GUERRA ARANCELARIA

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El xenófobo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo recientemente que está “listo” para aplicar aranceles a otros 500 mil millones de dólares en productos chinos y agregó que se han aprovechado del país durante demasiado tiempo. La cifra de 500 mil millones de dólares equivaldría aproximadamente al valor de los productos chinos importados a Estados Unidos el año pasado. Los comentarios de Trump surgen en un momento en que se profundiza cada vez más el conflicto en que se encuentran las dos economías más grandes del mundo por las acusaciones de comercio injusto. Hace un par de días, China culpó a las autoridades estadounidenses de hacer falsas acusaciones y reaccionó a afirmaciones de que el presidente Xi Jinping está bloqueando las negociaciones con los Estados Unidos. El asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, aseguró que Xi no tiene ninguna intención de llegar a un acuerdo sobre el comercio con la administración de Trump.

A principio de este mes, el gobierno estadounidense empezó a aplicar gravámenes a bienes chinos por 34 mil millones de dólares. La respuesta de China fue cobrar aranceles a productos estadounidenses por la misma cantidad.

Cuestionado sobre si esta medida por parte de Estados Unidos afectaría a los mercados, Trump señaló que “si lo hace, que lo haga. No estoy haciendo esto por la política”. Reviró. Además, el mandatario estadounidense aseveró, a través de su cuenta de Twitter, que tanto la Unión Europea como China están manipulando sus monedas y bajando sus tasas de interés, lo que lleva a un escenario comercial injusto.

Ahora bien, de cumplir esta nueva amenaza,  sería la tercera batería arancelaria que Washington adopta específicamente contra China, con la que Trump ha enzarzado a nuestro vecino país del norte en una guerra arancelaria desde comienzos de julio. Estados Unidos asestó el primer golpe, el pasado 5 de julio, al anunciar la imposición de aranceles a los productos chinos. Hace diez días, Washington escaló el enfrentamiento al imponer, a modo de represalia por la respuesta asiática, nuevos aranceles del 10 % a productos importados de China, por valor de 200,000 millones de dólares. Esta medida llevó al Ministerio de Comercio chino a presentar una denuncia formal ante la Organización Mundial del Comercio, horas después de la celebración de la cumbre China-EU en Pekín en la que ambas partes se comprometieron a defender el sistema multilateral de comercio y rechazaron las medidas proteccionistas estadounidenses.

Estados Unidos es el primer socio comercial de China. La balanza es deficitaria para los estadounidenses, con 375,000 millones de dólares en 2017, una cifra récord que Trump quería reducir en 200,000 millones para 2020. Es probable, según los expertos, que Pekín abra la veda de las medidas no arancelarias: al tener un control considerable sobre la economía, las autoridades pueden fácilmente dificultar la actividad de las empresas estadounidenses en territorio chino o incluso impulsar un boicot encubierto al país, desde dejar de comprar sus productos hasta restringir el turismo chino a los Estados Unidos, entre otras medidas.

En tanto, el Congreso norteamericano está perdiendo la paciencia con la política del gobierno de Donald Trump de tratar de resolver disputas comerciales por medio de aranceles, y se habla cada vez más de tomar medidas legislativas para proteger empleos en Estados Unidos.

Un influyente senador republicano ha amenazado con un proyecto para limitar las medidas comerciales de Trump, y otros se le sumaron  con la promesa de un proyecto complementario. Mientras tanto, los legisladores están convocando a audiencias para conocer el impacto económico sobre los agricultores y empresarios locales.

Las perspectivas de llegar a una votación sobre leyes comerciales antes del receso de agosto son escasas, pero da la impresión que los legisladores están advirtiendo al gobierno.

El senador Orrin Hatch, presidente republicano de la Comisión de Finanzas, dijo que si el gobierno “sigue confiando de manera equivocada e imprudente en los aranceles”, él impulsará un proyecto que ya está discutiendo con sus colegas. Los senadores Doug Jones, demócrata de Alabama, y Lamar Alexander, republicano de Tennessee, siguieron su ejemplo. Dijeron que los aranceles sobre automotores amenazan decenas de miles de empleos en el sur de Estados Unidos, donde fabricantes extranjeros de autos han realizado fuertes inversiones en los últimos años.

Un tema que ha causado gran revuelo, tiene que ver los impuestos a la importación de vehículos y autopartes, y es que nuevos aranceles o cuotas también reducirían la competencia y la capacidad de los consumidores para escoger, incrementaría el costo de los vehículos usados e incrementaría el costo de llevar a los vehículos a reparar o a un servicio.

En junio pasado, Donald Trump amenazó a la Unión Europea con imponer un arancel a la importación de autos de alrededor de 20 por ciento; el nivel de un potencial arancel sin embargo debe provenir primero tras la conclusión de la investigación del Departamento de Comercio.

A mitad de la semana pasada, un grupo bipartidista de 149 congresistas estadounidenses enviaron una carta al Secretario de Comercio asegurando que la imposición de mayores restricciones comerciales produciría efectos no deseados para socavar la seguridad económica del país y tras darse a conocer la misiva, centenares de políticos y empresarios norteamericanos se han manifestado en apoyo al rechazo a las políticas proteccionistas del gobierno de Trump a través de la imposición a diestra y siniestras de aranceles a decenas de productos. Esto apenas comienza, veremos en qué termina.

