Desconocimiento y reconocimientos

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México y Uruguay propusieron en Montevideo un plan de cuatro puntos –diálogo inmediato, negociación, compromisos e implementación– para que Maduro y sus opositores lleguen a un acuerdo pacífico en Caracas. Representantes de alto rango de la Unión Europea, (Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, los Países Bajos, Portugal y Suecia) y de cuatro Estados latinoamericanos (Bolivia, Costa Rica, Ecuador, México y Uruguay) así lo acordaron durante la primera sesión del Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela. Los miembros de esta coalición, creada el pasado 31 de enero para contribuir a resolver la crisis político-institucional de la nación sudamericana, se reúnen en Montevideo. La cita está encabezada por Federica Mogherini, encargada de los asuntos exteriores y la política de seguridad de la Unión Europea, y por el anfitrión del encuentro, Tabaré Vázquez, presidente de Uruguay.

Cada vez más países tienden a reconocer a Guaidó como presidente encargado con miras a que éste lleve las riendas de un Gobierno de transición y llame a elecciones limpias lo antes posible. De las trece naciones que enviaron representantes a la capital uruguaya, solo cuatro –Bolivia, Italia, México y Uruguay– se han abstenido de reconocer formalmente a Guaidó como jefe de Estado interino. Hace escasos días, con el respaldo de la Comunidad del Caribe (CARICOM), los Gobiernos de México y Uruguay anunciaron que le propondrían al grupo de contacto un plan de cuatro puntos –diálogo inmediato, negociación, compromisos e implementación– con miras a que las partes en discordia lleguen a un acuerdo pacífico en Caracas. El objetivo es que, después de conversar y de seleccionar los aspectos en los que Maduro y sus opositores coinciden, los resultados de la negociación sean apuntados en un documento con carácter vinculante. La cuarta fase corresponde a la implementación de lo acordado. La cuestión luce simple, pero no lo es. Tras el fracaso de varios procesos de diálogo –el más prometedor de los cuales contó con el Vaticano como facilitador–, los partidos antichavistas que apoyan a Juan Guaidó desconfían de la genuina disposición de Maduro a respetar los compromisos alcanzados. El antichavismo también tiene dudas sobre la imparcialidad de México y Uruguay; sus actuales Gobiernos cultivan una cercanía con Maduro que causa recelo.

El hecho de que Maduro aceptara inmediatamente el plan de cuatro puntos presentado por Ciudad de México y Montevideo no ayuda a disipar las suspicacias. El Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, ha respondido que”México no respalda a ninguno de los dos lados, sino que asume una posición neutral. Lo más importante es que se dé un diálogo porque la gente está sufriendo”. El argumento resulta poco convincente para los adversarios de Maduro. El propio Juan Guaidó le escribió una carta a los mandatarios Andrés Manuel López Obrador y Tabaré Vázquez para aclarar que, desde su punto de vista, ser neutral en el marco de este conflicto implica ponerse del lado de Maduro. Es poco probable que un hipotético involucramiento de José “Pepe” Mujica en las negociaciones entre chavistas y antichavistas sea bien visto por los últimos, con todo y que el expresidente uruguayo (2010-2015) se ha pronunciado a favor de la realización de nuevas elecciones bajo una rigurosa observación internacional. Mujica ha sido un severo crítico de su compatriota Luis Almagro, quien, a su vez, es muy apreciado por el antichavismo por denunciar las infracciones y la deriva autoritaria de Maduro con más ahínco que cualquiera de sus predecesores en la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Está por verse cómo se posiciona la Unión Europea, como bloque, de cara al plan de cuatro puntos.

La enviada especial del club de los veintiocho, Veronique Lorenzo, se halla en una situación incómoda precisamente porque sus socios no terminan de asumir una postura unánime frente al caso venezolano. Mientras Italia se rehúsa a reconocer a Guaidó como legítimo presidente de un Ejecutivo de transición, Alemania le ha dado un espaldarazo al joven ingeniero y a su plan de Gobierno, titulado simplemente Plan País. Si Europa no consigue hablar con una voz en Montevideo, su papel en este ámbito podría verse anulado por completo. Y, si eso ocurre, serán las superpotencias –Estados Unidos, Rusia y China– las que decidan el futuro del país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

Frente a todo esto, hoy por hoy, el gobierno de Estados Unidos vive un “momento de desacuerdo” con el de nuestro país debido a la crisis en Venezuela, según reconoció ayer la secretaria de Estado adjunta estadounidense para Latinoamérica, Kimberly Breier, aunque aseguró que “todos los días” hablan de ese tema con sus socios mexicanos.

