Alfaro y el plan de los ilustres

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Como el Plan de Ayala, como la operación Cóndor, como el constituyente de 1917 que en lugar de inicios de febrero nació a finales de noviembre y de sexenio; el pasado jueves se mostró colosal y en toda su gloria el poderío de un Jalisco renovado que descubría no sólo que federalismo era mucho más que la avenida por donde circula el Tren Ligero sino que la corrupción puede y debe combatirse y que la seguridad es una cosa que el gobierno estatal debe proveer y garantizar.

Como el Coloso de Rodas, como una escultura monumental de la dignidad en sí misma con un árbol creciéndole adentro del alma, como un instante bíblico bajo un cielo más que azul, Enrique Alfaro levantó la voz y  dejó claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Los buenos son los que salieron con él en la foto sin decir nada. Los malos son los que le corrigen la plana.

Cobijado por figuras de inigualable estatura moral y probada solvencia en materia de honestidad, congruencia, principios y rectitud, como Alfredo Barba y Héctor Pizano, señaló que el castigo a los corruptos no era una cosa que se iba a negociar con el Gobierno Federal. Así que seguramente los Jaliscienses veremos las cárceles llenas de personajes nocivos y políticos que se han enriquecido con sucios contratos inmobiliarios o que han usado el poder para llenarse los bolsillos de moches.

Qué bueno que en Tlajomulco y Guadalajara no había gente así cuando pasó este prócer del federalismo.

Porque si no, Alfaro Federalista, Federalfaro, Priscilialfaro Sánchez, los hubiera metido a la celda más oscura de la comisaría municipal para después ponerlos a disposición de la justicia estatal.

Es importante que se entienda la magnitud del acto y que nadie rebaje a lágrima o reproche el grito de guerra de Alfariano Sánchez, quién castigará a los corruptos bajo el manto protector de personajes del calado de Alfredo Barba y Héctor Pizano, que como Juárez y Bolívar, enmarcados entre las estatuas y los restos mortales de Marcelino García Barragán y el armonizador social Heliodoro Hernández, sirvieron de mudos espectadores y comparsas/compañeros de lucha del líder jalisciense que será el como un desodorante de lavanda, colgado del retrovisor del taxi del federalismo, desterrando el tufillo de la corrupción.

Que a nadie se le ocurra creer que los motivos de fondo de tan enormes personajes puedan tener que ver con manejos presupuestales y no con la armonía social que tanto promovió Heliodoro Hernández, el líder sindical y hoy ilustre jalisciense bajo cuya sombra se alzaron en pie de guerra.

No, la lucha de Jalisco es por la digna emancipación, porque aquí no nos manda nadie y seremos como la península de Yucatán con la que soñó Felipe Carrillo Puerto pero sin peregrinas viajeras y sin enviados federales; faltaba más.

Lo que sucedió el pasado jueves en la Rotonda tiene sabor a esa Historia con mayúscula de la que leemos en los libros de texto gratuito de ese malvado Gobierno Federal que hoy quiere imponernos delegados federales como los que siempre ha habido, nomás que ya no serán el delegado de Sedesol y el de no sé cuánta secretaría federal, va a ser nomás uno y será incómodo y eso de tener un delegado y no muchos como antes, es franca intromisión en las libertades que debe tener toda entidad federativa para manejar los presupuestos y programas nacionales con fines electorales. Meterse en eso no se vale.

¿Quién se cree que es la Federación para quitarnos la cuchara grande?

EtiquetaZul
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