TROPEZÓN ENERGÉTICO

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A propósito de las recientes propuestas del virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, tanto para encabezar el sector energético del país, como para impulsar los proyectos sexenales, no cayeron en gracia ni los futuros nombramientos, ni tampoco los planes. De tal forma que el anuncio para dirigir Pemex, Octavio Romero Oropeza, y la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, no fueron bien recibidos por varios economistas.

De todos es sabido que el sector energético es clave en términos de crecimiento económico, por lo que, a decir de varios expertos, la propuesta de Bartlett es una mala noticia.

Andrés Manuel López Obrador, informó que en materia energética para el país definió, con su equipo de colaboradores, cuatro proyectos estratégicos prioritarios para su gobierno. Los programas estratégicos son extraer más petróleo y gas con urgencia, ante la disminución de la producción petrolera; el segundo es reconfigurar, rehabilitar, las seis refinerías que hay en el país actualmente. Mientras que el tercer programa consiste en la construcción de una nueva refinería el próximo año en Dos Bocas Paraíso, Tabasco, y el cuarto es producir más energía eléctrica y no cerrar las plantas de generación de energía de la CFE.

Frente a lo anterior vale la pena comentar que el cambio a las energías limpias llegará antes de lo esperado.

Se prevé que el relevo se habrá producido completamente en 2040.

Se prevén que las inversiones en energías renovables serán de 6 billones de dólares de aquí a 2040, lo que supondrá una remodelación total del mercado energético. Casi el 50% se realizará en el Asia – Pacífico, y gran parte de ella irá destinad a China y La India.

Así pues, pasaremos de un mercado donde las centrales térmicas representan más del 60% de la capacidad eléctrica global, a uno en el que la eólica y solar serán las que más aporten y los combustibles fósiles supondrán menos de un tercio. Y por lo menos en los planes hasta ahora conocidos, nada se ha dicho en torno a las fuentes de energía verde y sustentable.

La demanda global de electricidad crecerá un 58% de aquí hasta 2040, debido principalmente al aumento de la población mundial, a la generalización del coche eléctrico como forma de transporte y al auge del mercado de las baterías. Pero este enorme incremento será cubierto casi en su totalidad por fuentes de energías renovables. Y buena parte procederá de la energía eólica, que crecerá un 349%, y la solar, que multiplicará por 14 su capacidad. Así, se estima que en estos años la capacidad instalada se doble, pasando de los actuales 6,719 gigavatios a casi 14,000.

La energía fotovoltaica cada vez es más barata, rompiendo todas las previsiones que teníamos hasta la fecha. El precio de los módulos ha caído un 90% desde 1990, y la energía solar es un 72% más barata que en 2009. Y se prevé que lo sea un 67% más de aquí al 2040.

Algo similar ocurrirá con la energía eólica. Los aerogeneradores construidos hoy en día son muy diferentes a los de hace diez años. Así pues, no sólo son más baratos de construir, sino que también son más eficientes. Especialmente reseñable será la caída en el costo de proyectos con aerogeneradores offshore (en alta mar). El precio en países como Dinamarca, Holanda o Alemania ha caído hasta los 50 dólares por megavatio/hora debido a una combinación de factores como la ubicación de los parques cerca de la costa, licitaciones competitivas y un esfuerzo de los gobiernos por reducir el riesgo asociado a los proyectos. Y a esto podría unirse otra caída del costo del 71% hasta el 2040.

También un reciente artículo de la Oxford Academy apunta a la “descarbonización” de la electricidad ante las muchas opciones de generación con fuentes renovales.

A pesar de que las centrales térmicas son más fiables y flexibles en su producción que las plantas fotovoltaicas o los parques eólicos, perderán peso en el mix energético debido al cada vez mayor costo de los combustibles fósiles y del propio mantenimiento de las centrales.

Por su parte, las energías renovables hasta ahora complementaban más que sustituían la producción de las centrales térmicas. Sin embargo tienen a su favor la capacidad de la electricidad de ser almacenada, las interconexiones a larga distancia y los sistemas de flexibilización. Todo ello permitirá absorber cualquier exceso en la generación de electricidad, y permitiría ir expulsando del mix eléctrico al carbón y, posteriormente, al gas natural.

