‘Preocupante, la alianza Padilla-Alfaro’

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EL CATEDRÁTICO DE LA UDEG, ROBERTO CASTELÁN, SOSTIENE QUE LA ALIANZA PACTISTA ES UN PUÑO DE HIERRO PARA JALISCO: “EXCESIVO PRAGMATISMO PARA REPARTIRSE LO QUE TIENEN ENFRENTE”

¿Qué se puede esperar de una alianza entre MC, PAN y PRD? ¿Qué se puede esperar de la alianza que en los hechos ya tienen el líder de la UdeG, Raúl Padilla López y el candidato de MC a la Gubernatura, Enrique Alfaro? El catedrático y escritor Roberto Castelán Rueda asienta que es “preocupante”.

“Me preocupa mucho porque es una alianza pragmática; es ausencia de revisión de principios ideológicos. Tengo entendido que hubo un acuerdo para no llevar a debate parlamentario temas como la interrupción del embarazo, temas como el matrimonio igualitario, que si bien están legislados, todavía hay atorones en Jalisco. Como que ese tipo de temas se están poniendo a buen resguardo para que las cosas pasen como si todos pensaran de la misma manera, y eso me preocupa”, sostiene en entrevista antes de presentar su novela El Rector.

¿Por qué le preocupa esta alianza de partidos?

Es un bloque completamente pragmático, es como un grupo de personas sin ninguna ideología que se reúnen para repartirse las ganancias de algo que tienen enfrente. Pero bueno, esta repartición le puede garantizar tranquilidad al estado al momento de la repartición, porque puedes hacer una repartición en términos tranquilos y no una repartición a gritos y sombrerazos.

Tan excesivamente pragmática esa alianza como la alianza Alfaro-Raúl Padilla…

Por supuesto. Ése es un puño de hierro para el estado. Esto es muy preocupante, porque se puede plantear como dos personas muy preocupadas por el desarrollo, que creo que sí lo están; pero también se puede plantear como dos personas muy interesadas por mantener sus intereses políticos dentro del Estado, independientemente de lo que éstos puedan significar. Y no sé si a la política democrática en el estado le irá bien. Yo no creo que ese tipo de alianzas sean democráticas, creo que son alianzas pragmáticas que no tienen que ver con alianzas políticas.

¿Es que Alfaro y Padilla sí saben hacer política?

Creo que están confundiendo los principios de la política moderna y los están llevando a lo que se creía desterrado, que era la política antigua, que son los principios pactistas. La política moderna precisamente surge tratando de destruir a la política pactista, es decir, la política entre las grandes cúpulas de poder. Por eso la política moderna se supone que refleja la voluntad real de los ciudadanos, de los individuos, no sólo de aquellos que detentan poderes fácticos o que están al frente de grupos poderosos. Creo que hay una vuelta atrás con este tipo de política pactista que, insisto, es una política antigua.

Roberto Castelán.

Antes existió esa alianza pactista entre Emilio González y el Cardenal, y en esa misma alianza estaba Enrique Alfaro con Emilio González…

Yo creo que ahí no fue una alianza pactista propiamente dicha, sino que ahí fue que Emilio González Márquez y su alcoholismo dejaron en manos del Cardenal la política del Estado. Creo que al Cardenal le faltó tiempo para poder hacerse completamente del control político del Estado, o que la iglesia se hiciera completamente del poder político del Estado, junto con un grupo de empresarios, junto con un grupo de asociaciones civiles de la Iglesia, todo eso. Creo que le faltó tiempo. Pero tuvo todo el control de los grupos políticos. Todos los grupos políticos de Jalisco iban con el Cardenal; iba a decir “con excepción de la Universidad de Guadalajara”, pero no, también gente de la Universidad iba a pedirle opinión al Cardenal.

La Universidad estuvo enfrentada con Emilio; hoy la Universidad pactó con Alfaro. ¿Cuál es su diagnóstico del papel que está jugando la Universidad?

