AGUACEROS

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La noticia en ultimas fechas en el área metropolitana de Guadalajara ha sido el inclemente temporal de lluvias que ha azotado con fiereza a toda la ciudad, provocando una serie de desastres pocas veces vistas anteriormente. No dejan de sorprender las imágenes de la línea del tren ligero que fue totalmente cubierto por el agua en una de sus estaciones al norte de la ciudad, lo que orilló a que decenas de pasajeros tuvieran que salir literalmente buceando de la unidad con el latente riesgo de morir ahogados. Otra escena dantesca fue la inundación de los niveles subterráneos de un concurrido centro comercial que ahogó y dejó inservibles a más de una centena de automóviles que ahí se encontraban estacionados; y hay que mencionarlo, sin que nadie aun se haga responsable de dichas pérdidas. Afortunadamente en ambos casos no hubo vidas humanas que lamentar, pero el riesgo fue inminente. Es obligación de todos no dejar en el olvido esos dos lamentables percances porque hay evidencia suficiente para sustentar acciones y omisiones cometidas por autoridades estatales y municipales que pudieron haber provocado tan serios problemas, derivado de las obras publicas que en esos sitios se realiza y/o realizó recientemente.

Todavía no terminaban los tapatíos de sorprenderse con esos daños y estragos, cuando hace apenas unos días otra zona de la ciudad fue extrañamente azota por lo que pareciera haber sido una combinación de un tornado con una intensa lluvia que en cuestión de minutos se llevó todo a su paso, particularmente en la zona denominada “Talpita”.  Así pues, todos los días la nota son el numero de árboles tirados por las lluvias, las zonas inundadas, los vehículos varados y hasta un socavón que también recientemente se formó en una carretera aledaña al área metropolitana. Debemos extremar precauciones y la autoridad estar pendiente e implementar acciones preventivas para tratar en la medida de lo posible hacer frente a un temporal que se antoja será caótico.

Derivado de lo anterior, vale la pena reflexionar sobre lo que a nivel mundial pasa. El cambio climático ya está provocando un aumento de los extremos de las lluvias y nevadas en la mayor parte del globo. Y esta tendencia continuará mientras el mundo se calienta.

Las lluvias torrenciales y otros fenómenos climáticos extremos pueden provocar inundaciones y el deterioro de la calidad del agua, e incluso en algunas zonas una progresiva disminución de los recursos hídricos. En Asia por ejemplo, tan solo el año pasado, como resultado de las torrenciales lluvias monzónicas, casi 41 millones de personas fueron afectadas por inundaciones y deslizamientos de tierra en Bangladesh, India y Nepal. Más de 1,200 personas murieron. Decenas de miles de casas, así como escuelas y hospitales, fueron destruidos dejando a las personas desplazadas, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. En la India, al menos 32.1 millones de personas se vieron afectadas por inundaciones en Assam, Bihar, Uttar Pradesh y Bengala Occidental. Se sabe que más de 600 personas murieron. En África, la precipitación estacional total fue superior a la media en la mayor parte de la región saheliana y en el oeste de África. Las lluvias torrenciales hicieron que los ríos ya crecidos rompieran sus riberas en varios países, entre ellos Nigeria y Níger. Decenas de víctimas fueron reportadas en las peores inundaciones desde 2012. Sierra Leona presenció deslizamientos de tierra desastrosos cerca de la capital Freetown. Esto siguió una precipitación acumulada del 1 de agosto al 14 de agosto de 2017 (1,459.2mm) fue más del 300 por ciento de lo normal (la precipitación normal para el mes de agosto es de 791mm). Se cree que al menos 150 personas murieron en un deslizamiento de tierra en un pueblo pesquero en la provincia de Ituri, República Democrática del Congo en esas fechas. 

