Cumbre y fútbol

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Luego de dos días repleto de actividades y con una agenda ajustada para culminar la cumbre del G20 en el horario previsto, los líderes del mundo que asistieron ya tomaron sus pertenencias y regresaron a sus países.

Aunque la primera salida fue el sábado, con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, el domingo lo hicieron trece comitivas.

Los mandatarios de Brasil, Michel Temer; de Chile, Sebastián Piñera y el presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana, Giuseppe Conte, fueron de los primeros en partir. Mientras que posteriormente se fueron los líderes de la República de Corea, Moon Jae-in; de Ruanda, Paul Kagame; de España, Pedro Sánchez; de India, Narendra Modi; de Australia, Scott Morrison; de Francia, Emmanuel Macron; de Sudafrica, Cyril Ramaphosa; el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau y de los Paises Bajos, Mark Rutte.

También partieron de regreso a sus países los representantes de la OCDE, de la OIT, de la Comisión EU, de la ONU y de la OMS.

Por la noche regresaron a sus naciones de origen el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; el mandatario de la Federación Rusa, Vladimir Putin. Y este lunes por la mañana partió la Canciller alemana, Angela Merkel, a la que vino a buscar una aeronave, luego que debiera posponer su viaje inicial por un problema técnico en el avión oficial y llegara a la Argentina en un vuelo regular de la compañía Iberia.

Ahora bien, en cuestión de contenidos, el documento de consenso emitido por la Cumbre del G20 reunida en Buenos Aires, cinco o seis años atrás hubiera sido considerado una frustración. La primera potencia del mundo que es EEUU, sigue sin aceptar el acuerdo de París para la protección del clima; no hubo una condena explícita al proteccionismo y la Casa Blanca celebra que se acepten a “todas” las variantes de energía, incluidas las más negativas para el clima como es el carbón.

PERO EN EL CONTEXTO GLOBAL DE FINES DE LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XXI, ES UN LOGRO QUE HAYA HABIDO DOCUMENTO Y QUE NO SE HUBIESEN PUESTO EN EVIDENCIA MAYORES DIFERENCIAS A LAS MANIFESTADAS.

En paralelo a la Cumbre, el encuentro Trump-Xi permitió acordar una “tregua” al conflicto comercial. Ello implica que no seguirá escalando en lo inmediato. Es algo para algunos, poco para otros, pero serán los mercados globales, los que en las próximas horas, darán su veredicto sobre lo alcanzado.

Otro encuentro relevante en paralelo, ha sido la Cumbre de los jefes de gobierno de los BRICS, las cinco potencias emergentes. (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Pekín logró alinearlas detrás de la defensa del multilateralismo, – lo que implica una crítica al bilateralismo de Trump- y Putin obtuvo un pronunciamiento contra el terrorismo, algo que para las potencias occidentales parece haber perdido importancia relativa.

Pero al mismo tiempo, la Cumbre entre los jefes de gobierno de EEUU, Japón e India, acordando posiciones comunes en ciberseguridad y seguridad marítima, es una convergencia estratégica de estos tres países, para poner un límite al rol de China como potencia militar del Asia.

La firma de la nueva versión del NAFTA en Buenos Aires, confirmó que Trump es un negociador duro, pero que finalmente acuerda, siempre que crea haberse salido con la suya. Con discreción, los países medianos que integran el Grupo MIKTA,-México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia,- también se reunieron.

Se hizo evidente la falta de un encuentro entre Washington y los países europeos. Genera más impacto la suspensión del encuentro entre Trump y Putin,- posiblemente más motivado por el “Rusiagate” que por la crisis de Ucrania- mientras que el Príncipe Heredero de Arabia Saudita, – asediado internacionalmente por las acusaciones sobre su rol en el asesinato de un periodista,- supo sacar partido de encuentros, fotos y gestos.

Además de una organización que no generó elogios y ninguna queja relevante y permitió revertir en el mundo la pésima imagen del frustrado partido River-Boca, la oportunidad del gobierno argentino, estuvo en los encuentros bilaterales con los demás jefes de gobierno, que llegaron a 17. También queda una alerta, respecto a los márgenes reales que tiene la diplomacia de ese país que atraviesa un momento económico difícil.

La bilateral de Macri con Trump, dejó un sinsabor, al rechazar el gobierno argentino haber coincidido con el estadounidense en que hay una actitud económica “depredadora” de China en la región y algo similar sucedió, cuando la cancillería argentina se vio obligada a desmentir la afirmación de Putin de que había firmado un acuerdo para la construcción de una central nuclear en dicho país. 

