Lomelí, ¿peligro o bravocunería?

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A propósito del conflicto postelectoral entre el gobernador electo Enrique Alfaro Ramírez y el ex candidato de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Carlos Lomelí, surge la duda de si realmente éste último representará un peligro para el próximo gobierno del estado o si estamos inflando de manera artificial un tema que no tiene sustento y no es más que bravocunería

Lomelí aprovechó el vacío de información que dejaron las vacaciones de Enrique Alfaro para soltar que su nombramiento como enlace del virtual presidente electo Andrés Manuel López Obrador era casi como el de un gobernador alterno. Dijo que sería quien controlaría más de 89 mil millones de pesos de origen federal y además la única vía de comunicación entre los gobiernos de Jalisco y nacional.

Hasta ahora, no se ha aclarado con exactitud qué es lo que harán los enlaces, pero la advertencia de Lomelí parece más bien la opinión de alguien que ignora la proporción que una tarea como esta implica. Sin contar las atribuciones de todas las instituciones que participan en el gasto público, desde la planeación hasta la rendición de cuentas y la fiscalización.

Lo anterior, si además consideramos la imposibilidad de que el virtual presidente electo incurra en la inmadurez de vengarse de Enrique Alfaro castigando a Jalisco.

Los medios de comunicación, y me incluyo porque escribo ahora del tema, también contribuimos a sobredimensionar las diferencias. Al final, Alfaro Ramírez y López Obrador están obligados a comunicarse y a acordar aquellos temas ordinarios y extraordinarios de Jalisco. Además, ambos son lo suficientemente pragmáticos para saber que es mejor llevar la fiesta en paz.

Por otra parte, la asignación de recursos a los estados, que forma parte del pacto federal, es propuesta por el presidente de la república, pero aprobada por el Congreso de la Unión. Los recursos federales, en particular las participaciones y los diferentes ramos, no son una bolsa de la que se disponga al comienzo del año, sino producto de la recaudación que se entrega en ministraciones a estados y municipios. Hablamos del dinero para el salario de maestros y en general de la educación, médicos y salud, infraestructura y seguridad, entre otros.

Carlos Lomelí podrá, en todo caso, tener control sobre los programas que ejecuta de manera directa el gobierno federal, como los del campo o de desarrollo social. Lo demás, es parte del funcionamiento del Estado, no del gobierno.

En todo caso, lo que sí sería necesario es una mejor vigilancia del buen uso de los recursos y de la verdadera aplicación de las promesas de austeridad y atención de prioridades que hizo López Obrador, pero esa tampoco es una tarea que pueda hacer una persona. Esto pasa por el fortalecimiento de las instituciones por las que los ciudadanos hemos presionado para que sean realidad: la transparencia, el gobierno abierto, los sistemas anticorrupción, la rendición de cuentas y la fiscalización.

Que se odien o se quieran los actores políticos es su problema. Lo que no pueden es evadir la responsabilidad de cambio que quienes votaron el primero de julio les otorgaron.

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