EL SEXENIO QUE SE FUE Y EL QUE LLEGA

Compartir

Muy diferente concluye 2018 de su inicio en enero pasado, con un mapa geopolítico que varió casi en su totalidad tras las elecciones del pasado 1 de julio tanto a nivel estatal como federal, un giro esperanzador para quienes ciertamente votaron por un cambio impulsados por los desastrosos gobiernos encabezados por el PRI que amén de corrupción, llenaron de inseguridad e impunidad el país.

En Jalisco el fenómeno político Enrique Alfaro mostró que se encuentra más vivo que nunca y aunque tuvo más problemas de los que admite por el arribo de un fenómeno mucho mayor a cargo de Andrés Manuel López Obrador, logró pintar de naranja la entidad empezando por el gobierno estatal.

Las fallas del PRI fueron evidentes en todos los sentidos, regresaron los viejos usos y costumbres de la corporativización de todos los sectores incluida la propia prensa, que mostró cómo con dinero público se puede tratar de recrear una realidad falsa que ahora, como nunca y para siempre, se topó con la realidad cotidiana canalizada a través de las redes sociales, como un contraparte que ya jamás podrá desdeñarse.

Fue ese uno de los filones más explotados por Alfaro, las redes sociales, haciendo a un lado a la prensa y usando a sus propios estrategas, como sucederá en el naciente gobierno en el cual ya advirtió que habrá un amplio recorte de publicidad hacia los medios de comunicación tradicionales que, está por verse, es muy posible que no incluya a las agencias que han manejado su imagen desde hace años y que se han beneficiado con contratos multimillonarios como Euzen o La Covacha.

Pero fue sin duda la falta de seguridad pública lo que llevó de la mano el triunfo contundente en Jalisco y en el país hacia las dos opciones que el electorado percibió por fin como viables para contener la complicidad entre autoridades de todo tipo con el crimen organizado.

Así, apenas unos días atrás Enrique Alfaro recibió de Aristóteles Sandoval la estafeta de gobernador de Jalisco en una entidad federativa donde campea la violencia contra policías y una sangrienta disputa territorial entre el cártel Jalisco Nueva Generación liderado por Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho” y el cártel Nueva Plaza, que se formó de una escisión del primero encabezada por Carlos Enrique Sánchez Martínez “El Cholo”.

Apenas unas horas del cambio de poder entre el militante del PRI que se va y el de MC que llega, en el municipio de El Salto sicarios mataron al tercero en el mando de la policía local.

Dos días antes seis policías estatales fueron abatidos en La Huerta y otro resultó herido cuando un grupo de civiles armados con rifles de alto poder, intentaron rescatar a uno de sus compañeros detenido.

Este año por lo menos 25 policías han muerto asesinados en diferentes hechos, pero ha sido una constante a lo largo de toda la administración aristotélica (nunca filosófica) con casos como el de abril de 2015, cuando 15 policías estatales fueron abatidos en una emboscada en la carretera libre Guadalajara-Puerto Vallarta, hecho en el que otros cinco uniformados fueron heridos.

Otro caso inédito fue el derribo con un lanzacohetes de un helicóptero Cougar del Ejército Mexicano en el municipio de Villa Purificación, que dejó saldo de seis militares muertos y doce heridos entre soldados y policías federales y estatales el 1 de mayo también de 2015.

Alfaro recibió una entidad en la que abundan las fosas clandestinas, de las que tan sólo este año se han exhumado 52 cuerpos, mientras ya va para 4 mil el número oficial de personas desaparecidas, incluidos tres italianos entregados por policías de Tecalitlán a la mafia en enero pasado o tres jóvenes estudiantes de cine que según la Fiscalía fueron asesinados y sus cuerpos disueltos en ácido por una “equivocación” entre grupos criminales.

Un Jalisco que se hizo noticia mundial por el caso de los cadáveres que no cabían en los refrigeradores de la morgue y se tuvo que meter casi a 400 en dos tráileres refrigerados, uno de los cuales con 277 los paseó una semana por diferentes municipios de la zona conurbada de Guadalajara.

Para tratar de detener esa realidad apabullante, el nuevo gobernador de Jalisco eligió como fiscal a un ex gobernador interino panista y ex procurador estatal, Gerardo Octavio Solís Gómez, cuyo historial está manchado por recomendaciones de organismos defensores de derechos humanos locales, nacionales e internacionales cuando fue procurador, designación por la que sólo los diputados de Morena votaron en contra.

También logró que los legisladores aprobaran sin problemas modificaciones a la ley orgánica de la Fiscalía General del Estado, en la que de nueva cuenta se separan las áreas de procuración de justicia del mando operativo de la policía estatal, para dar cabida al regreso de la Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco. Y nombró a un militar, el general Daniel Velasco Ramírez.

De poco ha servido, nadie se tragó el cuento de que su fiscal carnal no fue una imposición de su parte a través de una farsa mal montada, sus problemas con el delegado federal Carlos Lomelí han privilegiado la grilla disfrazada de federalismo, que la efectividad y, para justificar, Alfaro hace cada que puede un recuento del estado de desastre en que recibe la administración y pide paciencia y unidad porque “esto no se resuelve para la semana que entra”.

La esperanza está viva sin embargo, todo nuevo gobernante tiene el beneficio de la duda hasta que su mismo ejercicio del poder o la desgasta o la confirma.

Pero las señales hasta ahora de Alfaro poco han tenido de respaldo popular, con organismos civiles y ciudadanos que se quejan de no ser tomados en cuenta, o de ser tomados en cuenta cuando ni siquiera acuden a eventos como fue el caso del plan para revivir el río Santiago, lo que genera más malestar al sentirse usados sin consentimiento o conocer de un proyecto que sólo privilegia la construcción de nuevas plantas de tratamiento -obra pública para manotear, dicen los dudones-, y se olvida de ir por un nuevo paradigma en cuanto al abastecimiento y saneamiento de agua en la entidad.

De todos modos, que el 2019 sea para bien de todos, ya que todos estamos en el mismo barco. Depende de todos no evitar que naufrague, sino exigir que quienes van al timón lo hagan por una ruta nueva, no exenta de riesgos, pero si con un destino muy bien delimitado y fijo del que no se pueda desviar.

Compartir

Dejar un comentario