LA RUTA DEL DIABLO

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La caravana de migrantes centroamericanos ha sufrido su primera fractura considerable. Un grupo de alrededor de cientos de migrantes, la mayoría hombres que viajan solos, decidió el viernes seguir por su cuenta hacia Estados Unidos, después de haber permanecido cinco días en Ciudad de México. Los coordinadores del éxodo centroamericano, que aglomera a más de 6,000 personas solo en la capital mexicana, habían determinado en una asamblea que se celebró en la noche del jueves que retomarían el camino “sí o sí” y que avanzarían juntos. Todo cambió en el transcurso de la madrugada, después de que les pidieran quedarse unas horas más. Pero la espera ha sido demasiado larga, las promesas han sido muchas y la paciencia de cientos se ha agotado. Se espera que el resto del colectivo salga este fin de semana.

Tienen más de 23 días caminando o en aventón. Los que salieron de San Pedro Sula, en Honduras, ya recorrieron 1,637 kilómetros. Atrás dejaron sus hogares y en el camino algunos se han quedado hasta sin zapatos, pero un sueño los hace soportar el hambre y las inclemencias del tiempo: llegar a Estados Unidos.

La caravana de migrantes tomó decisiones cruciales para su travesía durante la última asamblea. Se había resuelto de forma unánime que no iban a quedarse el viernes, que la próxima parada sería Querétaro (a 220 kilómetros de la capital) y que la ruta hacia la frontera sería Tijuana, la opción más lejana, pero también la más segura.

El mayor problema de los organizadores desde hace un par de semanas había sido conseguir autobuses para transportar a toda la caravana, pero sobre todo para sus integrantes más vulnerables: niños y niñas agotados, mujeres embarazadas, adultos mayores y hombres enfermos tras una travesía que ha durado más de tres semanas.

Así llegaron a la capital mexicana los primeros integrantes de la caravana migrante que esperan el arribo de miles de sus compañeros que aún vienen para continuar todos juntos hacia la frontera entre México y los Estados Unidos.

Sus días han transcurrido entre ocho horas diarias de caminatas, comer donde se pueda o donde alguien les ofrezca “un pan” o un lugar para pasar la noche. Este primer contingente que llegó al estadio Jesús Martínez Palillo, en un complejo deportivo, que fue acondicionado como albergue, dio una muestra de lo difícil que ha sido la travesía, el sentir emoción por un plato de comida caliente o un par de zapatos de regalos.

La caravana partió de San Pedro Sula con miles de personas a las que se fueron uniendo otras más a su paso por otros países centroamericanos como El Salvador. Sus integrantes huyen en su mayoría de la violencia y la falta de empleo o desarrollo económico. Hasta la tarde del viernes, los migrantes estaban llegando a la capital en pequeños grupos, algunos directamente al estadio, otros a la zona de la Basílica de Guadalupe, el máximo santuario religioso del país.

Estimaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de la Ciudad de México, señalan que cerca de 6,000 migrantes fueron los que llegaron a la capital del país, hasta ahora se desconoce cuántos días se podrían quedar, por ello, el gobierno local acondicionó el estadio con carpas para que puedan dormir, módulos médicos en los que se les aplican vacunas, se hacen revisiones y se les entregan medicamentos en caso de ser necesario.

En tanto, el padre Alejandro Solalinde Guerra, reconocido activista por su labor de apoyo a los migrantes, estimó que 20% de los integrantes de la caravana podrían quedarse en México. Este viernes algunos grupos de migrantes de la caravana centroamericana partieron desde las 5 am desde la Ciudad de México rumbo a Querétaro, para seguir su travesía a Estados Unidos.

Algunos viajaron en el metro capitalino para tomar los camiones que los llevarían a la ciudad queretana, luego de no llegar a un acuerdo los distintos organismos tras marchar la tarde del jueves a las instalaciones de la ONU México para solicitar el apoyo de transporte. Otros grupos de la caravana decidieron esperar y mantenerse algunas horas y días en el albergue instalado en el estadio Jesús Martínez “Palillo”, ubicado en la alcaldía Venustiano Carranza, en Ciudad de México.

Diversas organizaciones humanitarias han seguido de cerca a la caravana migrante y apoyado con víveres, de igual forma universidades han instalado centros de acopio y ciudadanos han compartido comida, zapatos y otros víveres.

A pesar de que algunos internautas han mandado mensajes de crítica y hasta xenofobia, la empatía por la difícil situación que los migrantes viven, también es manifestada hasta por grupos vulnerables, como los afectados del terremoto del 19 de septiembre de 2017, quienes manifestaron su apoyo al expresar que “Ningún ser humano es ilegal”.

El éxodo de personas provenientes de diversos países como Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador, salió el 13 de octubre de San Pedro Sula, para escapar de la extrema violencia y pobreza.

Han recorrido más de 1,500 kilómetros, sin embargo aunque hayan desacuerdos y se separen, han manifestado que seguirán su recorrido por México para solicitar asilo en Estados Unidos, a pesar del incremento de restricciones que reiteradamente el gobierno norteamericano ha advertido.

El gran contraste del trato del gobierno mexicano a los migrantes de la caravana y a los damnificados en Nayarit por el huracán Willa provocó opiniones encontradas en redes sociales.