No creo que sea bueno que tenga un papel tan participativo, porque, por ejemplo, en el supuesto de que ganara la presidencia Andrés Manuel López Obrador, si es que no hay un acuerdo político, ya puede haber problemas por esa identificación de los grupos de poder dentro de la Universidad de Guadalajara tanto con Alfaro como con Ricardo Anaya. Yo creo, y lo he sostenido desde hace muchos años, que las universidades no deben tener una participación tan activa en los partidos políticos o con los grupos de poder, o con los grupos de estado. Creo que este tipo de participación es inédito en las universidades del mundo. Yo no veo una universidad francesa, no veo una universidad alemana, una universidad noruega con una participación política dentro de estos grupos. Participan como individuos, cada individuo participa en su partido político, pero no como un grupo como la Universidad de Guadalajara.

¿Se pone en riesgo la educación y se privilegia la politiquería?

Es riesgoso para las universidades estar en ese papel. Insisto en ese ejemplo: en la eventualidad de que ganara las elecciones López Obrador, no se encontraría con una universidad neutral, sino con una universidad muy participativa, con grupos muy beligerantes en su contra. Cada vez que viene López Obrador hay un roce con Alfaro. Hay beligerancia, la beligerancia es real. Ahora, los políticos siempre dicen una cosa y en unos meses más pueden cambiar. Si ganara López Obrador, podría tener un buen acuerdo con Alfaro, pero ahorita lo que Andrés Manuel está recibiendo es un grupo beligerante en el estado de Jalisco, con el que no se siente cómodo según sus propias palabras.

¿El PRI ya tiene perdido el Estado?

El PRI ha hecho todo lo que está de su parte para perder el rumbo, pero no: hay que recordar que en política hay idas, venidas, hay vueltas, retornos. Creo que es muy difícil recuperarse para el PRI; de hecho, ahorita los candidatos del PRI están ocultando sus propias siglas, yo creo que esperando tiempos mejores, justamente porque presentando al partido no presentan su mejor cara como políticos. Sin embargo, ni el que se esté borrando el PRI o que se esté borrando el PAN es bueno para una democracia incipiente como le podríamos llamar a la nuestra, porque las democracias lo que requieren son contrapesos, respuestas distintas, respuestas contradictorias, respuestas que sean debatibles entre ellas. La difuminación del PRI no beneficia a nadie. No por lo que represente el PRI en sí mismo, sino porque a ninguna sociedad le conviene la carencia de opciones.

En relación a su novela El Rector, ¿era tan poco hábil políticamente Carlos Briseño?

Yo creo que no estamos hablando aquí de habilidad o falta de habilidad, o inteligencia o falta de inteligencia. Curiosamente, el libro yo lo quiero llevar también hacia una lectura de sentimientos y afectos entre seres humanos. Acuérdate que muchas veces nos dejamos ganar por cierto tipo de sentimientos: si a ti te cae mal alguien, todo lo que haga no le vas a dar ningún margen de crédito. Yo creo que lo que sucedió en ese periodo fue más bien la ebullición y el enfrentamiento de afectos encontrados, de afectos rotos y enfrentados. Y, como tú sabes, cuando metes mucho el sentimiento haces a un lado la habilidad y la inteligencia. Muchas veces te advierten “no hagas esto”, pero tú ya traes el coraje contra la persona, o el amor, y terminas haciendo cosas que después van en tu contra. De quien más podemos aprender de esto son dos autores: William Shakespeare y Dostoievski: cómo, cuando se desbordan nuestros sentimientos, desaparece cualquier elemento de racionalidad. Yo el libro lo quiero poner en el terreno del desborde de sentimientos.

El reinado de Raúl Padilla es con una corporación de instituciones: tiene el PRD, tiene HAGAMOS, tiene la Universidad, es un semillero de políticos…

Pues sí, hay una participación de lo que llaman el Grupo Universidad en la política del estado. Yo no creo que sea conveniente para una institución de educación superior. Creo que lo que perdimos como universidad, con el conflicto universitario, fue la posibilidad de hacer una reflexión profunda, amplia, abierta sobre cómo estamos haciendo las cosas en relación a la política del estado. Perdimos esa reflexión. Se debió haber hecho, porque lo que sucedió en la Universidad no fue un conflicto menor. Justamente por esta misma estructura, el Gobernador del Estado de la época vio la posibilidad de meterse, pero no como se metería un Gobierno del Estado con su universidad, sino de meterse como se metería un líder de una agrupación política a otra agrupación política. El conflicto de la Universidad de Guadalajara que trato en el libro debió ser el punto de partida, la base de estudio en donde se reflexionara a fondo sobre cómo estamos haciendo las cosas en la Universidad de Guadalajara.

