REDOBLES DE GUERRA

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Los titulares de los diarios el lunes 2 de julio en Jalisco dirán: AMLO, presidente. Los sumarios: Alfaro, gobernador. No es ni mi deseo ni mi pronóstico, es simplemente lo que dicen todas las encuestas desde el principio de las campañas y con mayor certidumbre a unos días de la elección.

A partir de ahí y al menos durante una primera etapa, los problemas entre el nuevo presidente electo y el nuevo gobernador electo se acentuarán, ante la visión que ambos se han encargado de difundir sobre el otro con variados calificativos y que en estos momentos los tienen más distanciados que nunca, desde que en 2006 por ejemplo Alfaro y sus entonces escasos Alfaroboes (El Pope y El Pachis en síntesis) se fueron al plantón en el Zócalo para apoyar al Peje, tras el evidente fraude electoral que llevó a FeliPillo al poder.

Desde el 2 de julio entre Alfaro y López Obrador habrá barreras como la desconfianza, los intereses personales, políticos, grupales y partidistas, visiones contrarias sobre federalismo y administración local, y en particular sobre los proyectos para la siguiente elección presidencial, la del 2024, en la que Alfaro espera figurar tras formarse, dócil, en la fila que en 2018 encabezó el joven maravilla Ricardo (c)Anaya, el “antipopulista” que ya en la desesperación total avienta a sus seguidores tarjetas de débito para que voten por él.

Sin un (c)Anaya presidente -ni del PAN- que lo apoye para 2024, Alfaro tendrá que vérselas solo en su sueño dorado presidencialista, porque MC más allá de Jalisco es sólo un partido coyuntural, lo que lo obligará a intentar meter su nombre en el imaginario nacional a través de acciones concretas y, según se ha visto, una de las mejores formas para comenzar a hacerlo es confrontarse con el próximo presidente de México.

El impresionante cierre de campaña de Alfaro en la explanada del Instituto Cultural Cabañas el sábado, con 100 mil personas que abarrotaron la plaza Tapatía, fue el sitio ideal para remarcar la rayita con AMLO, y de pasada a evitar -de nuevo- embarrarse del mucho lodo que se le ha ido acumulando a su ¿amigocho? el Cerrillo (c)Anaya, a quien no mencionó una sola vez ni mucho menos pidió votos para él a pesar del majestuoso escenario político.

La parte final de la arenga de Alfaro en el Cabañas evidencia su postura, son los tambores de guerra que puso a redoblar.

Jalisco vs México, Democracia vs Socialismo, Rocky vs Ivan Drago, Tortas Ahogadas vs Tortas de Tamal…

“Lo que está pasando a nivel nacional debe ser motivo de un análisis riguroso de nosotros. El coraje y frustración más que justificada de nuestro pueblo está a punto de traer una idea de país que creíamos superada, el autoritarismo extremo está a la vuelta de la esquina y pareciera que ya no hay nada que hacer. Yo me niego a aceptar una realidad así con la cabeza agachada, los invito a luchar hasta el último segundo de esta elección para defender a México con la fuerza de nuestro voto la presidencia de la república”, dijo Alfaro.

Bajo ese tono chauvinista enfebrecido por el Mundial de Fútbol siguió: “Pero si la voluntad popular decide que así sea, entonces los invito a seguir luchando, a no permitir que nadie venga a darnos órdenes a Jalisco, que nadie se atreva a vulnerar nuestra soberanía, que nadie piense que va a someter a nuestro pueblo”.

Ya encarrerado, con el dedo índice flamígero en su advertencia, completó sus señalamientos contra el Peje para dejar muy claro a quién iba dirigido el mensaje y para, inevitablemente, mostrar de qué lado masca la iguana de sus intereses y cómo a los políticos no les importa morderse la lengua:

“Esa visión de país que no permite pensar distinto amenaza con arrebatarnos lo más preciado que tenemos, nuestra libertad. Desde esta plaza le decimos a los que se autoproclaman salvadores de la patria que no nos van a doblar, que Jalisco ha sido y será una voz libertaria que retumbará fuerte por todo México, dejando claro que no permitiremos el restablecimiento de una dictadura o de un presidencialismo totalitario, aquí estamos listos para defender a nuestra patria”.

Si, todo lo anterior lo dijo Alfaro, no el trilingüe (c)Anaya o el optimista Pepe Toño Meade, lo dijo el mismo político jalisciense que se fue junto al Pope y al Pachis al plantón del Zócalo en la Ciudad de México en 2006 y estuvo junto a López Obrador reclamando airado el fraude electoral a favor del panismo, partido con el que ahora así sea de lengua, tiene pacto nacional.

PARTIDIARIO

La elección: Es la última columna que redacto previo a la elección del domingo 1 de julio, cuando estoy convencido habrá un resultado que dará un giro a la historia reciente del país no tanto por la anticipada victoria de López Obrador, sino por los caminos que se abrirán para que puedan transitar por ellos mejores causas y personas, más allá de los intereses económicos de unos cuantos a costa de todo o de la corrupción y violencia desatada. Y el día después, el 2 de julio, que sea de fiesta y de unidad porque ese resultado sí será trascendente en la vida de los mexicanos pase lo que pase…

Y ya con esta: ¿Qué quedará del PAN y del PRI después del 1 de julio? Tanto a nivel nacional como estatal será interesante ver lo que ocurrirá, pues la limpia previsible ante el fracaso evidente abarcará los poderes fácticos que dominaron ambos partidos de cara al actual proceso electoral. Los militantes de verdad, a prueba, de ambas instituciones partidistas, serán los encargados de evitar la muerte de sus colores políticos ahora que se viene una sequía presupuestal que ahuyentará a los vividores del dinero público…

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