Así pues vale la pena repasar lo que se logró en la cumbre del G-20 en Argentina. En la declaración final en Buenos Aires:

Todos, salvo Trump, afirman que el acuerdo de París contra el cambio climático es “irreversible”.

Si hay algo que los analistas concluyeran de la cumbre del G-20 en Argentina, es que el Presidente Mauricio Macri logró que la cumbre saliera mejor de lo esperado: no se cumplió el vaticinio de que los mandatarios no firmarían un comunicado conjunto.

Los miembros del G-20 signatarios del Acuerdo de París sobre clima, excepto Estados Unidos, estuvieron a favor de la implementación de este pacto.

Adicionalmente, en el documento de 31 puntos, se reconoce que hubo receptividad a  adoptar una meta más ambiciosa de reducción del calentamiento global en 1.5 grados Celsius por encima de los niveles previos a la revolución industrial.

El texto suscrito en Buenos Aires admite que “que existen diversas fuentes de energía y avances tecnológicos para lograr un futuro con bajas emisiones”, así como “la importancia de las estrategias integrales de adaptación, incluida la inversión en infraestructura resistente a los fenómenos meteorológicos extremos y desastres”.

El G-20 reconoció que quiere mejorar a la Organización Mundial de Comercio (OMC) para garantizar un mejor funcionamiento. El presidente Mauricio Macri anunció en el cierre del G20 que los líderes reunidos en Buenos Aires acordaron una comunicación que incluye lenguaje sobre revitalizar la OMC.

En el documento firmado hay un compromiso por prevenir y luchar contra el flagelo de la corrupción.

Considerando que nuevas tecnologías como la inteligencia artificial están transformando el mundo laboral, el G-20 hizo un llamado por un mercado laboral inclusivo, justo y sostenible.

De manera paralela a la cumbre, Alemania, Francia, Ucrania y Rusia convinieron realizar nuevas conversaciones a nivel de asesores para abordar la crisis que estalló en el estrecho de Kerch. Igualmente, Angela Merkel exhortó a Moscú que permita a los barcos ucranianos entrar al mar de Azov.

Igualmente el presidente Putin restó importancia a la decisión de Trump de cancelar la reunión en Buenos Aires y dijo que se reunirán cuando EE.UU. “esté listo para eso”.

Vale destacar que pese a la ausencia del encuentro entre los dos mandatarios, Putin dijo que pudo explicarle a su colega de EE.UU la posición de Moscú sobre su conflicto con Kiev.

Al día siguiente de la cumbre del G20 en Buenos Aires, se inicia el proceso que conducirá a la del 2019. Japón asume la presidencia y, con ella, la tarea de asegurar que el diálogo entre los países participantes permita construir consensos efectivos y eficaces, en torno a cuestiones relevantes de alcance global, conectadas entre sí, con fuerte impacto económico y social y, por ende, político.

Son cuestiones que trascienden lo que los países individuales, incluso los más poderosos, podrían abordar solos y resolver con razonables expectativas de éxito. Y que si no se resuelven, tarde o temprano podrán afectarlos. Incluso seriamente.

Son cuestiones, por ende, que ponen de manifiesto que en el mundo actual, países y ciudadanos están cada vez más conectados y expuestos a situaciones que trascienden sus fronteras nacionales. Y el G20, a nivel de jefes de Estado, surgió cuando la fuerte crisis financiera del momento no podía ser encarada en los organismos internacionales existentes. Era necesario entonces un foro de diálogo orientado a la acción de los máximos responsables políticos de un grupo de países que se suponía que podían sumar más capacidad para concertar las acciones de alcance global requeridas.

Como lo demuestran las sucesivas cumbres realizadas desde que hace diez años se elevara el G20 al nivel de un foro global de líderes, tanto el diálogo como la construcción de consensos no son tarea fácil. Son muchos los participantes, y sus intereses y sus perspectivas son a veces muy diferentes. Por ello la conducción del diálogo requiere de una participación directa y comprometida del propio Jefe de Estado del país que anualmente ejerce la presidencia. Al ser un proceso que se desarrolla durante varios meses, con múltiples reuniones, muchas de ellas de nivel ministerial y también muchas con participación activa de distintas expresiones de la vida social, se requiere de un eficaz trabajo en equipo.

En conclusión, la Cumbre del G20 es relevante no por lo que logró sino por lo que evitó; para Argentina deja un saldo positivo como país anfitrión; pero es necesario asumir que antes de una semana de la partida de los líderes extranjeros, el tema Boca-River volverá a concentrar la atención de los argentinos y que en las próximas horas el “riesgo país” mostrará cuanto a servido para reconstruir la credibilidad económica de ese país.

opinion.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1

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