INMADUREZ Y OFENSIVA

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Venezuela conmemora este sábado los 20 años de la revolución bolivariana en medio de una compleja situación a nivel local e internacional, con Nicolás Maduro y Juan Guaidó proclamando al mismo tiempo ser el presidente legítimo del país.

La crisis política venezolana se ha visto rodeada de una mayor tensión internacional, debido al aterrizaje de varios aviones militares de Estados Unidos en el vecino país de Colombia. Las voces más alarmistas han interpretado el hecho como indicio de una posible intervención militar norteamericana. El gobierno estadounidense, con Donald Trump a la cabeza, reconoció rápidamente a Guaidó e instó a Nicolás Maduro a dejar el gobierno. Independientemente de las amenazas, Estados Unidos ha señalado que no planea invadir Venezuela. Pese a este pronunciamiento, contribuyó muy poco a la calma el que Trump se presentara recientemente ante la prensa sosteniendo una libreta donde se podía leer “5,000 tropas a Colombia”.

Bastante directo ha sido también el asesor de seguridad estadounidense, John Bolton, quien exhortó a Maduro a abandonar el poder y que “aproveche la amnistía” que Juan Guaidó ofreció a la cúpula chavista en caso de retirarse pacíficamente. En tal contexto, la comunidad internacional continúa su debate acerca del reconocimiento de Guaidó como presidente encargado. De particular importancia es el caso de la postura de la Unión Europea. Hay cierto consenso en torno a la necesidad de nuevas elecciones democráticas en el país sudamericano, pues se percibe que el último proceso electoral venezolano no fue transparente. Sin embargo, países como Italia han señalado que no pueden reconocer oficialmente a Guaidó porque “no ha sido elegido por el pueblo”. Ante la situación, Nicolás Maduro ha pedido a las Fuerzas Armadas “fortalecer la inteligencia preventiva”, indicando que su país atraviesa la “amenaza” más grande de su historia.

Por lo pronto, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha estimado que cerca de tres millones de venezolanos han abandonado su país a lo largo de las dos décadas de gobierno chavista. Francisco Sucre, presidente de la comisión de Política Exterior del Parlamento venezolano, afirma que la cifra era mayor y llegaba a los 5.2 millones de personas.

Según Sucre, la comisión que preside calculó que el 70% del éxodo venezolano emigró en los últimos seis años en los que Nicolás Maduro ha estado al mando del país. 

Frente a todo este escenario, la oposición se manifiesta este sábado para agradecer al Parlamento Europeo por reconocer como presidente encargado de Venezuela al jefe del Parlamento, Juan Guaidó, y en respaldo al ultimátum europeo dado a Nicolás Maduro para que convoque a elecciones.

Los opositores además vuelven a tomar las calles para insistir en la entrada de “ayuda humanitaria” al país en medio de la grave crisis económica que ha ocasionado escasez de alimentos y medicinas y para expresar, una vez más, su rechazo al mandatario Maduro.

Las concentraciones están convocadas en toda Venezuela y distintos países del mundo.

En Caracas los opositores partieron desde distintos puntos y se concentrarán en una zona del este, donde la oposición siempre ha sido mayoritaria. 

Ahora bien, lejos de acercar posturas, la autoploclamación de Juan Guaidó como presidente interino y el respaldo que recibió de Estados Unidos y otros países abrió un cisma político no sólo en el país, sino también a nivel internacional.

El poder ejecutivo, controlado por el presidente Nicolás Maduro, califica lo sucedido como un “intento de golpe de Estado”. Lo que queda pendiente saber es si existe alguna manera de resolver la crisis de forma pacífica, eliminando una solución armada o más derramamiento de sangre en las calles. Una vía de este tipo pone sobre la mesa un primer paso inicial, el del diálogo.

Sin embargo, las partes se muestran a estas horas muy distanciadas en este punto y el choque de fuerzas va en aumento.

Recientemente Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, escribió que el tiempo de diálogo se había acabado.

