EL RECTOR II

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Para Roberto Castelán Rueda, con admiración

El licenciado, el jeque de jeques, se apoltrona y mece despacio en la sala de su casa, fresco en la semana más caliente de la historia de Jalisco, meditabundo en las alianzas tejidas como telaraña a lo ancho de partidos y candidatos, en sus apuestas para el 1 de julio, ilusionado cada vez menos con ser el próximo secretario de Cultura del país, pero con una mueca de compensación por haber jugado bien sus gallos en el estado.

Por eso ensimismado, la avalancha que entra por todas las rendijas de su casa fresca lo toma de sorpresa. Apenas le da tiempo de evitar que lo arrolle y le hace prender las luces rojas intermitentes, ésas que desde hace tiempo no ha usado porque no hubo algún peligro que las ameritara contra su imperio de 30 años en la universidad pública.

Más de sorpresa porque surge una hendidura tan inesperada como profunda, que lo hace quebrantarse en su trono. Él sabía que, si alguna vez su imperio comenzaba a resquebrajarse, vendría de dentro la acción, pero lo último que pensó él, tan empoderador de mujeres desde 1989, fue que viniera justo de las mujeres el sorpresivo gancho al hígado que tiene de rodillas al grupo político hegemónico dentro de la benemérita segunda casa -de estudio- del país.

Es imposible que luego de haber sorteado dimes y diretes que buscan socavar su magnificencia reconocida internacionalmente, de ser un benefactor de amigos y gobiernos, de ciudades y por supuesto de la universidad, la cosa se pusiera tan mal por un grupo de mujeres inconformes con el actuar de uno de los miembros menores del grupo, de un entenado del Atenguillo en el CUCSH, Horacio “N” le dicen ahora en la Fiscalía, muy conocido en la carrera de Antropología no tanto por ser coordinador como por sus constantes echadas, si ya me conocen para qué me ponen entre tanta tentación.

De no creerse que después de haber superado pruebas como la del rector rebelde llegado de La Barca (Q.E.P.D., eso sí), administraciones frívolas como las de este Trino tan Mirrey y, en parte, de este Tona que mejor se fue de candidato; pruebas como enfrentarse con éxito a gobiernos confesionales como los de Emilio el A(l)cólito, que escamoteaban el indispensable presupuesto o gobiernos ferozmente contrarios como el de Ramírez Acuña, ahora estas muchachitas que surgen como hongos de todos los campus y prepas, se digan lastimadas en su integridad femenina.

Por eso apenas da crédito cuando ve la transmisión a través de Facebook Live de la rueda de prensa de su rector suplente Navarro, cuando dice -oh my god– que el acoso y hostigamiento sexual “han ocurrido siempre” dentro de la universidad, cuando afirma que no hay protocolo interno para denunciar, investigar y castigar este tema porque “hace 15 años no teníamos la necesidad pues cuando yo fui alumno de la prepa, hace ya ‘muchitos’ años, nadie me acosó; sin embargo, cuando mi hija estuvo de alumna en la prepa 7 fue acosada, fue una generación posterior, y el profesor renunció”.

¡El colmo! El jeque se mece con el furor imperceptible de su languidez permanente.

¡No puede ser! Si comienza a darse dentro de la universidad un fenómeno de denuncia que no queda de otra le va a costar la salida a Horacio “N” -porque va a irse, cómo no-, el problema no tardará en escalar hacia nosotros habitantes del Olimpo, hacia la burguesía dorada como nos calificó en su única genialidad aquel borrachito que mal gobernó el estado.

La movilidad y empuje social que traen estas muchachitas denunciantes es el escollo más grande, tratar de contenerlas es dar ímpetu a su activismo como ya se ve muy claro. Habrá que dar un nuevo punto de zurcido a la telaraña de los 30 años, uno muy fuerte que evite un mayor empoderamiento no sólo de ellas, las inconformes, sino de quienes desde más cerca de la cúspide universitaria, por el sólo hecho de ser mujeres, sienten simpatía por ellas.

Rápido, el Licenciado, el factótum, apoltronado, comienza a barajar opciones, busca salidas sabedor que todos los cercos tienen al menos una, evalúa y juzga, a las pocas horas decide.

Pronto su orden bajará al grupo interno para de ahí, con la fuerza centrífuga de su dedo sutil, llegar a todos los rincones necesarios de la universidad, colarse como ley no escrita que pesará más que cualquier protocolo para casos de hostigamiento o acoso sexual y que con acciones inmediatas para sofocar el fuego, a mediano plazo mucho tendrá que ver con el género de quien será rector el próximo año.

PARTIDIARIO

Y ya con ésta: El tema del asesinato de Francisco Cárdenas García, un adulto mayor que laboraba en el Ayuntamiento de Guadalajara y era suegro de David Alfaro -hermano de Enrique Alfaro-, traerá mucha cola para pisar en los próximos días de la recta final en las campañas. Recordemos de entrada que Enrique Alfaro es alcalde con licencia de Guadalajara, que cuando tristemente mataron a don Francisco el candidato tuiteó: “Hoy la violencia alcanzó a mi familia…”, y que ese integrante de su familia como él lo calificó era jefe de inspección, adscrito al Rastro de Guadalajara, con un sueldo de 30 mil pesos mensuales según la nómina pública. Que Enrique Alfaro diga que don Francisco era de su familia no alcanza, por supuesto, para un caso de nepotismo, pero -otra vez la enfadosa ética- habría que ver desde cuándo este señor entró a laborar a la municipalidad para saber si llegó como favor “familiar”…

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