Alfaro, sin pretextos para el cambio

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La alternancia en el poder, tanto nacional como local, registrada en este 2018, era un tema tan obvio que, a pesar de la creciente violencia en el país, los ciudadanos fueron a las urnas y decidieron un cambio de gobierno que no arrojó mayores sobresaltos. Fueron justamente la violencia, los problemas económicos y el hartazgo ante la corrupción las principales razones que impulsaron el cambio.

En el escenario político de Jalisco, fue un año que permitió la consolidación de Movimiento Ciudadano como la fuerza más importante, no solo porque pudo ganar los comicios, sino también por la cantidad de alianzas que consiguió, tanto formales como de facto.

Salvo el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que se ha mantenido a distancia e incluso confrontado con MC, todos los partidos tuvieron sus alianzas con los naranjas. Los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) de manera directa, con la coalición nacional y algunas en distritos y municipios de la entidad; el Partido Verde Ecologista de México lo hizo de manera informal y, en el caso del PRI, algunos tricolores en lo individual se fueron sumando.

Las alianzas también las consiguieron con diferentes sectores de la sociedad, como las cúpulas empresariales, el grupo Universidad de Guadalajara, organizaciones civiles y activistas.

Con este panorama, Enrique Alfaro Ramírez llegó a la gubernatura del estado en inmejorables condiciones. Una muestra clara fue el acompañamiento que tuvo cuando se pronunció desde la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres contra el nombramiento de los delegados federales, donde sus colaboradores pero también representantes de diferentes sectores lo acompañaron.

En ese momento no había nada concreto de qué quejarse, aunque el músculo que mostró permitió llevar las gestiones a la Ciudad de México para que, de entrada, se eliminara la posibilidad de que los delegados federales tengan responsabilidad en materia de seguridad pública.

Entre los primeros pasos que ha dado, una vez instalado como titular del Poder Ejecutivo, está el impulso de las reformas a la legislación local para la reestructuración del gobierno, así como para algunos cambios en atribuciones estatales y municipales.

Para caminar por ese tema, el gobernador ha contado con el respaldo de los poderes Legislativo y Judicial, así como de los municipios.

Aún con los medios de comunicación, con quienes tuvo una interacción complicada a su paso por la presidencia municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro comenzó con una relación diferente y hasta un cambio de estrategia. Separó la parte de su imagen y difusión, dejándola en manos de las empresas que lo han acompañado (Euzen, La Covacha e Indatcom), de la relación con los medios de comunicación, donde nombró a alguien ajeno al equipo tradicional, que responde a quien se asegura llevará tras bambalinas esa área, Eduardo Mar de la Paz, ex colaborador de Emilio González.

Alfaro no se ha resistido en sus mensajes de señalar a algunos medios de comunicación, aunque de manera genérica, y hasta pidió que no le apuntaran a los muertos que dejaron los primeros días violentos de su gobierno, cuidando las formas.

Así que con la mesa servida, las alianzas necesarias y las herramientas indispensables, con presupuesto diseñado por él y sus colaboradores, y sin una oposición que le ponga obstáculos, desde los primeros días del año Enrique Alfaro tendrá que empezar a dar resultados. No hay pretextos.

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