2018: el año de la derrota de la partidocracia

547
0
Compartir

El año que termina marca un acontecimiento político relevante de la historia reciente del país: la estrepitosa derrota de la partidocracia tradicional que gobernó México en los pasados 30 años. 

El contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la república y la victoria, menos contundente, de Enrique Alfaro Ramírez en la gubernatura de Jalisco, marcan un cambio político a escala federal y estatal. Y el triunfo de ambos implicó la victoria de sus partidos: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en la elección federal y Movimiento Ciudadano (MC) en Jalisco. 

El triunfo de estos partidos, como se sabe, implicó la derrota de los partidos tradicionales: Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) que se repartieron el pastel del poder público en México. 

Sabemos de sobra las razones de este vuelco político: una sociedad mexicana harta de gobiernos corruptos y de una política económica que ha perpetuado la pobreza para la mitad de la población y que ha incrementado la riqueza de una minoría de megamillonarios beneficiados de su cercanía con el poder público.

El vuelco electoral del año que termina implica a su vez la derrota de los actores políticos que habían hegemonizado la vida partidista y de gobierno en las pasadas décadas. 

No en balde el principal derrotado con los resultados del pasado 1º de julio, fue el PRI, con una votación que casi lo acerca a la extinción o al menos le da un estatus de partido minoritario.

Pero en las pasadas elecciones federales y locales también salieron derrotados los partidos que en los pasados 30 años se posicionaron como alternativas de cambio y de transición democrática frente al autoritarismo priista.

Las fallidas alternancias de gobiernos del PAN y del PRD también se cobraron en las urnas el pasado 1º de julio.

Por eso en 2018 se cierra y se abre un ciclo para el sistema político mexicano, pues el vuelco electoral marca la derrota de la partidocracia tradicional, tanto del viejo PRI como del PAN y PRD que se postularon como su alternativa y terminaron en el mismo saco: el repudio generalizado de la población mexicana.

Este repudio y rechazo de amplias franjas de la sociedad mexicana a la clase política mexicana es, sin duda, uno de los acontecimientos políticos relevantes de 2018.

La sociedad mexicana ha mostrado en diversos movimientos y protestas sociales su rechazo a los gobernantes de la corrupta partidocracia, pero también contra sus políticas neoliberales que han vuelto más difíciles las condiciones de vida para la mayoría.

Ahora está en duda si los gobiernos electos en el masivo rechazo a la partidocracia son capaces de recoger todo el ánimo y el impulso de cambio político y social que ha demandado esa mayoría social expresada en las urnas. 

Al menos discursivamente los dirigentes y partidos que ganaron las elecciones proponen recoger esos deseos de cambio y de ahí sus propuestas de llevar a cabo una “cuarta transformación” de la vida pública nacional, tal como propone Andrés Manuel López Obrador; o la refundación política de Jalisco, tal como propone Enrique Alfaro. 

Pero los agravios cometidos contra la sociedad mexicana en este periodo neoliberal son de tal magnitud, que se ve difícil que los proyectos propuestos por López Obrador y Enrique Alfaro sean capaces de reparar este daño.

Para empezar, debería pararse de tajo la violencia organizada que hay contra la mayoría de la sociedad en este contexto de supuesta guerra contra el narcotráfico. 

A esto deberían seguir radicales políticas que detengan y reviertan el proceso de explotación y despojo intensificado que se impuso en el periodo neoliberal. 

De no cumplir las exigencias de cambio político reclamados en los movimientos sociales y expresados en las urnas, los gobiernos entrantes se verán expuestos rápidamente enfrentados a nuevas exigencias políticas.

Compartir

Dejar un comentario