Lo que es evidentes es que Estados Unidos se muestra inflexible en su agresiva y arrolladora nueva política arancelaria que ha desatado una guerra comercial, mientras la Unión Europea (EU) aboga por “tender” puentes en el marco del G20 que culminó el fin de semana en Buenos Aires.

La reunión del G20 financiero, integrado por ministros de Economía y presidentes de bancos centrales, se convirtió en foro de discusión de los aumentos de aranceles decididos por la administración de Donald Trump. En un tono opuesto al asumido por el gobierno de Trump, el Comisario Europeo para Asuntos Económicos y Financieros, Fiscalidad y Aduanas, Pierre Moscovici, aseguró que los países europeos están listos para “tender puentes”.

Estados Unidos busca combatir un déficit comercial con China que supera los 370,000 millones de dólares anuales.

En el proceso, el incremento de aranceles afectó a otros de sus socios comerciales como la UE, Canadá y México (miembros junto a Estados Unidos del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN por sus siglas en inglés).

Las medidas de contención a las disposiciones estadounidenses no se hicieron esperar y se generalizaron, y ahora amenazan con recortar el crecimiento mundial. La UE insiste en que la actual coyuntura solo dejará perdedores en el camino.

Ahora bien, el impacto de las medidas proteccionistas implementadas ha sido, afortunadamente, limitado hasta ahora, pero el riesgo de una escalada de ese impacto está latente. No hace falta decir que un aumento de los conflictos comerciales afectaría negativamente el bienestar en todos los países; también en Estados Unidos.

El proteccionismo no es bueno para nadie. No hay ganadores, solo víctimas.

La tensión que se respira en los cruces de declaraciones durante el G20 en Buenos Aires es una muestra más de la crisis de las negociaciones comerciales multilaterales, que se evidencian en la parálisis por la que atraviesa la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En este contexto, grupos industriales alemanes advirtieron antes del encuentro entre el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el mandatario estadounidense, Donald Trump, que los aranceles que ha impuesto Washington o que amenaza con aplicar, ponen en riesgo al mismo país norteamericano.

Estados Unidos impuso tarifas sobre el acero y el aluminio de la Unión Europea el 1 de junio y Trump amenaza con ampliarlos a los vehículos y las autopartes del bloque.

Juncker hablará de comercio con Trump. La economía de Alemania ha contado durante décadas con la existencia de mercados abiertos y un sistema comercial global confiable, pero en la actualidad las compañías alemanas sienten cada día que la brecha transatlántica se está ensanchando.

La realidad es que por donde pisa Trump vuelve a crecer la hierba, pero ciertamente nunca tan verde como antes.

El último pisotón lo sufrió el viejo continente con la semana europea de Donald Trump del 11 al 16 de julio. Cada una de las tres etapas del viaje de Trump por Europa este mes ha dejado una huella profunda. En la OTAN, su show sembró la consternación entre sus socios, al sufrir en carne propia las broncas exigiéndoles que pagaran más.

También su paso por el Reino Unido será muy recordado por la Primera Ministra, Theresa May, a la que criticó abiertamente en declaraciones a la prensa mientras loaba a los “brexiters” más duros.

Y la reunión en Finlandia con Vladímir Putin acabó sembrando el desconcierto en su propio país, en las filas del Partido Republicano, al dar más crédito al presidente ruso que a los servicios de inteligencia norteamericanos. Probablemente fue Putin quien ganó algo en los tres escenarios, en Bruselas, Londres y Helsinki, aunque en dos de ellos no estuviera físicamente presente. Un Putin a quien Trump considera “competidor” pero no “enemigo”. Esta última calificación la reserva para la UE.

Seis días que dejaron heridas profundas en todos los escenarios en que el presidente norteamericano transitó, se tratara de la OTAN, el Reino Unido o el Helsinki de Putin, en lo que pareció un tour diseñado para debilitar a las instituciones multilaterales que los Estados Unidos y Europa construyeron después de 1945.

En Alemania, hace tiempo que lo entendieron muy bien. La canciller Angela Merkel fue la primera que avisó, en mayo, que “ya no podemos contar con Estados Unidos” como antes, y esta semana mandó un mensaje parecido. “Uno puede decir que los valores, o nuestro marco habitual, están bajo una presión muy fuerte en este momento”, dijo Merkel, aunque, siempre prudente, añadió que “a pesar de todo, las relaciones transatlánticas, incluido el Presidente de los Estados Unidos, son cruciales para nosotros, y yo seguiré cultivándolas”.

Más mérito tiene este mensaje conciliador si tenemos en cuenta que Merkel fue uno de los personajes más criticados por Trump en su gira europea, llegando a calificarla de “cautiva” de Moscú, por la dependencia del gas y el petróleo ruso. Los conflictos entre Europa y los Estados Unidos se multiplican desde que Trump ocupa la Casa Blanca, y en el ámbito en que más se recrudecen es el comercial. En definitiva, Trump aplica su eslogan de campaña, el “América Primero” a todos los terrenos.

Es esta defensa del proteccionismo a ultranza la que le lleva a enfrentarse con todos. Porque los conflictos no sólo estallan con los europeos. Es Trump contra el mundo.

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