El Rector, de Castelán Rueda

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Alguien me pasó la hora y el lugar donde comería el Licenciado con un grupo de políticos. Es su lugar favorito, me dijo la fuente. Uno de los comensales quería salir en la foto a un lado del Líder mayor de la Universidad de Guadalajara, así que filtró la información.

Llegué al restaurante de López Cotilla con la cámara en mano, me acerqué a la mesa y tomé un par de fotografías. Como resorte, un hombre blanco, cacarizo, de bigotes, dejó su marcada sonrisa para abalanzarse hacia mí con toda la intención de golpearme a la vez que le decía “yo me encargo” al Licenciado. Como si le llamara a su perro guardián y tras tomarlo del brazo, el Líder le contestó: “Carlos, tranquilo”.

Así fue como conocí a Carlos Briseño, el ex Rector de la Universidad de Guadalajara que fue destituido por el Consejo General Universitario después de que intentó lograr su independencia de Raúl Padilla López, el encargado de llevarlo a la cumbre de la estructura universitaria.

“Así es Carlos. Es como el perro guardián de El Licenciado”, me dijo después el político que me pasó los datos de la comida…

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La anécdota viene a la memoria mientras leo El Rector, la novela que presenta en estos días Roberto Castelán Rueda, doctor en Historia por la Universidad de París, profesor investigador y colaborador en los medios de la Universidad de Guadalajara. Conocedor de los remolinos de pasiones que recorren las oficinas y pasillos de la Universidad de Guadalajara; de los alcances y limitaciones de sus principales actores; testigo de la subida y la caída del ex Rector, Castelán Rueda desglosa la tragedia de Carlos Briseño y su impericia política y la insensatez de sus principales colaboradores -de trajes blancos y rayas negras-.

Un libro que atrapa porque es la historia que todos conocemos, salvo muchos detalles que ahora se nos presentan en formato de novela, aunque parecieran estar más cómodos con un pequeño giro a la crónica: de cómo Carlos Briseño llegó a la FEG; cómo conquistó la confianza -esa palabra- de El Licenciado; cómo éste desoyó una y otra vez la discordia que le cantaban los envidiosos, los esperanzados en ser ellos los ungidos por el gran Líder; cómo asumió la Rectoría y anunció una nueva era; cómo “Se creyó superior al Líder. Se pensó capaz de acumular más poder del que le corresponde. Frustración. Depresión. Enojo. Caída”; cómo se acercó al monaguillo alcohólico de Emilio González, cómo ambos se dejaron padrotear por el Cardenal Juan Sandoval; cómo lo dejaron solo, y cómo al final, con toda su humanidad en una insondable crisis, llega estrepitosamente al desenlace ya por todos conocidos: el suicidio…

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Roberto Castelán.

Otro episodio me viene a la mente cuando leo El Rector: Yo estaba en la antesala al Paraninfo Enrique Díaz de León cuando pasó Carlos Briseño a intentar parar su destitución. Él y sus colaboradores de trajes blancos con rayas negras hablaron una y mil veces de pruebas, de bombas atómicas bajo el brazo que harían caer a El Licenciado y toda la bola de destalentados que lo lisonjeaban día y noche. ¿Pero qué puede ser tan fuerte como para bajar de su nube al Líder y a todos sus secuaces?, le pregunté al Rector ese día. Espera y verás, dijo con un brillo indescriptible en sus ojos. Muchos mirábamos al Rector camino al precipicio, pero coyunturalmente a nadie nos correspondía sacarlo a él y sus colaboradores de la soberbia que los cegaba. Las bombas nunca llegaron. Hubo sí denuncias importantes como el tráfico de órganos en el Hospital Civil, pero nada que rompiera el círculo incondicional en torno a la figura del Líder. Y entonces vino el error de Briseño: levantarse en medio de la sesión del Consejo y salir del Paraninfo mientras los destalentados aprovechaban para hacerse de la Rectoría recurriendo con argucias a la Ley Orgánica…

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El Rector es un libro ameno, fluido, excepcionalmente bien escrito y documentado. Si bien es una novela, es también una lección de política. “Por eso te digo, quítales todo, menos la esperanza, no los prives del sentimiento clave de todos los políticos: creerse dioses. A los académicos dales poquito poder y se van a sentir políticos (…) Tú promete, alienta, nada te cuesta”. Es una novela que recrea uno de los momentos más significativos de la vida universitaria y del reinado que tiene desde hace muchos años El Licenciado, Raúl Padilla. La presentación de El Rector será este jueves 24 a las 20:30 en La pasajera (Galeana 362, en el barrio de las Nueve Esquinas).

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Entrevisté a Carlos Briseño después de la destitución. Hablaba de lanzar un tequila, de emprender nuevos caminos, pero ya no había en sus ojos ese brillo intenso que antes evidenciaba su ambición. Aún así seguía valiente. Siempre fue un hombre atento, accesible, de buen trato. Sin duda fue más valiente y notorio que el Rector Chapulín que dejó su puesto por una diputación plurinominal. El único error que cometió Carlos Briseño no fue solamente querer tener más poder que El Licenciado, o dejarse llevar por la insensatez y la soberbia de sus principales asesores. No. Quizá su mayor error fue confundir astucia con inteligencia, como bien asienta El Rector de Roberto Castelán Rueda…

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