“Cuando la represión no logra resultados, los operadores de Maduro proponen un falso diálogo. Pero ya somos inmunes a la manipulación. Han agotado todos sus trucos”, escribía el jueves el líder opositor, de 35 años.

De alguna manera, Guaidó tiene presente lo poco que consiguieron las ocasiones anteriores en que se sentaron a hablar con Maduro o sus representantes en el marco de las protestas de 2014 y 2017.

Es por eso que en la oposición desconfían de los llamamientos de Maduro. 

Así pues, la mejor alternativa ante la crisis que padece Venezuela es aquella que combine una salida política, jurídica y ética sólida y sustentable.

Esta propuesta implica un paquete de elementos vitales: diálogo político genuino, desarrollo de un acuerdo aplicable y, como paso final, un llamado a nuevas elecciones.

Pero es que cualquier solución negociada pasa por una fase previa que es lo que los expertos llaman un “estancamiento dañino”.

En esa situación ninguna de las partes tiene capacidad de triunfar y a la vez tampoco acepta ceder.

Es entonces cuando se instala la sensación de que el conflicto entre las partes no va hacia ningún lugar. Llegado el momento, ambas partes empiezan a reconocer que los costos de continuar en la confrontación superan los hipotéticos beneficios de un triunfo pírrico.

Ahora mismo el conflicto está estancado. La única manera de que esto se solucione de una forma relativamente rápida y no violenta es que el ejército dé un paso al frente para garantizar una transición que recupere las instituciones democráticas.

El problema con este escenario, es que habría que aceptar que el gobierno de Maduro no es legítimo. 

Ahora, la transición no tiene por qué estar liderada por Juan Guaidó. Puede ser otra persona, pero lo que sí implica necesariamente es el reconocimiento de que las pasadas elecciones no fueron transparentes.

La intransigencia de Estados Unidos y la poca fe en la palabra de Maduro son dos factores muy negativos si se quiere alcanzar una solución negociada, y no puede haber un proceso de diálogo y negociación si Maduro no da pasos para mostrar su buena voluntad y para recuperar la confianza de la comunidad internacional. Y esto pasa por cuatro medidas concretas.

La liberación de todos los presos políticos, reconocimiento de los poderes de la Asamblea Nacional que le han sido socavados desde 2016, el fin de la Asamblea Constituyente y el reconocimiento de reformar la Guardia Nacional Bolivariana, responsable de muchos abusos en las protestas. En todas las transiciones hay que ceder. Es como en Colombia con las FARC. La justicia transicional es así.

Los principales países europeos se reunirán en Uruguay por la crisis de Venezuela. Será la primera reunión del grupo de contacto internacional creado para buscar una solución a la situación del país sudamericano.

Luego de otra semana agitada en Venezuela, en la que se profundizó la crisis y la división que existe en la sociedad con las manifestaciones del sábado a favor y en contra de Nicolás Maduro, la Unión Europea (UE) y Uruguay anunciaron este domingo que el grupo de contacto internacional celebrará su primera reunión el 7 de febrero en Montevideo.

“Uruguay y la Unión Europea acogerán conjuntamente, el jueves 7 de febrero” la reunión “que se llevará a cabo en Montevideo” a “nivel ministerial”, anunció un comunicado conjunto del presidente uruguayo Tabaré Vázquez y la jefa de la diplomacia europea, la italiana Federica Mogherini.

La creación del grupo, que incluye a países de la Unión Europea y otros de América Latina, fue anunciada el 31 de enero por Mogherini, que se dio un plazo de “90 días para lograr un resultado positivo”. El grupo “apunta a contribuir y a crear las condiciones necesarias a la emergencia de un proceso político y pacífico que permita a los venezolanos determinar su propio futuro, celebrando elecciones libres, transparentes y creíbles”.

El grupo lo forman la Unión Europea y ocho de sus países miembros (Alemania, España, Francia, Italia, Portugal, Holanda, Reino Unido y Suecia) y México, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Uruguay.

