Las cenizas del PRD

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Dentro de una semana, luego de celebrarse la jornada electoral, sólo quedarán cenizas del Partido de la Revolución Democrática (PRD). La ruta de pragmatismo, aburguesamiento, traiciones ideológicas y clientelismo convirtieron a un partido que nació vinculado a diversos movimientos y luchas sociales, en un instrumento al servicio de una fracción de la clase política profesional y sin ánimo y fuerza para plantear cualquier transformación social en este país.

Si las tendencias electorales se confirman, y poco parece que puedan cambiar en una semana, la coalición que encabeza Andrés Manuel López Obrador obtendrá cerca de 50 por ciento de intención del voto, como señalan todos los concentrados y agregadores de encuestas. En Oraculus (con actualización hasta el 19 de junio) suma 50 por ciento, al igual que en Bloomberg, y 49.6 por ciento en El País.

En tanto, la coalición con México al Frente que encabeza Ricardo Anaya con la coalición de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) suma 27 por ciento en Oraculus, 24.8 en Bloomberg y 27 por ciento en El País. Todas las encuestas dan un tercer lugar al abanderado priista, José Antonio Meade: suma 20 por ciento en Oraculus, 21.6 por ciento en Bloomberg, y 20.4 en El País.

Vuelvo al PRD. Este partido junto con el PAN y MC obtendrán entre 27 por ciento a 24 por ciento. Hace seis años el PAN compitió solo en la elección presidencial con una pésima candidata como fue Josefina Vázquez Mota, y aun así obtuvo 25.68 por ciento de la votación. El PRD, por su parte, postuló a López Obrador en coalición con PT y Movimiento Ciudadano y consiguieron 31.57 de la votación. Es decir, PAN y PRD hace seis años sumaron aproximadamente 57 por ciento de la votación presidencial; ahora conseguirán apenas la mitad. Éste es el tamaño de la derrota que sufrirán los partidos que ahora postulan a Ricardo Anaya. La derrota será brutal para el PAN, y la carnicería interna que se desatará apenas pase la elección, dejará destrozado a Ricardo Anaya.

Si así se pondrán las cosas en el PAN, en el PRD será peor, porque quedará en migajas: perderá el gobierno de la Ciudad de México que ha sido la fuente de reparto de cargos para los dirigentes de las corrientes, fuente de burocracia partidista al dar empleo a miles de perredistas y fuente de clientelismo electoral mediante el uso faccioso de los programas sociales. Sin esos recursos el PRD será nada en la Ciudad de México.

Perderá además el gobierno de Morelos y en Michoacán, su único gobernador ya está apoyando al candidato del PRI.

La responsabilidad principal de esta derrota, de llevar al PRD a las cenizas, corresponde principalmente a la corriente de los Chuchos que ha controlado la dirigencia perredista desde hace años y la que ha impuesto la política pragmática de aliarse con el PAN, todo para seguir manteniendo cargos y posiciones para los principales dirigentes de esa corriente.

Entre tanto los Chuchos se han convertido en los principales críticos de López Obrador, mientras se llenan la boca hablando de una supuesta “izquierda moderna”, mientras en su quehacer cotidiano reproducen las peores prácticas políticas priistas como el clientelismo y el control vertical del partido.

Hace tiempo que el PRD está derrotado ideológicamente, y las prácticas políticas de sus dirigentes cuestionadas y criticadas. Pero tras la elección presidencial del siguiente domingo, vendrá la derrota y el ostracismo político para una organización que se fundó como herramienta política de cientos de movimientos sociales y miles de luchadores sociales. El PRD está en cenizas justamente porque traicionó los principios políticos y el horizonte ético con el que se fundó. Lo que sigue es saber si de esas cenizas se puede construir otra cosa que retome ideales originarios, o simplemente barrerlas.

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