La extinción de la partidocracia

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No por coincidencia, los partidos más afectados por el resultado de la elección presidencial del pasado 1º de julio, son los que firmaron el Pacto por México y los que han gobernado este país en las pasadas tres décadas.

Los partidos Revolucionario Institucional (PRI), de la Revolución Democrática (PRD) y Acción Nacional (PAN) tuvieron su peor derrota en su historia, a grado tal que ahora se debaten entre la reforma interna, el cambio de nombre o incluso la extinción.

Estos tres partidos son los responsables de las políticas neoliberales que han remodelado al país en los pasados 30 años en una política económica radical de privatización y libre comercio que ha propiciado el desmantelamiento de industrias nacionales, la entrega de recursos y bienes públicos al sector privado y la entrega en diversas concesiones de, prácticamente, la mitad del territorio nacional.

Si bien las reformas neoliberales comenzaron antes, se intensificaron en el periodo de Carlos Salinas de Gortari, continuaron con los siguientes gobiernos y dieron otra vuelta de tuerca en el actual gobierno de Enrique Peña Nieto con las doce reformas estructurales (entre ellas la energética y la educativa) impulsadas por estos tres partidos a través del Pacto por México.

El resultado de la elección del pasado 1º de julio, especialmente en la elección presidencial, supone una contundente derrota a estos tres partidos y un rechazo a las políticas que impulsaron. Ahora queda por ver si el gobierno de Andrés Manuel López Obrador realmente desmantelará esa política neoliberal o sólo administrará sus efectos más indeseados.

Entre tanto, las tres organizaciones de la partidocracia tradicional debaten su destino. En el PRI dicen querer apartarse de las políticas neoliberales y acercarse a su discurso nacionalista o incluso a una postura socialdemócrata, según declaró su presidenta Claudia Ruiz Massieu. Tanto la actual dirigente como otros priistas no han descartado incluso el cambio de nombre del partido. En la derrota, la tradicional disciplina interna del tricolor se rompió, a grado tal que una corriente se atrevió a criticar a Enrique Peña Nieto y responsabilizarlo de la derrota. “(Son) responsables de abrir el partido a candidatos externos y cerrar espacios a la militancia; de imponer decisiones y candidaturas a placer, de promover cambios a los documentos del partido que atentaron contra las posibilidades democráticas con el pretexto de hacer más fácil la toma de decisiones”, señaló la Corriente Democrática apenas unos días después de las elecciones.

Algo semejante se discute al seno del PRD. También discuten un eventual cambio de nombre y de logotipo y también su postura política, pues a pesar de que la corriente dominante (encabezada por “Los Chuchos”) está enfrentada con López Obrador, otras corrientes no descartan un acercamiento con un gobierno encabezado por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Así lo planteó Alejandro Sánchez, dirigente de la corriente IDN: “El PRD tendrá que resolver algunas encrucijadas. Lo primero es la relación con el nuevo gobierno de la república y de Ciudad de México. Para algunos, existe la posición de ser oposición, otros como la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN), están a favor de ser coadyuvante con un gobierno democrático progresista, porque no es de derecha”.

En el PAN hay también una crítica al alejamiento de los principios de doctrina que ese partido defendía y que su arribo al poder transformó en puro pragmatismo.

El gobernador de Baja California Sur, Carlos Mendoza Davis dijo que “en el PAN no prevalece el bien común, la solidaridad, la decencia, la tolerancia y el respeto”, y cuestionó que la dirigencia blanquiazul “no distingue filiaciones políticas y se ha privilegiado la construcción de candidaturas en vez de un proyecto generoso de patria, con identidad propia”.

Como se aprecia, la fuerte derrota que sufrieron las tres principales organizaciones de la partidocracia tradicional los está impulsando al debate interno sobre su destino, postura ideológica, cambio de nombre e incluso algunos hablan de extinción de estas formaciones.

A pesar del debate abierto al calor de la derrota política, lo cierto es que una organización política no se puede reinventar con sólo cambiarla de nombre o de logotipo, o porque diga que ahora abraza una nueva ideología.

Son años de formas de hacer política que no se pueden cambiar en apenas unos meses de debate interno. Son hábitos y perspectivas de ejercer el poder que los llevaron a la derrota y que ahora no se pueden cambiar a voluntad de algunos dirigentes que administran esa derrota.

Los dirigentes de estos partidos dicen haber perdido por que se alejaron de sus principios y de los electores, se alejaron de la sociedad. Pero el mensaje político del pasado 1º de julio es más profundo. Es un voto de rechazo a la partidocracia, a sus formas autoritarias y corruptas de ejercer el poder. Y esos hábitos no se extirparán fácilmente del PRI, PAN y PRD. Mejor sería que se animaran a plantearse en serio su extinción, eso es lo que la mayoría de la sociedad demanda.

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