LOS ACTORES DEL GRUPO UDEG

Tonatiuh Bravo Padilla.

El rectorado de Tonatiuh Bravo pasó sin pena ni gloria. No supimos cuándo comenzó ni cuándo terminó su periodo y se fue como el Rector Chapulín, a una diputación plurinominal…

Yo no estoy muy convencido de que un Rector deba abandonar su puesto para irse a un puesto político. De entrada, yo no estaría muy de acuerdo con eso. Ahora, con lo que respecta a los logros de Tonatiuh en la Universidad, digamos que fue un rectorado con estabilidad, un rectorado donde hubo buena gestión de ingresos federales, se lograron hacer varias cosas, pero creo que sí haría falta hacer evaluaciones, análisis, autocríticas de las gestiones. En la Universidad sí nos falta hacer análisis críticos de las gestiones de todos, desde los profesores hasta los estudiantes. No evaluaciones, sino análisis críticos.

Raúl Vargas.

Raúl Vargas se acabó al PRD; le dieron un poquito de poder al Doctor y se sintió político…

Creo que el PRD, como lo vemos también en el Distrito Federal, tiene muchos conflictos internos que no logró resolver. El PRD puso de moda las famosas tribus, que se dedicaron a destrozarse entre ellas, con una ideología que se manejaba desde la izquierda, donde sí hubo algunas manifestaciones progresistas. Creo que el PRD igual que el PRI, son sus propios errores, son sus propias incongruencias que los llevan a estar donde están. Lo lamentable es que el PRD representaba una opción de izquierda. A título personal yo te puedo decir que ninguna opción de izquierda podría estar aliada con Anaya, ésa es una contradicción hasta biológica, diría Salvador Allende. Yo nunca he militado en ningún partido político, no sé cuál haya sido el papel del Dr. Vargas en la dirección del PRD, pero creo que todos estos partidos que se están difuminando de la escena política y que necesitan ahora hacer alianza con proyectos o con corrientes más poderosas, son producto de sus propios errores, de sus propias incongruencias.

Trinidad Padilla.

Trino Padilla, otro integrante del primer círculo, ¿es igual si está o no está?

Creo que Trino es más bien un hombre muy prudente. Trino es, casi casi, un garbanzo de a libra en la vida de la Universidad y del mismo PRI. No sé por qué entró al PRI, pero creo que el PRaI lo mal utilizó; Trino es de los garbanzos de a libra en la vida política del estado.

Alfredo Peña.

¿Qué nos puede decir de “El Atenguillo”?

Alfredo es una pieza clave en la vida de la Universidad. Normalmente está como Secretario General en la estructura de la Universidad, es quien logra generar la estabilidad, la misma estabilidad política de la enorme cantidad de grupos que hay al interior de la Universidad. De hecho, creo que fue de los artífices para que Carlos Briseño no hiciera de las suyas en el Consejo General Universitario. Es una persona con mucha sensibilidad y creo que hasta cierta forma ha sabido llevar de buena manera la estabilidad al interior de la Universidad, y digo de buena manera porque si recordamos a Carlos Briseño, que en un momento dado tuvo la misma función, se ganó muchísimos enemigos por la forma en que trataba a directores y funcionarios.

Raúl Padilla.

¿Cómo se siente, en lo personal, con relación a Raúl Padilla?

A título personal, yo lo considero mi amigo. Crecimos juntos. Yo le tengo mucho respeto. Creo que como cada persona toma sus caminos, él tomó el camino de la política a través del camino del empoderamiento político; a mí no me gusta el poder político, yo soy refractario completamente al poder político. Hace mucho, mucho tiempo que no lo veo, que no hablo con él. Siempre que nos vemos yo creo que nos vemos con mucho cariño, nos bromeamos. Pero en ningún momento es de “oye, Roberto, ¿por qué haces esto?”, de ningún lado para otro. Es una relación de amistad, de cordialidad, de respeto, en ningún momento he sentido para nada –y no tendría por qué serlo- que me llame la atención.

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