En el centro y oeste de Sudán se registró una lluvia inferior al 75% del promedio a largo plazo; en gran parte de Eritrea, Djibouti, el noreste de Etiopía, Rwanda y Burundi; y en partes del noroeste de Somalia, el suroeste de Uganda, el centro y el este de Kenia y en el este de Tanzania. En Norteamérica el año anterior ha sido uno de los más calurosos registrados en los Estados Unidos, con el ranking de temperaturas enero-julio como el segundo más alto desde que comenzaron los registros en 1895. También ha sido un año más húmedo que el promedio (incluso antes del huracán Harvey) , con el total de precipitaciones para los primeros siete meses del año clasificándose como el séptimo mojado en el récord de 123 años, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos. Este año las temperaturas y la precipitación han estado por encima de la media. El “Climate Extremes Index” lo clasificó como el tercer año más alto registrado. Ha habido desastres meteorológicos de nueve mil millones de dólares antes del huracán Harvey, que rompió la racha de un huracán que no llegó a los Estados Unidos. En 2017 las precipitaciones sin precedentes causaron inundaciones catastróficas en el sureste de Texas y el sureste de Louisiana, dejando decenas de bajas, desplazando a miles y causando una enorme impacto económico en la zona. Grandes partes del sureste de Texas vieron más de 30-35 pulgadas (762-889 mm) con cantidades aisladas de hasta 42 pulgadas (1,067 mm) de lluvia. Cedar Bayou en Texas recibió 51.88 pulgadas de lluvia (1,300 mm), según el Centro Nacional de Predicción Meteorológica de los Estados Unidos.

En Sudamérica, las lluvias torrenciales experimentadas en el ultimo año fueron sustituidas por episodios de sequía en varios países. Además, las lluvias de invierno han ayudado a aliviar las condiciones de sequía en las zonas septentrionales de América del Sur. Sin embargo, según las previsiones, hay preocupaciones de que un patrón más seco volverá a estas áreas, lo que generará preocupaciones sobre las condiciones de sequía en la temporada. Esto incluye las varias zonas de Colombia, Venezuela, Guyana, Suriname, Guayana Francesa y el norte de Brasil.

En Bolivia, el departamento de Tarija en el sur del país se vio afectado por la peor sequía en décadas en agosto del año pasado. El bosque de Sama sufrió severos incendios causando la muerte y daños materiales, mientras que los departamentos bolivianos de Chuquisaca y Santa Cruz sufrieron pérdidas de ganado debido a la sequía. Las previsiones informan que la sequedad no sólo conducirá al riesgo de sequía severa en otras áreas de América del Sur, sino también una mayor amenaza de incendios forestales. En Europa, partes de Italia y del sur de Francia sufrieron una grave sequía, y la situación en Córcega alcanzó niveles cercanos a los déficits record de precipitación. El déficit de precipitaciones contribuyó a graves incendios forestales en el sur de Francia. También en Portugal enhubo devastadores incendios forestales, arrasando 141,000 hectáreas de bosque y con decenas de muertos. 

Este año, las condiciones extremas continuaran y se prevé sigan afectando a millones de personas en todo el mundo.

Aun así, hay quienes como el xenófobo Donald Trump no aceptan que el fenómeno del Cambio Climático es real y aquí están sus resultados. 

A medida que el fenómeno del calentamiento global se hace más patente en nuestro planeta, sus efectos son más perceptibles dentro del ciclo hidrológico, motivo por el cual los científicos pronostican períodos de sequías e inundaciones más prolongados, aceleración de la fusión de los glaciares y cambios drásticos en los patrones de precipitación y nieve.

El mundo ya está experimentando cambios a gran escala en lugares como los Andes y el Himalaya, donde están desapareciendo los glaciares y llevándose consigo la fuente de agua potable y riego para millares de personas. 

Cuando hablamos de cambio climático en el planeta Tierra hasta el mejor escenario, ese en el que dejamos de emitir dióxido de carbono a la atmósfera, significará enfrentar las consecuencias del daño que ya está hecho por muchos, muchos años.

Un grupo de científicos halló evidencia de que aun cuando logremos mantener la temperatura de la tierra debajo de 1.5° centígrados -el objetivo más ambicioso en el Acuerdo de París- habrá consecuencias climatológicas que durarán años después de que se hayan reducido las emisiones de dióxido de carbono.

Un nuevo estudio, publicado en la revista Nature Climate Change, sugiere que el fenómeno meteorológico de El Niño -ese que cuando se forma causa severas lluvias e inundaciones en ciertas partes del planeta, como en México y Estados Unidos- ocurrirán cada vez con más frecuencia mientras sigan estas emisiones de efecto invernadero. Y el hallazgo va más lejos: aún si logramos contener la temperatura de la tierra debajo de 1.5° centígrados seguirán ocurriendo más fenómenos meteorológicos de este tipo durante otros 100 años.

