Capital de la explotación, no de la innovación

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Todos los gobernantes mantienen un deseo egocéntrico de pasar a la historia como uno de los mejores de la entidad que gobiernan. Aristóteles Sandoval Díaz no es la excepción. En ocasión de su sexto y último informe, la campaña propagandística se fuerza en tratar de convencer de que su administración ha conseguido logros históricos prácticamente en todas las área de su administración.

Pero hay un método infalible para revisar la propaganda: pasarla por el filtro de la realidad. Es decir, qué tanto la publicidad y propaganda que un gobierno paga de sí mismo corresponder con la realidad.

A lo largo de su sexenio, Aristóteles Sandoval utilizó dos ejes propagandísticos: arrancó la primera mitad de su gobierno con la leyenda de “Bienestar: mereces estar bien”. Fue tan desafortunada esta idea, que en la segunda mitad del sexenio el lema se cambió por el de “Jalisco, capital de la innovación”. Ambos lemas fueron engañosos y fracasaron.

Todos los discursos de los políticos y de los gobernantes intentan que su publicidad se acerque a la realidad que viven los gobernados. Mientras más cercana sea la publicidad a la realidad, más credibilidad y legitimidad se produce; y a la inversa, mientras más alejada sea la publicidad de la realidad, más incredulidad e ilegitimidad genera el gobierno en turno.

Esto último pasó con el gobierno del priista Aristóteles Sandoval. La sociedad jalisciense no creyó el discurso del bienestar y ahora, tampoco se cree el discurso de la innovación.

Esta disociación entre propaganda y realidad es la que explica en buena medida los resultados de este gobierno: una histórica derrota de la partidocracia tradicional mediante el masivo voto popular en su contra y especialmente en rechazo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) que casi lo lleva a desaparecer como fuerza política.

Ya en otra columna me detuve en cuestionar por qué era falso el eslogan del bienestar. Ahora quiero detenerme en el eslogan de Jalisco, capital de la innovación.

En los pasados tres años el gobernador Aristóteles Sandoval centró su propaganda en la venta de la idea de que la entidad es el epicentro del desarrollo tecnológico de última generación (revolución industrial 4.0), sede el Silicon Valley latinoamericano (antes era sólo mexicano) y sede de eventos mundiales de captación de talentos capaces de innovar en tecnología.

No dudo de los talentos de miles de desarrolladores e ingenieros que producen en la entidad, pero si algo define la industria en tecnología en Jalisco es la industria electrónica. Aristóteles Sandoval, y antes los gobernadores que le precedieron, se esmeraron en comparar el corredor de industrias de la electrónica en El Salto y en otros parques industriales de la zona metropolitana de Guadalajara, con el área de Silicon Valley, California que es sede de las grandes corporaciones privadas que manejan y controlan la tecnología global y la nueva economía digital.

La comparación es abusiva. En el Silicon Valley auténtico, se asientan los capitales que deciden las inversiones para el desarrollo de nuevas tecnologías, en Jalisco y en el mundo.

En el “Silicon Valley” de Jalisco se producen y manufacturan productos de las ramas de la electrónica que son diseñados, mayormente, en sedes corporativas de los países centrales.

Hay grandes empresas de la electrónica asentadas en Jalisco especialmente porque se pone a su disposición (por el gobierno y los sindicatos charros) una fuerza de trabajo controlada políticamente y en condiciones laborales y salariales realmente precarias.

Se estima que en todas las industrias de la electrónica de la zona metropolitana de Guadalajara laboran unos de 100 mil obreros, en su gran mayoría mujeres, quienes trabajan en entornos sin derechos, prestaciones precarias, con salarios de apenas 6 o 7 dólares al día, y en contextos de acosos tanto laborales como sexuales. Es decir, se trata de una de las clases obreras más explotadas no sólo de México, sino del mundo.

Mientras el gobernador de Jalisco presume al estado como capital de la innovación, las trabajadoras de la industria electrónica padecieron salarios precarios, ausencia de derechos laborales, sindicatos blancos de cuya existencia ignoraban, y continuos acosos laborales y sexuales. En los pasados seis años, las condiciones de la clase obrera que saca adelante la industria electrónica asentada en Jalisco, se deterioró y retrocedió.

Lo podría saber el gobernador si en lugar de visitar a los directivos de Silicon Valley en California, hubiera visitado a las trabajadores de las plantas de El Salto, de Zapopan, del Periférico.

O se puede enterar si lee el libro Voces obreras, recién editado por la Coalición de Extrabajadoras (es) y Trabajadoras (es) de la Industria Electrónica Nacional (Cetien), donde constan los testimonios directos de estas trabajadoras. Tal vez si platica con ellas o lee sus testimonios se enteraría de que más que capital de la innovación, Jalisco es capital mundial de la explotación laboral.

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