En una conferencia de prensa, Kimberly Breier reaccionó a la postura que ha adoptado el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien sigue reconociendo a Nicolás Maduro como gobernante de Venezuela y defiende el diálogo como modo de solución a la crisis política venezolana.

“Obviamente —dijo Kimberly Breier— nuestra posición de reconocimiento a Juan Guaidó está muy clara y estamos todos los días en conversaciones con nuestros socios en México sobre el tema. Tenemos un momento de desacuerdo en el camino enfrente, pero ahora es algo que estamos trabajando todos los días”, agregó.

LA FUNCIONARIA ESTADOUNIDENSE CALIFICÓ LA RELACIÓN CON EL GOBIERNO DE LÓPEZ OBRADOR DE “MUY BUENA”, Y DIJO QUE TODOS LOS DÍAS TRABAJAN EN CUESTIONES BILATERALES Y QUE IMAGINA QUE VAN A SEGUIR POR ESE CAMINO.

Kimberly Breier, máxima responsable de Latinoamérica en el Departamento de Estado, respondía así durante la conferencia de prensa a una pregunta sobre un mensaje en Twitter del senador republicano por Florida Marco Rubio, quien puso en duda la naturaleza de la relación entre México y Estados Unidos por la crisis en Venezuela.

“Tenía la esperanza de que podríamos redefinir la relación entre Estados Unidos y México como una asociación estratégica. No como una relación de ayuda desde Estados Unidos. Una alianza para abordar nuestros retos comunes. Pero el apoyo inexplicable del nuevo gobierno a Maduro ha puesto todo eso en duda”, dijo Rubio.

El senador se ha convertido en una figura muy influyente en la política hacia Venezuela del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y jugó un papel importante en la decisión del mandatario de reconocer al jefe de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), Juan Guaidó, como presidente interino del país caribeño el pasado 23 de enero.

La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, expresó recientemente su posición por primera vez sobre el reconocimiento de Guaidó como presidente interino.

“Apoyo —dijo Nancy Pelosi— la decisión de la Asamblea Nacional, la única institución democrática que queda en Venezuela, de reconocer a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, como presidente interino hasta que haya elecciones libres y justas”.

Estados Unidos fue el primer país del mundo en reconocer como presidente interino a Guaidó, que ha recibido el apoyo de 49 naciones, incluidas las más grandes del continente americano; mientras que Maduro continúa estando respaldado por Rusia, China, Bolivia, Cuba y Nicaragua, entre otros.

Luego de que Estados Unidos y diversos países reconocieran a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela se crearon tres escenarios para la situación del país: que Nicolás Maduro deba permitir elecciones libres con observadores internacionales que gocen de credibilidad; que Maduro se mantenga en el poder o una invasión militar estadounidense o de fuerzas multinacionales.

En el primer escenario los militares venezolanos forzarían a Maduro a aceptar las elecciones libres, además de negociar una “amnistía” para él y los altos mandos militares. En el segundo escenario el dictador de Venezuela podría mantenerse en el poder con la ayuda de Rusia y China. El último escenario plantea una invasión como sucedió en Panamá a finales de 1980 o en Granada.

Al igual que sucedió en Panamá, una corte de Estados Unidos acusa a Maduro y sus generales por cargos de narcotráfico, lo que llevaría a una invasión militar de Estados Unidos. O, como sucedió en Granada, Estados Unidos interviene en Venezuela alegando que Cuba y Rusia han invadido el país. Cualquier escenario podría suceder.

Y mientras todo esto sigue, la ayuda humanitaria para Venezuela que se acopia en la ciudad colombiana de Cúcuta comenzará a entrar al territorio del país en los “próximos días”, afirmó este domingo Juan Guaidó, jefe del Parlamento y quien se proclamó como presidente interino del país. El opositor Guaidó, advirtió a los militares que impedir la entrada de ayuda humanitaria los convierte en “casi genocidas”, porque es “delito de lesa humanidad”.

En tanto, un coronel activo del Ejército de Venezuela desconoció al presidente Nicolás Maduro y se puso al servicio del opositor Juan Guaidó, según un video difundido este fin de semana en redes sociales.

El oficial, Rubén Alberto Paz Jiménez, llamó a sus compañeros de armas a permitir la entrada de la ayuda humanitaria que empezó a acopiarse en Cúcuta. Vestido con una chaqueta militar, Paz Jiménez dijo “desconocer a Maduro como presidente y reconocer” a Guaidó “como presidente interino y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales”.