A los propios autores del estudio también les impactó el hallazgo. “Fue realmente una sorpresa que lo que encontramos es que después de alcanzar los 1.5 grados centígrados y estabilizar las temperaturas mundiales, la frecuencia de El Niño continuó aumentando durante otro siglo”, dijo Wenju Cai, científico y uno de los principales autores del estudio. “Esperábamos que el riesgo se estabilizaría”.

Este estudio retoma una investigación de 2014 en la que ya habían encontrado que los fenómenos de El Niño aumentarían con el calentamiento global, pero que retomaron luego de que Estados Unidos se salió del Acuerdo de París.

En este último estudio, los científicos se concentraron en investigar específicamente cómo El Niño se vería afectado si en el mundo lográramos cumplir el principal objetivo del Acuerdo de París, que ya varios han advertido será muy complicado de alcanzar.

Como contexto, hay que mencionar que las inundaciones, sequías, tormentas y otros desastres naturales relacionados con el clima han obligado a más de 20 millones de personas a abandonar sus hogares desde 2008. Ese mismo año, la India tuvo que asumir el angustioso dilema de tres millones de desplazados cuando el río Kosi se desbordó y fluyó imparable más allá del Himalaya, causando la peor inundación de sus riberas en 50 años. Diez meses después, la India experimentó el mes de junio más seco en 80 años, por lo que millones de granjeros no fueron capaces de sembrar sus cultivos, situación que ilustra lo impredecible y extremo del clima actual y sus eventos relacionados, en una época marcada por el calentamiento global.

Australia ya lleva una década sometida a la sequía, que es considerada como la peor de los 117 años desde que se mantienen los registros pertinentes.

En 2009, la hambruna acechó a millones de personas en el Cuerno de África, puesto que la total ausencia de nubes trajo consigo la peor crisis alimentaria de Etiopia y Kenia en el último cuarto de siglo.

Desde que todo se agudizó, ha pasado de todo, vale incluso comentar que en noviembre de 2007, el gobernador del estado de Georgia, en Estados Unidos, Sonny Purdue, elevó una plegaria masiva frente al capitolio estatal rogándole a Dios que abriera el grifo del cielo y calmara la sed de la sedienta población de dicha región del sudeste americano.

Ahora bien, las intensas lluvias que se han presentado en los últimos días, son consecuencia del cambio climático, por lo que se hace necesario adaptar el sistema de drenaje del área metropolitana y de muchas otras más ciudades del país a las condiciones actuales. El cambio climático tiene un efecto, van a incrementarse las lluvias, necesitamos revisar los diseños hidráulicos. Si el clima está cambiando quiere decir que todos nuestros diseños hidráulicos tienen que ser revisados para asegurar su operación en los años que vienen, y esta es la norma para la ingeniería hidráulica nacional y mundial. Las zonas que hoy están expuestas a lluvias fuertes con el avance del cambio climático en el futuro van a estar expuestas a precipitaciones todavía mas intensas. 

Las lluvias que hemos registrado en los últimos días en la metrópoli tapatía son resultado de una temporada normal, bastante intensa pero son resultado de una variación climática normal, de alguna manera, evidentemente en algunos casos se han registrado incrementos en la intensidad de estas tormentas y fenómenos que parecieran atípicos, pero que son más típicos que en otros tiempos.

Algo que si se debe hacer urgentemente en las metrópolis es revisar las condiciones de diseño que se utilizaron hace 50 años por la influencia del cambio climático y que ahora están cambiando las condiciones del diseño, con lo cual desde la reingeniería es necesario ajustar nuestra infraestructura hidráulica par salvaguardar la seguridad de la población.

Según la Comisión Nacional del Agua, la precipitación media anual en el área metropolitana de Guadalajara sobre todo durante el temporal de lluvias es de 800 a 900 milímetros. La pregunta es, ¿La ciudad está preparada para enfrentar un aumento de las lluvias en menos tiempo? Si los drenajes que tenemos ahorita, con una lluvia de 10 o 15 minutos, ya están llenos. La respuesta la hemos padecido todos.

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