este sector de la población. 

Pero más allá de los factores externos, es decir, que no controla o decide Alfaro y su equipo cercano, hay errores de mensajes y estrategias del propio gobierno de la Refundación. 

Un buen ejemplo es el debate sobre la desaparición del IJM.

En todo momento las funcionarias o legisladoras de MC que defendieron esta propuesta (Bárbara Casillas, Fela Pelayo o Mirza Flores) no explicaron con sencillez y claridad por qué su propuesta era mejor. Usaron conceptos supuestamente de avanzada y progresistas pero que se escuchan y entienden abstractos, elevados, impostados, como esa idea de la igualdad sustantiva. 

Añadido a esto, el equipo de gobierno de Alfaro se percibe entre anodino y descoordinado. Amén de las pérdidas que ha tenido el propio equipo compacto del gobernador, ya sea porque están en la Ciudad de México en otros cargos, o por purgas del círculo cercano alfarista. 

Y así se produce una combinación, sino mortal al menos, muy dañina para el proyecto de Alfaro: sus conflictos y desorden internos se juntan con su extraviada capacidad para comunicar ideas poderosas con claridad y sencillez. 

Alfaro, que renovó en los pasados cinco años la comunicación de la política profesional a través de sus propios mensajes en sus redes sociales evitando su dependencia de los medios de información tradicionales, ha perdido su principal activo: su capacidad de comunicar con sus propios medios y a través de esos mensajes entusiasmar y motivar a sus seguidores. 

Por ejemplo, su propuesta central de la supuesta Refundación política del estado tiene muchas deficiencias: no se entiende, no se comprende en términos sencillos y claros, no entusiasma a nadie salvo a quienes redactan los textos confusos y llenos de términos académicos. 

El problema central es que el proyecto de la Refundación en realidad no está refundando nada sino dando una limpieza de cara al mismo sistema político de siempre.  

El proyecto de MC perdió mucho de su atractivo como una propuesta renovadora, distinta a los partidos de siempre, con el ascenso de Wikipolítica encabezada por Pedro Kumamoto. Por eso Kumamoto molesta tanto a los emecistas. Les despojó de su carisma de políticos distintos

El proyecto de la Refundación y de Movimiento Ciudadano está a poco tiempo de convertirse, para la mayoría de la sociedad, en otro ensayo fallido de los mismos políticos de siempre. Está a un tris de ser más de lo mismo: igual que el PRI, que el PAN, que el PRD, es decir que toda la partidocracia tradicional que ha traicionado a la sociedad.  

Y esto ocurre porque el proyecto de la supuesta Refundación propuesto por Alfaro no es más que un botiquín de parches y aspirinas para un sistema político en decadencia y en crisis. 

No hay ninguna idea poderosa de cambio social como la de confederalismo democrático que se experimenta en Rojava al norte de Siria, o el ejercicio de la autonomía zapatista en Chiapas, o las ideas del comunalismo de Oaxaca. Ni siquiera se recuperan los ejercicios de democracia comunitaria que experimentan ahora y desde hace años los pueblos originarios de estos territorios, como la experiencia política de las asambleas comunitarias de los pueblos wixárikas. Con este comienzo, el gobierno de la autoproclamada Refundación se encamina a una renovación del mismo sistema político herido de muerte. Y ahí encontrará su derrota política. 

 

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