La Unión Europea se encuentra dividida respecto de la situación que se vive en Venezuela. Alemania, España, Francia, Holanda, Portugal y Reino Unido dieron un ultimátum, que expira este domingo, para que Maduro anuncie una nueva elección presidencial. En el caso de que Maduro no cumpla con esa exigencia, esos países reconocerán a Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional y presidente encargado del país, según se autoproclamó días atrás.

Otros países, como Austria, Grecia, Italia y Luxemburgo, no reconocen a Guaidó

Este sábado, en medio de una marcha multitudinaria en la que celebró los 20 años del chavismo, Maduro reiteró que está dispuesto a convocar elecciones anticipadas, pero solo legislativas. En medio de la creciente tensión política y con el presidente Nicolás Maduro acosado por una ofensiva diplomática liderada por Estados Unidos, los miembros de las agrupaciones chavistas se dicen dispuestos a todo. Creen que una invasión estadounidense es inminente Son el núcleo duro, la última línea de defensa. Y se dicen preparados para cualquier escenario.

Ahora que muchos en Venezuela exigen la salida de Nicolás Maduro del poder y que aumentan las presiones de Estados Unidos y sus aliados para lograr ese objetivo, ellos mantienen firmes las filas frente a la “agresión imperialista”.

En este contexto, llama la atención la voz que han alzado los llamados “colectivos”;

son “los colectivos”, las agrupaciones que proliferaron con apoyo oficial por toda Venezuela desde que Hugo Chávez llegó al poder. La oposición y detractores del chavismo los acusan de actuar como grupos paramilitares al margen de la ley para imponer el control social en las zonas populares.

Ellos se definen como “movimientos sociales” que contribuyen al desarrollo de los programas de asistencia gubernamental y a alimentar la llama revolucionaria en los barrios.

Dejan claro que defenderán con las armas cualquier intento de derrocar el gobierno de Nicolás Maduro.

Lo que desde luego alimenta la hipótesis de que cualquier salida de este conflicto, que definitivamente tendrá que sucederse con la salida de Maduro del poder, no será un proceso terso, sino que por el contrario, se tratará de un doloroso periodo en que tristemente correrá sangre y toda clase de violencia. 

Ahora bien, en medio de la crisis en Venezuela y tras cumplirse los ocho días del ultimátum que la Unión Europea le dio al régimen de Nicolás Maduro de convocar a nuevas elecciones presidenciales, el mandatario chavista concedió varias entrevistas donde se pronunció sobre esta medida de presión internacional.

Durante sus declaraciones, Maduro se negó hasta en cuatro ocasiones de decir “sí lo descarto” a la pregunta de si es que convocaría a nuevas votaciones que no sean las parlamentarias, sino las generales. 

A la pregunta de “¿No se ha planteado convocar elecciones?”, Nicolás Maduro dijo: “No nos hemos planteado aceptar ultimátum de nadie. (…) ¿Por qué la Unión Europea le tiene que dictar normas políticas a otro país?”.

Sin embargo, al no haber una respuesta clara, se repitió de forma tajante la pregunta: “¿Descarta totalmente la convocatoria de unas elecciones presidenciales?”. El sucesor de Hugo Chávez dijo creer que “lo que está necesitando Venezuela es una renovación del Parlamento”. 

Aún así no respondía la interrogante, por lo que la interrogante fue reiterada: ¿descarta totalmente la convocatoria de elecciones presidenciales?”, Nicolás Maduro se resistió a descartar de plano, pese a que en una entrevista hace pocos días con una cadena rusa negó rotundamente esta posibilidad, y lo que contestó fue: “La puerta está abierta al diálogo, al entendimiento, al respeto a la independencia de Venezuela. La puerta está abierta a mil fórmulas para ese entendimiento”.

En entrevistas Nicolás Maduro minimizó las detenciones a los periodistas de la cadena EFE que fueron intervenidos en Caracas por agentes de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. El cuestionado mandatario  calificó que estas eran normales y que se dan en cualquier democracia. Para Maduro las cosas que pasan en Venezuela son magnificadas por un plan internacional de los medios de comunicación, en una suerte de macabra conflagración que lo quieren hacer ver mal frente a los ciudadanos del mundo. ¿Será?

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