355 mdp para ganar elección en Jalisco

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Una parte de los ciudadanos cree, ilusamente, que las elecciones son una competencia de ideas, programas e ideologías políticas y que, en teoría, gana la que más convence a la mayoría de los electores. Aunque estos factores de la competencia política estén en juego, en realidad las elecciones son una competencia entre maquinarias de ganar (y comprar) votos.

Ya se sabe con suficiencia que en general el sistema electoral mexicano y en particular sus campañas por el poder público, son de los más caros del mundo. Pero, aunque el financiamiento público entregado a los partidos es alto, no es suficiente para pagar todas las diversas áreas que componen una campaña electoral que quiera ser competitiva por el poder. Los costos superan por varios tantos a las cuentas que oficialmente los partidos y candidatos entregan a las autoridades electorales.

En un informe presentado recientemente por José Carlos Ugalde (ex presidente del Instituto Federal Electoral en 2006) y la académica María Amparo Casar, llamado Dinero bajo la mesa, sostienen que en promedio por cada peso que se reporta oficialmente como gasto de campaña, se gastan otros quince pesos.

Los datos de estos investigadores coinciden con la realidad de, por ejemplo, la campaña de Enrique Peña Nieto quien como candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI) reportó haberse ajustado al tope de campaña fijado por el IFE en 2012: 336 millones de pesos (mdp), cifra que chocaba con todo el derroche que se vio en la campaña priista hace seis años. Meses después la comisión legislativa especial integrada para investigar el dinero utilizado en la campaña del tricolor a través de la casa de bolsa Monex, encontró que al menos se gastaron 4,600 mdp. La proporción 336/4,600 coincide casi con exactitud con los hallazgos del estudio Dinero bajo la mesa: se reporta un peso, y se gastan en realidad otros 15 pesos.

En ese mismo estudio, se establece que en lo que más se gasta en una campaña es en el clientelismo electoral que se compone, a su vez, de dos estructuras: 1) estructura de promoción del voto; y 2) estructura de operación electoral. La primera implica a los responsables regionales, distritales, municipales, seccionales y promotores de calle del voto a favor de un partido o candidato.

Son los que se encargan de ir conociendo el terreno, medir las tendencias, ir asegurando los votantes que acudirán en cada demarcación electoral.

La segunda parte del clientelismo electoral es la estructura de operación electoral en la jornada electoral, que implica financiar a los representantes de casilla (titulares y suplentes), a los representantes generales (que supervisan varias casillas), y a los abogados que “cuidan” los votos.

Además de pagar el costo de esta estructura, se gasta en entrega de regalos, inhibición del voto, compra de voto, y movilización el día de la jornada electoral. En un estado de la república mediano, el total de estos gastos puede ascender a más de 290 mdp.

En Jalisco, según los redactores de este estudio, sólo el costo de las estructuras clientelares puede llegar a costar más de 355 millones de pesos. El tope de gasto para la campaña a gobernador este año fijada por el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) es de 28.5 mdp. De modo que, más allá de las simpatías y las propuestas, la campaña la ganará la maquinaria electoral que logre integrar estas estructuras clientelares, pero sobre todo quien logre financiarla.

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