Así pues, la pregunta no es si las energías renovables serán más baratas que las de combustibles fósiles, sino cuándo lo serán. Ya estamos viviendo un punto de inflexión histórico donde en Europa ya hay proyectos de renovables con costos muy competitivos, mientras que en China e India el momento podría llegar en torno al 2020. En EEUU, donde la fuente de energía más barata es el gas natural, este momento podría retrasarse hasta el 2023, pero no mucho más allá. Por otro lado, el New Energy Outlook 2017 señala como más importante el momento en el que será más barato comenzar un nuevo proyecto de renovables que seguir manteniendo una central de carbón o gas que ya está construida. En todos los casos, parece que este momento llegará entre 2027 y 2030, y supondrá el verdadero punto de inflexión que marcará el cambio de modelo energético. Sin embargo, esto no se traducirá es un cambio inmediato en dicho modelo a nivel mundial, pues como sabemos los países tienden a ir varios años por detrás de la tecnología a la hora de adecuar sus políticas energéticas. Mientras que el gas podría verse superado por las renovables en 2027 como fuente de electricidad a nivel mundial, el carbón sólo se vería superado una década más tarde, en torno a 2037.

Uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad es cómo resolver el problema de la energía. Actualmente la producción de electricidad es cara, ineficiente y por lo general, produce deshechos perjudiciales para el medio ambiente y las personas. Pese a los grandes avances tecnológicos en los últimos años, millones de personas no tienen acceso a la electricidad. Además, la obtención y el control de los recursos energéticos es la causa principal de guerras y conflictos armados en muchos países del mundo. La única solución sería obtener una fuente de energía barata, ilimitada y no contaminante a la que todo el mundo tuviera acceso.

Las fuentes de energía renovables guían la transición energética. La innovación tecnológica, la competitividad de costos y el aumento de las inversiones confirman su papel esencial para responder al cambio climático y dar forma a un nuevo modelo de desarrollo sostenible, y en México ya deberíamos seriamente pensar en ello y actuar en consecuencia.

El mundo cada vez invierte más en energías renovables. Se ha estimado que en 2017 se destinaron más de 333,000 millones de dólares al desarrollo de tecnologías sostenibles –un 3 % más respecto a 2016– y se prevé que se destine esta misma cifra también en este 2018.

La decisión de invertir en formas de energía renovable es una tendencia al alza que se traduce cada año en una mayor capacidad instalada. En 2017 entraron en funcionamiento 160 GW de energías renovables a nivel mundial, con la energía solar (98 GW) y la energía eólica (56 GW) a la cabeza y sin calcular la contribución de las grandes centrales hidroeléctricas. El incremento de las fuentes de energía renovables en el mix energético mundial es fruto de la unión entre desarrollo tecnológico, innovación continua, políticas calibradas e inversiones cada vez mayores. La combinación de estos elementos se refleja en la competitividad del costo de la energía producida por renovables.

La International Renewable Energy Association (IRENA) ha resaltado que desde 2010 hasta la actualidad, el costo de la producción eléctrica de fuentes eólicas ha disminuido aproximadamente en un 20% y el de los campos solares fotovoltaicos en un 75%.

El crecimiento que están registrando en la actualidad las fuentes renovables hace que parezca hace siglos cuando se utilizaba el apelativo «energías alternativas» y, sin embargo, han pasado menos de 10 años.

La necesidad de una respuesta rápida y eficaz al cambio climático unida a la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo sostenible y de la posibilidad de un amplio acceso a la energía han convertido a las renovables en formas de energía determinantes para el futuro del planeta, tanto en los países industrializados como en los emergentes –que es nuestro caso-.

El crecimiento de las fuentes de energía renovables cada vez está más vinculado a la transformación de todo el sector energético, lo que supone toda una revolución de las empresas eléctricas, pero también de numerosas industrias relacionadas de distinta manera con el sector eléctrico. El desarrollo de las energías renovables es a la vez causa y efecto de la transición energética actual. Por eso preocupa que dentro del plan energético del próximo gobierno de la republica, se apueste más a lo tradicional que a lo novedoso y actual, por decirlo de alguna manera. Impulsar de una vez y con toda contundencia las fuentes renovables de energía nos colocaría a la vanguardia y también las inversiones a mediano y largo plazo serían más fructíferas y estables.  Actualmente se da por sentado que el futuro de la energía, del clima y del desarrollo están indisociablemente unidos a la energía solar, eólica, geotérmica, hidroeléctrica y de biomasa. Este año se caracterizará por una tendencia según la cual las energías renovables desempeñarán un papel a menudo fundamental –para la reducción del uso de fuentes fósiles– y siempre relevante –por ejemplo, para un mayor desarrollo de las tecnologías para el almacenamiento de energía.

