SE IRÁ PEÑA ENTRE FOSAS Y DESAPARECIDOS

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La desaparición de personas y el hallazgo de entierros clandestinos son dos de las principales marcas de la violencia que heredará el gobierno que entra en funciones el próximo 1 de diciembre. El Gobierno de Enrique Peña Nieto derivará a la próxima administración un rastro terrorífico de violencia. La brutalidad que vive México es de proporciones dantescas; las desapariciones y las fosas representan sólo un aspecto de ella. El propio presidente saliente reconoció, en uno de los videos que difundió como parte de su campaña publicitaria para dar a conocer mayores detalles del Informe de Gobierno que entregó a los legisladores, que los índices de criminalidad en el país, al cierre de su Administración, son alarmantes.

De acuerdo a cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México, 85 personas mueren asesinadas al día. La tasa de homicidios es de 25 asesinatos por cada 100.000 habitantes. En tanto, Instituciones de gobierno reconocen casi 300 mil asesinados, más de 50 mil desaparecidos y medio millón de desplazados. Pero para organizaciones no gubernamentales defensoras de derechos humanos las cifras reales son mucho mayores. El Igarapé Institute “Seguridad ciudadana en América latina: Hechos y cifras”, señala que México alcanzó ya el segundo sitio como el país que más homicidios aportó al mundo en 2017. Además, apunta a cinco  ciudades mexicanas entre las 50 con mayor tasa de homicidios a nivel global: Acapulco, Chilpancingo, Ciudad Victoria, Tijuana, Culiacán y Mazatlán. Evidentemente las cifras oficiales no coinciden con las de las asociaciones y organismos civiles, pero no tenemos duda.  En las fosas clandestinas están los cuerpos que faltan de contabilizar.

Como ya lo mencionaba el nivel de violencia, con matanzas y desapariciones a lo largo del territorio mexicano, ha requerido de un sistema de ocultamiento de cuerpos. Los perpetradores esconden a quienes ultiman para dificultar eventuales investigaciones. Y es que en México, las víctimas han estado indefensas absolutamente, a merced de los delincuentes sin que nada ni nadie pueda salir en su ayuda. Los malhechores se saben impunes. Cometen esas atrocidades porque saben que pueden hacerlo, que no habrá castigo, que no habrá persecución de la justicia.

El país está sumido en la peor crisis de inseguridad de nuestra historia. Ni en tiempos de Felipe Calderón las cifras de muertos fueron tan escandalosas, como ahora también lo es, la percepción ciudadana, que a lo largo y ancho de la nación coincide en que estos, son los peores tiempos que nos han tocado para sobrevivir; porque en centenares de zonas y regiones, la vida se ha vuelto un intento cotidiano por no resultar muerto, ya sea en un fuego cruzado entre policías y delincuentes o solo entre delincuentes, o como víctimas colaterales de los ajustes de cuentas entre miembros del crimen organizado.

Las acciones del gobierno federal, encabezado por Peña Nieto, resultaron insuficientes para combatir la inseguridad.

A un sexenio de que nos prometieron que todo esto cambiaría para bien, la inseguridad continúa siendo el gran problema que no se ha podido resolver, se le han destinado cuantiosos recursos públicos. Más de 2 mil millones de pesos en los últimos años. Pero nada ha mejorado, al contrario, la tendencia lamentablemente apunta a que se mantendrá sin freno la ola de delincuencia  que ha llegado a México como un tsunami que derriba todo lo que encuentra a su paso sin que exista un sitio seguro para resguardarse.

La premisa principal de los próximos gobiernos debe ser la proactividad ante los problemas de inseguridad. Sin duda el problema es complejo y llevará tiempo reducir la incidencia delictiva y sobre todo, la percepción de inseguridad de los ciudadanos. El proceso no será sencillo, principalmente porque ni las autoridades, ni los ciudadanos estamos acostumbrados a colaborar en materia de seguridad, pero creo que si no lo hacemos será difícil que en años venideros tengamos resultados diferentes a los de hoy, donde la inseguridad es desde hace décadas una herencia maldita que se transmite gobierno tras gobierno.

Este viernes, el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha dicho que pedirá perdón a las víctimas de la violencia, y prometió ante familiares que hará justicia por sus desaparecidos. Sabemos que ese perdón deberá venir acompañado de estrategias, de acciones, de objetivos a cumplir porque no es el gasolinazo, no son las reformas, no es la austeridad en las Cámaras, no son las pensiones de los ex Presidentes, ni el nuevo aeropuerto ni los ninis, lo que realmente requiere y exige la sociedad mexicana en estos momentos, es la seguridad, la garantía de su tranquilidad y la de los suyos.

Así pues, el principal reto de los gobiernos que vienen, la expectativa de la pacificación y de serenar a la nación es grande, ya veremos si los que llegan estarán a la altura de ese desafío. El sexenio de la muerte está por concluir. Peña Nieto será recordado como el Presidente con más muertos que convirtió a México en una gran fosa clandestina. Deseamos y esperamos que López Obrador emerja como el presidente que efectivamente brindó y devolvió a los mexicanos la anhelada pacificación.

opinion.salcosga@hotmail.com
@salvadorcosio1

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