Imágenes del campamento que se instaló en un centro deportivo de la capital con tiendas de campaña y servicios sirvieron para que las críticas no se detuvieran.

Usuarios de redes sociales comparan ese apoyo frente a las condiciones en las que viven damnificados del fenómeno meteorológico y del sismo del 19 de septiembre, quienes siguen viviendo en la calle.

El gobernador de Nayarit Antonio Echevarría estimó que hay 180,000 afectados en 8 municipios del norte del estado, por el desbordamiento de los ríos San Pedro y Acaponeta. Las pérdidas se estiman en 10,000 millones de pesos (500,000 dólares).

Entre agua, lodo y escombros viven los damnificados, hecho que disgusta a cierta parte de la población mexicana, que exige que los recursos que se utilizaron para apoyar a los centroamericanos, vaya a la reconstrucción de la zona de desastre.

En tanto, los migrantes centroamericanos que antes viajaban en caravanas con rumbo a Estados Unidos, hoy avanzan en grupos dispersos desde el sur hasta el occidente de México, con prisa por llegar a su destino.

La noche de este sábado la punta de la caravana arribó a Guadalajara, capital de Jalisco, donde aproximadamente 300 personas pasaron la noche en un albergue dispuesto por las autoridades en el auditorio Benito Juárez del municipio conurbado de Zapopan.

Atrás, en la retaguardia, avanzan por Oaxaca y Veracruz grupos que se dirigen a Puebla sin pasar por la Ciudad de México, mientras otros transitan por los estados de Querétaro, Hidalgo y Guanajuato.

Los estados y municipios de la frontera norte del país, por su parte, ya comienzan a preparar lugares donde recibirlos, incluidas iglesias que forman parte de las redes de apoyo a migrantes.

En municipios como Tijuana, uno de los pasos fronterizos más recurrentes entre los migrantes, hay preocupación por la capacidad para alojarlos, pues ante el cierre de la frontera con Estados Unidos, autoridades y activistas prevén que permanezcan más tiempo.

Los albergues de Tijuana, por ejemplo, ya tienen una ocupación de 50%, aproximadamente, por lo que urge habilitar más espacios para recibir a la caravana.

En el gobierno federal mexicano también hay inquietud por la orden ejecutiva firmada por Donald Trump, presidente de Estados Unidos, que suspende al menos por 90 días la posibilidad de asilo a quienes crucen de manera ilegal la frontera.

Al respecto, la Cancillería mexicana emitió un comunicado en el que pide responsabilidad compartida a su vecino del norte y a los gobiernos de Centroamérica, ante el fenómeno migratorio.

“La caravana migrante proveniente de Centroamérica es un fenómeno humanitario inédito que requiere del trabajo conjunto de todos los países de la región para responder a ella de manera integral y con una perspectiva de derechos humanos”, dice el comunicado.

En la ruta unos avanzan y otros renuncian. Este fin de semana unos 300 centroamericanos pidieron su repatriación y otros fueron detenidos por Migración, pero la mayoría sigue su camino.

El Gobierno de México afirma que no ha “aceptado de manera verbal o escrita” ningún acuerdo sobre cooperación en materia de solicitudes de asilo o refugio después de que Donald Trump, endureciera este trámite. La política mexicana en la materia “responde exclusivamente a los principios y compromisos establecidos en nuestra legislación y los acuerdos internacionales suscritos en materia migratoria, de asilo y refugio”, subrayó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México.

Ante la Proclama Presidencial que emitió el gobierno de Estados Unidos en materia de asilo, México subrayó la importancia de continuar con los esfuerzos que se han venido realizado de manera conjunta con Estados Unidos y los países del Triángulo Norte de Centroamérica.

La ruta más usual de los migrantes centroamericanos que pretenden viajar a Estados Unidos, es seguir las vías del tren y carreteras que bordean el Golfo de México. El camino cruza algunos de los estados con mayor índice de violencia, como Veracruz y Tamaulipas. Según ha documentado la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en esas entidades se comete el mayor número de secuestros de migrantes en el país. Por ejemplo, la Procuraduría General de la República (PGR) tiene 270 investigaciones sobre plagios de centroamericanos sólo en Veracruz. De acuerdo con organizaciones civiles como la oficina en Washington para Latinoamérica (WOLA por su nombre en inglés), el 99% de los secuestros de migrantes no se investigan en México.

Una de las ciudades con más registro de secuestros es Reynosa, en la frontera con Estados Unidos. Allí, desde hace tres años en la región existe una guerra entre los carteles del Golfo, Los Zetas y del Noreste. También es el sitio fronterizo más cercano a Ciudad de México. La distancia entre las dos capitales es de 967 kilómetros: tres veces menos que el camino a Tijuana. Pero también hay riesgos en la ruta a Tijuana. La caravana migrante debe cruzar por Celaya, Guanajuato, donde las autoridades han detectado varias casas de seguridad con migrantes secuestrados. Los problemas también se presentan en Jalisco y Sinaloa, donde existe una disputa de carteles de narcotráfico. La última parte del camino es el desierto de Sonora, uno de los más inhóspitos del mundo. Muchos usan los ferrocarriles de carga para cruzar la región.

Pero lo hacen en el techo de los vagones, expuestos al polvo y altas temperaturas. A este camino se le conoce como La Ruta del Diablo.

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