Los pasos atrás en la agenda de género con Alfaro

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No se trata de un nombre solamente. Tampoco de un berrinche sobre la dependencia a la que quedaría sectorizada. Hablamos de caminar hacia atrás en los pasos que se habían dado para lograr la autonomía de la institución encargada de la agenda de género y de sus características para trabajar sin límites en la definición de políticas y acciones de un gobierno.

Y,  además, de la toma de decisiones una vez más sin la sociedad civil.

En los adelantos que se han dado sobre la manera en que Enrique Alfaro reestructurará el próximo gobierno del estado, uno de los cambios que más polémica han causado ha sido la posibilidad que el Instituto Jalisciense de las Mujeres se convierta en una subsecretaría.

Es decir, de ser un organismo con autonomía, especialmente patrimonial y de gestión, que depende únicamente del gobernador del estado, se convertirá en una oficina de segundo nivel, que dependerá de una secretaria, que a su vez dependerá de un jefe de gabinete y, encima, con menores condiciones para tocar la puerta del gobernador.

Lo anterior podría parecer un asunto de forma insignificante. Pero el actual esquema, por ejemplo, fue el que hizo posible la declaratoria de alerta de violencia contra las mujeres que, con todo y sus limitaciones, tuvo que ser aceptada por el gabinete.

EN EL PROCESO DE LA DECLARATORIA DE LA ALERTA, HUBO FUNCIONARIOS QUE ADVIRTIERON AL GOBERNADOR ARISTÓTELES SANDOVAL QUE ACEPTARLO MARCARÍA SU GOBIERNO.

El trabajo directo del IJM permitió eliminar los intermediarios para sacar adelante los trabajos y conseguir la solidaridad y respaldo del mandatario.

Porque no era un tema menor. Jalisco ocupa el segundo lugar nacional en desaparición de mujeres y está entre las cinco entidades que más violenta a sus mujeres. Sin mencionar el aumento en los feminicidios.

Recientemente se dieron a conocer dos documentos que evalúan acciones emprendidas en Jalisco, relacionadas con la efectividad de las órdenes de protección y de la misma alerta. Lo que arrojan debería alarmar a quienes tienen alguna responsabilidad en el tema, tanto en los municipios como en el estado.

Lo que se concluye, en términos generales, es que los avances son esfuerzos aislados y los problemas resueltos a criterio de las personas. No hay comunicación ni coordinación interinstitucional.

Estos diagnósticos tendrían que ser la base de defensa de lo que tiene que ser la agenda de género en el próximo gobierno.  Sin embargo, el sometimiento de quienes se harán cargo de la misma hacia lo que dispongan sus futuros jefes no permite albergar esperanzas.

No se trata de disponer de oficinas modernas, con muros convertidos en pizarrones para vaciar conceptos en largas juntas con las amigas a las que se invita a colaborar o para planear viajes para capacitaciones y encuentros nacionales e internacionales. El problema es que hablamos de las condiciones de vida de más de la mitad de la población del estado.

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