Alfaro Gobernador: las buenas y las malas…

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Si es cierto que en política no importa ser alto o chaparro, gordo o flaco, bueno o malo, sino ser eficaz, entonces Enrique Alfaro Ramírez tiene bien merecido asumir como Gobernador del Estado de Jalisco para los próximos seis años.

Es un espacio que se ganó a pulso con su muy pragmática forma de hacer política, y su muy peculiar forma de gobernar. Un estilo fuerte, contundente, que se reflejó en su discurso de toma de posesión este jueves en el Congreso del Estado de Jalisco. 

Pero después del rosario de buenos propósitos del Gobernador de Jalisco y los discursos pletóricos de alabanzas mutuas entre la clase política, vale la pena hacer un paréntesis para reconocer los aciertos del Primer Mandatario en esta lucha de muchos años, pero también las inconsistencias de su Retórica Refundacional…

El primer acierto del Gobernador -guste o no- es que todo este movimiento que hoy lo lleva a la Gubernatura del Estado está fundado en su nombre y en su personalidad. Alfaro es Alfaro y nadie más. Hartos de los políticos tradicionales, de las promesas huecas y de los soporíferos discursos de los gobernantes -amén del hartazgo contra la corrupción y la impunidad-, los jaliscienses encontraron en la figura y el discurso de Alfaro un destello de luz al final del oscuro túnel en el que transitaron por muchos años. 

El Gobernador de Jalisco apostó a ser disruptivo; creó problemas a la vez que se fue edificando como una solución; y construyó demonios y enemigos mientras se erigía en el salvador… 

Siempre tuvo claro el espíritu de su movimiento, que hasta lo llamó Refundación. Desde Tlajomulco imprimió a la administración su muy peculiar forma de gobernar, y en Guadalajara levantó insignias propias, retocó el espacio público donde la gente se sentaba a conversar y hasta instauró con mediano éxito local el recurso mercadológico de la Marca Ciudad. 

En Guadalajara le puso luz y retocó los monumentos históricos, pero también quitó otros y puso los propios, dejando así en el camino una estela de evidencias de su paso rumbo a la Gubernatura… 

Hay que reconocerle y agradecerle al Gobernador de Jalisco su promesa de deshacer y tirar a la basura organismos que son semilleros de corrupción y templos al infructuoso ego personal como lo fue en su momento el Cesjal; o hacer realidad aquello de que Jalisco es la Capital de la Innovación…

Mucho hará el Gobernador del Estado en poner orden y darle sentido a la mejor herramienta que tienen las sociedades modernas para avanzar: corregir y optimizar la ruta que debe seguir el transporte público. Qué mejor manera de honrar la memoria de los jaliscienses ilustres, que darle a su Estado la consolidación del desarrollo… 

Pero después de los reconocimientos y todos los parabienes, hay que señalar las inconsistencias de su Retórica Fundacional. Hay que empezar por decir que la legitimidad de su Gobierno la representa él, indudablemente, porque es por su nombre y su personalidad que los jaliscienses lo hicieron Gobernador de Jalisco.

Pero ahora la Refundación empieza encumbrando a una serie de personajes que ya fueron botados de la administración estatal en los tiempos del ex Gobernador panista Emilio González Márquez… el Nuevo Acuerdo Social al que se refirió en su discurso no debería contemplar funcionarios que ya fueron señalados por sus agresiones contra los Derechos Humanos o haciendo mancuerna con intereses excesivamente grupales como son los de Raúl Padilla en la UdeG. 

La Retórica Refundacional del Gobernador electo debe además meterle sustento a su crítica al gatopardismo, porque el más recurrente señalamiento que le han hecho es que parece que las cosas cambiaron sólo para quedar igual…

 Y lo más importante es que en esa retórica debe cobrar sentido que no es necesario polarizar ni aplastar para gobernar 

Bienvenida sea entonces la sana intención de refundar al Estado de Jalisco y honrar a los hombres que escribieron su historia. Sobre todo por aquella frase que dijo en su toma de posesión: que “la agenda nacional se escribe desde lo local”…

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