Guerra de alta intensidad

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La recientemente aparición de varias fosas o centros clandestinos de enterramiento con decenas de cuerpos en la zona metropolitana de Guadalajara, nos golpea nuevamente en el rostro con la situación de guerra que estamos viviendo en Jalisco y en el país.

En este contexto, al gobernador de Jalisco se le ocurrió calificar como una “guerra de baja intensidad” a los hechos de violencia que tenemos en el estado y sus macabros saldos de homicidios violentos, enfrentamientos, masacrados, desaparecidos y las fosas clandestinas y centros de exterminio que esta maquinaria de muerte va dejando a su paso.

Así lo dijo el pasado jueves 9 de agosto Aristóteles Sandoval: “Hemos encontrado esta ‘guerra de baja intensidad’, que si bien se da entre los grupos, estamos encontrando dónde están, estamos previniendo, hay detenidos e información. Eso es lo que nos está generando, el encontrar esta situación, que no se esconde en Jalisco, que se actúa y hay detenidos”. Y añadió: “Imaginen ustedes, en tan poco tiempo haber hallado un hallazgo de esta naturaleza, habla de la guerra, del enfrentamiento que hay de baja intensidad, pero que no dejando pasar por alto la detención de integrantes de la misma, para poder controlar y castigar a los responsables”.

El uso del concepto de “guerra de baja intensidad” suscitó controversia a grado tal que un día después el mismo mandatario se sintió obligado a aclarar el concepto que utilizó. En su cuenta de Twitter escribió lo siguiente: “Pese a lo que podría entenderse de forma literal, hablar sobre guerras de baja intensidad no es un eufemismo ni busca minimizar la gravedad de la situación. Baja intensidad no se refiere a los niveles de violencia del conflicto, sino a la naturaleza de la violencia, las estrategias utilizadas y cómo se enfrentan los entes que están en conflicto. El concepto surge durante los últimos años de la Guerra Fría, para explicar movimientos de insurgencia y contrainsurgencia donde no existía un enfrentamiento directo entre estados nación, y ha ido evolucionando para referirse también a la lucha contra el terrorismo y narcotráfico. En México, con el inicio de la famosa guerra contra el narco, comienza un proceso de recrudecimiento de la violencia que poco a poco ha tomado las características de una guerra de baja intensidad”.

Tiene razón el gobernador que el concepto de “guerra baja intensidad” surge en el contexto de la Guerra Fría librada entre las potencias que se disputaban la hegemonía mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética, pero no precisa que el concepto fue elaborado en particular por el ejército de Estados Unidos para definir y desplegar estrategias de lucha contrainsurgentes.

¿Es una lucha contrainsurgente la que tenemos en este momento en México? Podría ser, pero en todo caso el uso del concepto de “baja intensidad” no parece el más adecuado para describir la situación que tenemos en México y en Jalisco. Y la definición que hace Aristóteles Sandoval de esta situación la hace parecer sólo como enfrentamiento entre bandas del crimen organizado evadiendo la responsabilidad que el Estado y los gobernantes, como él, tienen en esta guerra.

Para entender dónde estamos parados ahora, hay que partir de que estamos en el pico de la guerra.

En Jalisco y en México vivimos la época más violenta en muchas décadas.

Sólo en Jalisco se han cometido 1,363 homicidios dolosos (por armas de fuego, armas punzocortantes y estrangulamientos) en lo que va del año. A este ritmo es seguro que 2018 superará las cifra de 1,369 muertes violentas ocurridas el año pasado que fue el más violento en varias décadas.

El sexenio del panista Emilio González Márquez arrancó en 2007 con 389 muertes violentas y terminó su administración en 2012 con 1,184. En total se registraron 4,719 homicidios dolosos.

En lo que va del gobierno de Aristóteles Sandoval, ya se registran 6,905 muertes violetas, es decir, 46 por ciento más que en el sexenio anterior. A estas cifras de muerte hay que sumar las cifras de los desaparecidos y las estrategias utilizadas en esta maquinaria de muerte, como son los centros de exterminio y las fosas clandestinas, como las encontradas estas semanas en la zona metropolitana de Guadalajara.

Como se aprecia, lo que se tiene más bien es una “guerra de alta intensidad”, donde el Estado es corresponsable junto con el crimen organizado de esas oleadas de muerte, ya sea por omisión o por comisión. Con la idea de “guerra de baja intensidad” se trata de hacer creer que todo se reduce a una lucha de bandas criminales que disputan el territorio. ¿Y la impunidad oficial, y la protección política necesaria para que esos grandes negocios del capitalismo ilegal prosperen, dónde queda? Aristóteles Sandoval no debe evadir su responsabilidad.

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