Los llaman cuerpos

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“Los llaman cráneos, pero uno sabe que fueron cabezas, y que nuestro corazón y nuestros cráneos, con todo y cerebros, no pueden seguir contando y oyendo este horror sin escandalizarse. Sin sufrir por los otros y por nosotros”. Eso tuiteaba apenas hace unos días la escritora poblana Ángeles Mastretta. En Jalisco les llaman cuerpos, y llenan un trailer.

Mastretta se refería a otra de las historias de horror del México actual, las fosas clandestinas de Veracruz. Pero en la competencia de quién cuenta la peor historia, Jalisco levanta la mano.

Y las preguntas surgen en cascada ¿cómo llegamos a este punto? ¿Por qué en la zona metropolitana existe un trailer con 157 cuerpos que pasea de un lado a otro sin que nadie quiera tenerlo estacionado en su municipio? ¿Por qué no sabemos quiénes fueron? ¿Por qué no se puede saber quién llora porque no sabe dónde están?

Hace varios años, los colectivos de familiares de personas desaparecidas empezaron a denunciar cómo actuaba la autoridad ante las denuncias que presentaban. Lo primero era dejar pasar el tiempo, horas valiosas, para empezar a “buscar”. Luego, en automático, la criminalización si se trataba de hombres o, si eran mujeres, minimizándolas con argumentos de escapes voluntarios.

Después, las familias se dieron cuenta que aún cuando las autoridades les tomaban muestras para las presuntas pruebas de ADN, en realidad éstas no se estaban llevando a cabo. La autoridad terminó aceptando que no tenía recursos para las pruebas.

LAS FAMILIAS HICIERON GESTIONES CON ORGANISMOS INTERNACIONALES Y CONSIGUIERON FINANCIAMIENTO PARA QUE EMPEZARAN A REALIZARSE.

Una vez con la base de datos de quienes buscan, venía la parte para confrontar los datos con los que tenía el Servicio Médico Forense (Semefo). Pero esa información tampoco estaba disponible. Por eso, casos como el de Eleazer Hernández fueron posibles. El cuerpo de este joven pasó ocho meses en el Semefo, mientras su madre, Reyna Torrecillas lo buscaba.

También recordemos el caso de Óscar Ramírez, quien desapareció el 7 de febrero de 2014. Las autoridades entregaron a su familia un montón de cenizas a finales de 2015, sin tener la certeza que realmente se trataba de su ser querido. Este caso puso al descubierto que se incineraban cuerpos sin antes hace pruebas genéticas.

Todo esto, sumado a la falta de búsqueda. Las averiguaciones previas, en su momento, y las ahora carpetas de investigación se van llenando con los aportes de las familias, algunos increíblemente desechados porque no tienen valor jurídico y otros simplemente ignorados. Hasta una fiscalía especializada se creó, sin que eso ayudara a encontrarlos.

Ahora, el trailer podría tener una utilidad. Podría ser el parteaguas que los colectivos están esperando. La nota que avergüence a las autoridades y las haga moverse. El escándalo que derrame el vaso.

Los llaman cuerpos. Y, retomando a Mastretta, no podemos vivir este horror sin escandalizarnos, “sin sufrir por los otros y por nosotros”.

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