Fracaso, derrota y traición

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Como un drama de Shakespeare se vive, o imagino que se vive, la elección adentro del frente PAN-PRD-MC. Como han dicho ya muchos columnistas, la suma restó, el acuerdo de las cúpulas no importó a las bases y Anaya se hunde cada día más en el lodo de sus traiciones y su campaña fallida.

El PRD está al borde de la desaparición y a mí me gusta pensar que es karma, que todo eso que les pasa es por la conocida, otra vez traición de “Los Chuchos” a lo que significaba ese partido con todos sus sacrificios, con sus muertos, con su sangre y con la izquierda. El electorado los abandonó, pero sólo después de que ellos abandonaron las razones del electorado para seguirlos.

MC fue subido a la mesa por una razón: Enrique Alfaro.

El voto en Jalisco le significaba a Anaya lo suficiente para pactar con un partido rancio que en el resto del país significa nada. No contaba con que Alfaro, históricamente, se ha comportado como Yago, un personaje traicionero de la tragedia de Otelo que urde una trama sólo para su beneficio engañando a sus aliados y benefactores.

Cuando la elección de 2012, las mediciones internas indicaban que Andrés Manuel López Obrador no tenía las simpatías de las que hoy goza en Jalisco y que apoyarlo de manera definitiva tendría un costo para la elección a gobernador. La medición no era errada y lo que decidieron en el cuarto de guerra de Alfaro fue abandonar al tabasqueño, tirarlo a la barranca, negarlo como lo hizo Pedro porque, para el alfarismo, lo importante son las metas del proyecto propio y no las alianzas y los acuerdos con proyectos de mayor envergadura. Van sólo por las suyas.

De la misma manera, pero de modales mucho más burdos, ha sido la medición en este proceso electoral.

Anaya resta, hunde, debilita al proyecto de Alfaro y las razones sobran.

Históricamente el discurso de Alfaro ha sido más cercano al obradorismo que al panismo, la aceptación del movimiento naranja en la sociedad tiene que ver con un discurso de cambio y esperanza que no puede ofrecer el PAN y las habilidades de su equipo de comunicación han ajustado para que, a pesar de que en la realidad se han dedicado a dilapidar los bienes públicos de manera rapaz, que no han dado resultados en seguridad y que han hecho programas de arte público sumergidos en la burda forma de la complicidad y el negocio, ajuste todavía y el voto de la sociedad los favorezca.

Pero hay cosas que ya saltan a la vista, ni Alfaro es el adalid de las redes sociales (hoy ya sus posteos están llenos de negativos) ni apoya a Anaya.

La traición de Enrique Alfaro es evidente a los ojos de los panistas y la gota que derramó el vaso fue la rueda de prensa de apoyo al candidato a la presidencia ante la embestida de un video que, para mi gusto, será su ruina electoral donde uno de los hermanos Barreiro explica la forma en la que triangulaban fondos.

Incómodo, molesto y mal encarado, Alfaro hizo todo lo posible para pasar desapercibido y eso deja clara una cosa: los aliados son aliados mientras sirvan a los propósitos propios, cuando es momento de dar la cara, de enfrentar al enemigo a costo personal, de “espaldarear” al compadre golpeado, Alfaro se va al final de la fila, se esconde en las sombras.

El alfarismo no tiene amigos, tiene intereses y al final de los finales, cuando Anaya quede en tercer lugar, Alfaro tendrá que asumir que sus decisiones, su traición, son factor si no fundamental sí importante en el fracaso del frente que su equipo impulsó.

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