La difusión de la movilidad eléctrica, la evolución del mercado del gas natural o el costo de las baterías de iones de litio son algunos de los elementos que se consideran claves para el sector energético en el futuro más próximo, de manera paralela y conjunta a las fuentes renovables.

Por ejemplo, los combustibles generados de algunos vegetales son ya una realidad. Funcionan en la mayoría de motores actuales (en el caso de los biodiesel) y producen entre un 20% y un 40% menos de gases contaminantes. Para producirlos se usan plantas como el maíz o el azúcar. Su nivel de desarrollo es alto, y ya se comercializa como una alternativa viable, menos contaminante y cuya producción es prácticamente ilimitada, al poder renovar las plantaciones y ampliarlas en caso de que sea necesario.

En este caso el costo de producción de estos biocombustibles no es excesivamente alto, pero presentan un gran inconveniente que lo hace incluso más perjudicial que los combustibles fósiles tradicionales. La materia prima es alimento, como el maíz, y la producción simultánea para consumo humano y para combustible hace que el precio del primer tipo se vea afectado. Hay muchos países (sobretodo en vías de desarrollo como el nuestro), que han tenido problemas de abastecimiento a causa del aumento de los precios de estos cereales. Si la producción de combustible afecta a la alimentación de millones de personas, no es una alternativa viable.

Pero hay una manera de continuar el proceso sin perjudicar a ninguno de los dos lados. Generar combustible de plantas no aptas para consumo humano, como por ejemplo, un tipo de algas con las que ya se está experimentando en Japón. La facilidad para producirlas y el hecho de que no afecte al precio de los alimentos, lo convierte en una alternativa sólida de cara al futuro.

Pese a que la energía solar es ya una realidad y está relativamente consolidada, aún le queda mucho camino por recorrer. Las placas fotovoltáicas, el método más extendido para obtener energía eléctrica a partir del sol, tienen un rendimiento muy pobre, entre un 10% y un 15% de la radiación solar es transformada en electricidad. Esta es la causa principal de que este tipo de obtención de energía sea todavía muy cara.

No obstante, sigue siendo una alternativa de futuro. Exceptuando el proceso de construcción de los paneles, la energía solar no provoca gases ni subproductos contaminantes, con lo que es una buena opción desde el punto de vista ecológico. Hay muchas investigaciones que están centradas en cómo incrementar el rendimiento de los paneles. En países con una mayoría de horas de sol (que incluye la mayor parte de los países subdesarrollados, lo que representa para México una gran ventaja competitiva), un sistema más eficiente de estaciones solares sería suficiente para su propio abastecimiento, con el consiguiente beneficio económico, social y medioambiental.

La energía de fusión nuclear (las centrales nucleares de toda la vida) son un método bastante eficiente y efectivo para la producción de energía eléctrica. No produce gases de efecto invernadero, se puede controlar la cantidad de energía que se quiere generar y es relativamente barata. Por contra tenemos los efectos de sobra conocidos, los desechos nucleares radiactivos. Por eso las investigaciones más esperanzadoras apuestan por una nueva energía de fusión, un método que podría salvar al planeta de su destrucción a causa de la contaminación y la polución.

Mientras esperamos a que la fusión nuclear nos provea de una fuente de energía prácticamente ilimitada y muy barata, no tenemos que conformarnos con los procesos tradicionales. A corto plazo lo más sensato es apostar por las renovables y aumentar la investigación y el desarrollo en las mismas. La energía es el gran reto de la humanidad del siglo XXI.

Así pues, sería de mayúscula importancia que en nuestro país estuviéramos preparados para afrontar del futuro desde hoy, con un plan integral de mediano y largo alcance que nos permita planear la producción y generación de la energía sustentable que necesitaremos en las próximas décadas sin tener la dependencia que hoy tenemos en gran medida de los combustibles fósiles.

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