“El 90% de las Fuerzas Armadas estamos en descontento, estamos siendo utilizados para mantenerlos a ellos en el poder”, afirmó en referencia a Maduro y la cúpula gobernante. Por otro lado, más de 30 médicos venezolanos participaron en una manifestación este domingo en el puente Tienditas, uno de los que conecta a Venezuela con Colombia, en Cúcuta. Los médicos se concentraron en la frontera para solicitar a las autoridades venezolanas permitir el ingreso de la ayuda internacional que sigue acumulándose en Cúcuta y que el Gobierno de Nicolás Maduro insiste en rechazar por considerar que se trata de un show político.

Así pues, en medio del conflicto, los países de la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC) expresaron su solidaridad hacia el pueblo venezolano y hacia el presidente “democráticamente electo” Nicolás Maduro y condenaron los intentos de líderes extranjeros de “interferir” en el país.

“Expresamos nuestra preocupación hacia los intentos de líderes de otros países de interferir en los asuntos y en la soberanía de Venezuela”, dijo la organización que engloba a 16 naciones del sur del continente en un comunicado.

Ahora bien, la Organización de los Estados Americanos no ha reconocido a Guaidó como presidente de nada. Lo ha hecho su secretario general por su cuenta y riesgo, pero no sus estados miembros como bloque. Naciones Unidas tampoco ha reconocido a Guaidó; y así lo ha dejado saber claramente en una carta publicada su secretario general António Guterres, que dio su visto bueno a dar ayudar humanitaria en tanto fuera solicitado por el actual gobierno. El Papa Francisco tampoco se sumó a lo propuesto por Trump sobre Guaidó ante una pregunta explicita por una periodista en el vuelo de vuelta de Panamá.

Países de importancia geopolítica, tales como China, Rusia, Turquía, Irán, México y Sudáfrica, tampoco validan la opción de otro presidente que no sea Maduro. No todos los países de la Unión Europea (UE) se suman al desconocimiento de Maduro. Hasta el momento no lo han hecho Italia, Grecia, Rumanía, Irlanda, Bulgaria, Chipre, Malta y Eslovaquia. Por su parte, el Parlasur, el parlamento del Mercosur, tampoco ha considerado de ninguna manera la existencia de otro Presidente que no sea Maduro.

Con reservas probadas, Venezuela es el octavo país del mundo con mayor cantidad de reservas de gas; el primero en petróleo; en oro, el valor sus reservas supera el PIB de Chile o Dinamarca; en hierro, el valor supera al PIB de México o España; en diamantes, la cifra es mayor al PIB de Paraguay o Bolivia; y para colmo, recientemente se ha demostrado que hay mucho coltán en su territorio.

En términos de propiedad, el 98.5% de las empresas constituidas en Venezuela son privadas; 0.5% son mixtas y 1% completamente públicas. Y otro dato: el 80% de los medios de comunicación en Venezuela son privados.

Según un artículo en The New York Times, de acuerdo con los estimados del gobierno de Trump, las nuevas sanciones le costarán a la economía venezolana 11,000 millones de dólares en ingresos perdidos del petróleo. Y esto se suma a los efectos ya consumados de decretos previos. El primero fue el de Obama, aprobado el 9 de marzo de 2015, donde se anunciaron las primeras sanciones contra Venezuela en base al “riesgo extraordinario” para la seguridad de los Estados Unidos. Luego vinieron muchos más, ya con la administración Trump en marcha.

En el siglo XXI, Venezuela ha diversificado sus relaciones económicas y políticas. Y China se convierte en uno de sus principales socios. Por ejemplo, Venezuela representa el 40% de la financiación que Pekín concede a toda América Latina. Rusia y Turquía también son claves en estas nuevas alianzas.

A veces se nos olvida que Venezuela tiene frontera con Estados Unidos regulado por el Tratado de Límites marítimos de 1978, que fija los límites marítimos entre las islas de Venezuela en el Mar Caribe y los territorios dependientes de Estados Unidos (Puerto Rico e Islas Vírgenes). Son algunos elementos significativos que debemos considerar a la hora de enjuiciar lo que está pasando sobre Venezuela. A partir de ahí, hacer análisis hacia delante se convierte en un ejercicio altamente complejo. Lo único cierto es que cada vez que Estados Unidos habla de ayuda humanitaria, la cosa no termina bien. Ojalá esta vez todo se quede en la misma guerra que Trump declaró contra Corea del Norte, o en el muro que jamás se pudo construir en la frontera mexicana.

opinion.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1

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