Graffitis y herencia de guerra

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Miles de personas manifestaron su indignación en redes sociales y los espacios al público en medios tradicionales, para cuestionar que unos grafiteros “vandalizaron” los nuevos vagones de la Línea 3 del Tren Ligero de Guadalajara. Ocurrió el lunes 15 de octubre.

Ese mismo día, la nota con la información de una nueva fosa clandestina descubierta en Tonalá informaba a mediodía de cuatro cuerpos encontrados, por la tarde ya eran ocho y por la noche, sumaban 18 restos en tres enterramientos en un predio, no alejado de la urbe sino atrás de un concurrido centro comercial en los límites de Tonalá y Guadalajara.

Ese mismo lunes los diarios de la capital de Jalisco informaban que el fin de semana anterior se cometieron 13 asesinatos violentos en la zona metropolitana de Guadalajara. El mismo lunes, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz declaraba en un evento del DIF estatal que en Jalisco necesitamos gritos de paz.

Pero contrario a su deseo, lo que Aristóteles Sandoval hereda en Jalisco es un estruendo de guerra. De hecho una guerra estruendosa que deja un saldo de asesinatos violentos, masacres, desapariciones, fosas clandestinas y centros de exterminio como no se tenía registro en la historia contemporánea del estado.

En sus discursos con los que intenta ser recordado para la posteridad, Aristóteles Sandoval trata de convencer de las bondades de su gobierno resaltando cifras de creación de empleos, de reducción de la pobreza, de Jalisco como potencia agrícola y de ser una supuesta capital de la innovación. Todos esos argumentos son cuestionables.

Pero supongamos que fueran ciertos. ¿Cómo presumir la situación social de un estado, cómo pregonar logros de un periodo de gobierno, cuando justo en esos mismos seis años se ha vivido el peor periodo de la guerra en Jalisco?

LOS INDICADORES CONSTATAN QUE JALISCO VIVE UNA GUERRA QUE SUELE ACOSAR NO A TODOS POR IGUAL, SINO A MUJERES Y HOMBRES JÓVENES Y LOS MÁS POBRES.

El sexenio del priista Aristóteles Sandoval se registrarán aproximadamente 7,100 asesinatos violentos, 33 por ciento más que en el sexenio anterior del panista Emilio González Márquez con un registro de 4,719. En el año 2007 se cometía un homicidio violento al día, en promedio. En 2018 se cometen en promedio cuatro asesinatos violentos al día.

Los indicadores de personas desaparecidas en el sexenio de Aristóteles Sandoval son de espanto. En los años de 2013, 2014 y 2015 se denunciaron 2,500 desapariciones cada año, pero en 2016 se registró un aumento significativo al reportarse 3,367 desapariciones, 33 por ciento más que el año anterior. 2017 cerró con casi 3,800 desapariciones, y este año cerrará con más ausencias involuntarias denunciadas. Oficialmente en el registro federal, Jalisco aparece como uno de los estados con más desapariciones reportadas con casi cuatro mil.

El dolor de la guerra que dejan los asesinatos y desapariciones se intensificó al manifestarse otra crisis: el manejo ilegal e indigno de los cuerpos no identificados que se fueron apilando en el Servicio Médico Forense (Semefo) del estado.

Las imágenes dolorosas e indignantes de tráileres con cajas refrigerantes paseando casi 300 cuerpos por la zona metropolitana terminaron por evidenciar la grave crisis forense, otra cara de la guerra que ocurre en Jalisco.

En seis años el gobernador Aristóteles Sandoval no sólo fue incapaz de disminuir la violencia en el estado, sino que las manifestaciones más desagradables de la guerra se intensificaron, a grado tal que está terminando su periodo con el pico más alto de asesinatos, desaparecidos, fosas clandestinas y cuerpos sin identificar en Jalisco.

Pero además de la incapacidad, el tratamiento de todos los temas relacionados con la guerra demuestran una negligencia que cabe calificar de criminal, pues a pesar del aumento de recursos para las agencias de seguridad pública, el resultado es un fracaso completo en investigación de homicidios, de búsqueda en vida de personas desaparecidas, y un rotundo fracaso en la identificación de personas en la morgue estatal.

Más allá de sus discursos de supuesta cercanía con las víctimas, en los hechos el gobernador Aristóteles Sandoval fue un gobernante incapaz de detener la guerra, y al mismo tiempo con la negligencia para detener homicidas, encontrar a los desaparecidos e identificar los cuerpos que llegaban a la morgue, se convirtió en cómplice de todos los victimarios.

La abulia y negligencia criminal de su gobierno revictimizó a miles de familias que, por ejemplo, buscaban a sus desaparecidos, que se los negaban en la morgue y que bajo la presión mediática, se demostró que sí estaban donde se les había ido a buscar. Este será el legado, la herencia principal que deja Aristóteles Sandoval: un estado rasgado por la guerra. Un gobierno que administró la guerra en lugar de combatirla.

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